"Mirad qué poco se necesita para hacer feliz a un hombre: una taza al aire libre tomada con calma". Cuando en Italia se ensalza la importancia que tiene consumir un buen café en unas merecidas condiciones, se recuerda esta cita de Eduardo De Filippo extraída de un monólogo de una de sus más destacadas obras. El momento del café ha tenido siempre algo de ceremonia. Es una bebida sagrada para los sufíes, el chupito de 'espresso' no falta nunca como pausa de rigor en el país con forma de bota y las familias españolas han organizado alrededor de este brebaje ese instante del día que llamamos sobremesa y cuyo término no tiene traducción en otras lenguas.

Las máquinas de cápsula han traído a nuestros hogares un café distinto, listo para ser consumido en apenas unos segundos y con unas características más similares a las del bar. Como sucede con cada nueva tecnología, los contras también están presentes. Tomar una taza en casa sale hoy más caro que nunca y los residuos de plástico y aluminio que generan estas monodosis han llevado a proponer su prohibición desde ciertas iniciativas. John Sylvan, inventor de este sistema, asegura incluso sentirse arrepentido de haberlo creado en su día.

El agua no debe ser demasiado dura. El depósito ha de rellenarse hasta la parte inferior de la válvula de seguridad

Los motivos para recuperar nuestra vieja cafetera arrinconada están, pues, plenamente justificados. Se dice, de hecho, que cuanto más antigua sea la máquina y más veces se haya utilizado, el resultado saldrá mejor. Si tras tu reencuentro con este utensilio que hoy parece sacado de otro tiempo has olvidado la técnica, desde Alimente te contamos cómo conseguir que el café, preparado tal y como se ha hecho durante décadas, te acabe saliendo con un gusto y un aroma sin igual.

A fuego lento

Suave, medio, o fuerte en su intensidad, lo fundamental es elegir una mezcla bien elaborada (que se acabará traduciendo, inevitablemente, en un precio también mayor). España tiene, por desgracia, la mala reputación de vender cafés que no son de muy buena calidad, un hecho que se suele achacar a la antigua y pobre tradición del torrefacto. Si el café se compra en grano, el aroma se mantendrá mejor, pero hay que considerar que el molido que se consigue con un molinillo casero puede no ser tan preciso para una cafetera italiana, en su consistencia y grosor, como el que se logra con una trituradora industrial.

Foto: iStock.
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Una vez abierto el paquete, es fundamental que se vierta el contenido en un envase hermético, conservándolo en un lugar fresco, seco y apartado de la luz. Existe un gran debate sobre si el café se debería conservar en la despensa o en el frigorífico. Lo que sí resulta primordial es mantenerlo alejado de cualquier otro alimento o producto que emita intensos olores, ya que absorbe con facilidad esencias ajenas que alteran su aroma.

El agua es otro factor que va a determinar el éxito. Debe ser fresca (nunca previamente calentada para acelerar la preparación) y no demasiado dura. Por ello, fabricantes tradicionales como Bialetti aconsejan utilizar directamente la mineral o embotellada. A la hora de llenar el deposito, el líquido debe llegar hasta el nivel inferior de la válvula de seguridad, ya que si se sobrepasa se obtendrá un café demasiado largo y con poco cuerpo.

En cuanto borbotee hay que apagar el fuego. De otro modo, el sabor puede acabarse deteriorando

El filtro debe rellenarse generosamente, sin colmar los bordes, y sin ejercer tampoco presión sobre el polvo de café para que no se apelmace y el agua lo atraviese sin dificultad extrayendo toda su esencia. Basta por último cerrar con fuerza la cafetera y ponerla sobre el fuego a baja intensidad, sin que la llama envuelva jamás el depósito.

Directo a la taza

En cuanto se empiece a oír el borboteo característico, es imprescindible apagar el fuego o el café se acabará 'quemando' provocando que su sabor tienda a ser aún más amargo. Antes de servirlo, se aconseja abrir la tapa y remover el líquido con una cuchara. De este modo, el contenido se volverá más homogéneo y las primeras tazas serán iguales que las últimas (que suelen acabar, por el contrario, repletas de posos).

Foto: iStock.
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El café debe beberse apenas haya finalizado el proceso. Los mayores defensores destacan que la gracia está su aroma, por lo que se invita a los golosos a no pasarse a la hora de endulzar.