Afortunados quienes disponen de espacio en su casa para montarse bodeguita propia, ya sea en forma de botellero o, lo mejor, armario climatizador. Pero no, no es lo más habitual entre el común de los mortales, aunque sí es verdad que a los aficionados que siempre tienen a mano unas cuantas botellas les preocupa que estén guardadas en las mejores condiciones. Los elementos que debemos tener en cuenta: luz, temperatura, humedad y ruido. Los consejos son muy básicos, pero útiles, porque la botella estará perfecta cuando la abramos.

1. Temperatura

La ideal no es la 'temperatura ambiente', sobre todo cuando ese ambiente supera los 20 grados. Un error y un auténtico maltrato. Más allá de que pueda variar algún grado en función del vino del que se trate, lo ideal es mantenerlo en una temperatura estable que no baje de 8-12 grados (aunque blancos y rosados jóvenes, además de espumosos, están mejor entre 6-8), pero que tampoco supere los 15.

Una temperatura inadecuada enmascara las virtudes y resalta los defectos; el exceso de frío oculta sus aromas y sabores naturales, mientras al contrario se potencia el alcohol y la madera, si tiene crianza, y resulta imbebible. Dicho esto, siempre es mejor que un vino salga frío a la mesa porque, en pocos minutos, ganará en temperatura. Es más difícil de resolver cuando sale caliente. Lo recomendable es evitar cambios térmicos bruscos, lo peor para cualquier vino.

¿En la nevera? (iStock)
¿En la nevera? (iStock)

2. Lugar

El dónde es otro parámetro fundamental. Ideal sería un habitáculo de gruesas paredes, sin luz directa, con una humedad y temperatura constantes. Como alternativa, siempre un lugar oscuro, fresco, sin ruidos, donde no se produzca mucho movimiento doméstico, como por ejemplo un trastero o un patio interior (con ventilación), ni tampoco olores, humos ni fuentes de calor cercanas. Es decir, la cocina no es la mejor opción más allá de la nevera, y con algunas pegas. Por eso, mucha gente recurre al interior de un armario, donde se pueden reunir todos esos requisitos. E incluso debajo de la cama (aisladas, por ejemplo, en cajas de corcho blanco o envueltas en mantas), por ser una zona fría, húmeda y de temperatura constante durante todo el año. Las terrazas son enemigos absolutos del vino por los extremos cambios de temperatura que les afectan. Y tampoco en un salón, por el ruido, la luz, los olores y el calor.

Las terrazas son enemigas absolutas del vino por los extremos cambios de temperatura que pueden afectarles

Volviendo al frigorífico, el espacio destinado a las verduras es otra opción si se mantiene por encima de los 10 grados y siempre que el vino no esté junto a otros alimentos que le puedan transmitir olores. Luego, para un golpecito de frío cuando te vas a tomar el vino inmediatamente, el congelador es de efecto directo, aunque hay que tener en cuenta que con la misma rapidez que un vino coge frío, recupera el calor una vez fuera, con lo que ponerle una faja de hielo al colocarlo en la mesa es una buena alternativa para que mantenga los grados adecuados. Sobre todo cuando se trata de elaboraciones de largas crianzas, agradecen un ritmo lento, regular y sin sobresaltos.

3. Luz

Se debe evitar el influjo de la luz directa porque el vino se puede oxidar, sobre todo cuando el cristal de la botella es verde. Y luego, que haya una humedad en el ambiente de 70-80%, pero controlando también que no sea excesiva porque eso puede favorecer que en el corcho aparezcan hongos. En todo caso, esto es referido sobre todo a vinos que van a convivir largo tiempo con nosotros en casa.

En cuanto a la posición de las botellas, deben estar colocadas en horizontal para que el corcho se mantenga húmedo y no pierda flexibilidad. De nuevo, la apreciación de que si el consumo va a ser a corto plazo, el vino puede aguantar sin problema en vertical. Importante: en ningún caso las botellas tumbadas deben estar amontonadas, es la manera de evitar tener que mover el resto cuando busquemos una en concreto.

4. El día después

Una vez abierto el vino, si no se termina de una sentada, está muy bien disponer de alguno de los artilugios existentes en el mercado para sacar el aire que queda en la botella, y luego ponerle un tapón de cierre al vacío para evitar el contacto con el aire y, por ende, su oxidación. De este modo, los vinos pueden durar algunos días más… ¡sin pasarse, por supuesto! Imprescindible cuando se trata de espumosos, para que no pierdan el carbónico ni su frescura, pues lo de meter una cucharilla en la botella es una leyenda urbana que no sirve para nada.

Por último, a la hora de tomarlo, en copa siempre y mejor de cristal fino que grueso. Lo obvio, transparente, incolora e inodora, pues son varias las ocasiones en que una copa huele sin haber sido utilizada todavía… Pasarla por el agua del grifo, la más rápida y efectiva solución.