Los food trucks irrumpieron hace años en el sector de la restauración como un concepto totalmente novedoso y de gran potencial. En Estados Unidos se han consolidado hasta crear a su alrededor todo un imperio que mueve cada año millones de dólares. Una popularidad que el mercado español todavía atisba desde lejos, pero que mantiene el encanto y la curiosidad de sus predecesores norteamericanos. Entonces, ¿cuál es el problema? Para empezar, la legislación vigente prohíbe la venta gastronómica en itinerancia, a excepción de los típicos puestos de churros y castañas que tanto triunfan en invierno.

Aunque las licencias corren a cargo de los distintos ayuntamientos, de los cuales algunos ya empiezan a levantar las restricciones impuestas, todavía queda mucho camino por recorrer hasta la implantación definitiva de este tipo de restaurantes sobre ruedas. Por el momento, no nos queda otra que verles en las ferias, festivales de música o encuentros gastronómicos que se celebran por todo el país. ¿A qué food trucks merece la pena seguir la pista?

Food trucks españoles imprescindibles

Crepería School Bus.
Crepería School Bus.

Es cierto que este tipo de negocios van normalmente acompañados de una serie de inconvenientes nada atractivos desde el punto de vista del consumidor: comer de pie, colas interminables, precios algo más caros de lo habitual, raciones escasas… Sin embargo, existen caravanas por las que merece la pena sortear dichos obstáculos, locales con personalidad y sabor propio. Aprovecha la oportunidad si una vez te encuentras con ellos, no te arrepentirás.

  • Crepería School Bus. A simple vista, verás con asombro un imponente autobús escolar al más puro estilo americano. No obstante, en su interior guarda los crepes más deliciosos de la carretera. Su dueño, un catalán de 51 años y amante del nomadismo, vivió durante seis años en un autobús alemán, principal fuente de inspiración para el que ahora es su nuevo modo de vida.

  • Pepito Bravo. David y Laia, una pareja con amplia experiencia en el sector de la hostelería, combinaron su pasión por la gastronomía con su carácter creativo y aventurero. ¿El resultado? Pepito Bravo, un food truck especializado en bocadillos hechos a base de ternera 100% ecológica.

Rufina e Hijas.
Rufina e Hijas.

  • Rufina e Hijas. Y seguimos con los negocios familiares, esta vez con la furgoneta Citroën HY de estilo vintage de Rufina e Hijas. El término que define a la perfección su oferta gastronómica es ‘castizo’, trasladando a la caravana el ambiente de una típica bodega española. Las conservas, el vermú de Espinaler y las patatas Rubio son sus productos estrella.

  • Gela’t. Con la llegada del verano, los food trucks especializados en postres veraniegos son una apuesta segura. En este caso, se trata de helados elaborados con productos de temporada, nata y leche fresca. El responsable de esta delicia no es otro que Raül Miñarro, pastelero y especialista en heladería. Si alguna vez das con ellos, pregunta por el sabor de ricota con higos. Una delicatessen.

La Venganza de Malinche.
La Venganza de Malinche.

  • La Venganza de Malinche. Si eres un amante de la comida mexicana, esta furgoneta GMC de estilo militar que tanto se popularizó durante la Segunda Guerra Mundial no pasará desapercibida. Tacos, enchiladas y burritos en un tanque de combate que hace un sentido homenaje a su país de origen.

  • Deligotessen. Una mezcla de sabores procedentes de todas partes del mundo: India, Latinoamérica, Vietnam, Italia, Grecia… Todo ello aderezado con los mejores y más frescos productos de temporada y un precio asequible. Una cocina de autor servida a pie de calle y a bordo de un food truck Citroën HY IN2 totalmente restaurado y equipado.

¿Es un negocio rentable?

Además de las restricciones expuestas anteriormente, los food trucks itinerantes deben cumplir una serie de requisitos de regulación relacionados con la higiene y la seguridad alimentaria de sus productos. Uno de los aspectos más importantes es incluir agua potable, tanto fría como caliente, refrigeradores y neveras para no romper la cadena del frío, así como un sistema de eliminación de residuos adecuado. “Aunque básicamente el sistema de autocontrol es parecido al de cualquier cocina, las condiciones especiales de un food truck exigen también algunos requisitos especiales”, explica José Manuel Sánchez, técnico superior de Salud Ambiental con máster en Seguridad Alimentaria, en el portal Restauración Colectiva.

En la actualidad, la legislación vigente prohíbe la venta gastronómica en itinerancia

Entre estas condiciones destacan un plano del vehículo con instalación eléctrica, fichas técnicas y registro sanitario de los proveedores, carnet de manipulador de alimentos del personal, declaración de alérgenos, análisis de alimentos y superficies por evento, o medidor de polaridad de los aceites en caso de incluir freidora, entre otros. El responsable del food truck es el encargado de cumplir todas estas condiciones, además de recibir la visita de un inspector al menos una vez al año.

A esto se suman los costes vinculados a cualquier negocio de estas características. Para empezar, requiere una inversión mínima de 50.000 euros, según cálculos de Food Truck Systems. Una cifra que va en aumento a medida que la camioneta va ganando fuerza. Por ejemplo, la participación en un evento privado ya cuesta entre 400 y 800 euros, a los que habría que sumar “unos 1.000 euros de coste por dos trabajadores (7,5 euros la hora y Seguridad Social); 500 más IVA por cesión del espacio; 1.000 de materia prima y 300 de otros gastos”, tal y como exponen desde Haires Consulting. Sí es cierto que las ganancias existen, pero también que los propietarios necesitan mucho tiempo y dedicación para convertir su food truck en un negocio 100% rentable.