El picante es un sabor que no está hecho para todos los comensales. Solo los paladares más atrevidos y resistentes son capaces de soportar el intenso hormigueo que este tipo de condimentos provoca en la boca, llegando incluso a estropear la más agradable de las veladas. Actualmente, el título de la salsa más picante del mundo lo ostenta la famosa Blair’s 16 Million Reserve, una edición limitada de 1.000 unidades capaz de superar en la escala Scoville a la resiniferatoxina, un compuesto químico producido de forma natural por una planta similar al cactus encontrada en Marruecos. Su picazón es tan brutal que puede llegar a producir quemaduras químicas y otros graves daños para la salud. ¿Realmente son tan perjudiciales?

Ventajas e inconvenientes

El mundo del picante siempre ha estado salpicado por todo tipo de mitos y rumores que han conseguido ensuciar su imagen. En primer lugar, la comida picante no provoca hemorroides, sino que agrava la inflamación ya existente. Tampoco es la causa principal de la gastritis, pues numerosos estudios en la materia han demostrado que quienes consumen ingredientes con dicho potencial aportan una protección extra a su mucosa gástrica.

Por otro lado, las mujeres embarazadas ya pueden respirar tranquilas pues el picante no está detrás de las contracciones o los partos prematuros. “Comer picante, por tanto, no afecta directamente al bebé, aunque puede no hacer del embarazo un periodo saludable”, acentuando síntomas menores como los problemas de reflujo o la acidez estomacal, según explica Nuria Fernandez Barriga, graduada en Enfermería, en su trabajo para la Universidad de Valladolid.

La sustancia más picante del mundo, la resiniferatoxina, puede producir quemaduras químicas

Entre sus beneficios más destacados se encuentra la estimulación del metabolismo, que sumado al aumento del calor corporal favorece la quema de calorías. Además, está comprobado que ayuda a mejorar los niveles de colesterol en sangre y que reduce la demanda de insulina. Sin embargo, su principal atractivo radica en una sustancia química conocida como capsaicina, la responsable de ese picor que aparece cuando el alimento en cuestión entra en contacto con la mucosa bucal. Este compuesto es capaz de calmar el dolor neuropático, reduce la presión arterial y posee propiedades antisépticas y antiinflamatorias. Eso sí, a pesar de todas estas cualidades, el consumo de picante debe llevarse con moderación y de manera esporádica.

Cuáles introducir en tu dieta

  • Salsa de chile dulce. Muy popular en la cocina asiática, especialmente en Tailandia, gracias a ese toque dulzón tan característico que reduce el impacto del picante en las papilas gustativas. Está elaborada con chile, azúcar, vinagre y ajo, una combinación que recuerda a la salsa agridulce, aunque con menos acidez. Es ideal para aderezar la carne, el pescado y el marisco, además de los platos típicos de dicha gastronomía como los rollitos de primavera o los distintos tipos de frituras. También se utiliza mucho para dar un sabor diferente a los sándwiches y hamburguesas más informales.

  • Salsa borracha. Este pilar de la gastronomía mexicana está hecho a base de chiles serranos, jitomates, cebolla, ajo y cilantro, y algunas recetas incluso le añaden cerveza clara. Este último ingrediente suele aportar un toque fresco y diferente a la salsa tradicional, que casa a la perfección con un corte de carne de res o cualquier ejemplar que pueda hacerse a la parrilla. El sabor de humo de leña y carbón, unido al picante de la salsa, te transportará a la tierra de los tacos y las enchiladas.

  • Salsa chipotle. El chipotle es un tipo de chile que se caracteriza por un sabor muy particular: ahumado. Esta variedad es un poco más suave que el resto y se utiliza para aderezar los platos de verduras, la carne de pollo y cerdo, o unos sabrosos camarones. Además de los ingredientes convencionales de cualquier salsa picante, esta variedad incluye una cucharadita de canela y zumo de limón, que le otorgan ese matiz tan especial.

  • Salsa harissa. El condimento estrella de Túnez, presente en la mayoría de platos que conforman su recetario nacional. Cuscús, sopas, guisos, bocadillos e incluso pizzas… No hay receta que consiga eludir la presencia de esta salsa picante elaborada con aceite de oliva, ajo y especias como el cilantro, la alcaravea o el comino. Eso sí, mucho cuidado, es una de las opciones más picantes de la lista.

  • Salsa sriracha. Originaria de Tailandia y muy popular al otro lado del charco, principalmente entre los comensales estadounidenses, quienes la utilizan para dar sabor a las alitas de pollo, las patatas fritas, las hamburguesas o incluso las palomitas de maíz. Sin embargo, esta salsa nació para acompañar al pescado y el marisco, debido a su origen portuario.

  • Sambal oelek. Otra de las alternativas más picantes y arriesgadas, ya que su elaboración tradicional cuenta únicamente con los chiles habituales y un poco de agua y sal. De hecho, se utiliza el chile en su totalidad, incluidas las semillas. Desde la tienda Mercado Flotante recomiendan esta salsa en “guisos, curris, sopas, salteados, fideos y platos de arroz”. Además, es ideal para barbacoas, solo tienes que añadir “una cucharadita al adobo del pollo u otras carnes”.