El mundo del maridaje es amplio y muy variado, dejando a disposición del comensal un sinfín de combinaciones que potencian lo mejor de nuestra gastronomía. Una de estas parejas de éxito son la fruta y el queso, dos alimentos de intenso sabor y con unos beneficios nutricionales que les convierten en una alternativa a tener en cuenta para futuros piscolabis. Por un lado, la fruta aporta al organismo la cantidad necesaria de vitamina A y C y carotenos, sustancias que las grasas del queso ayudan a absorber con mayor facilidad. Además, el queso incluye en su composición uno de los minerales más importantes para el cuerpo humano: el calcio.

Y no solo eso, también son un gran aliado para aquellas personas que quieran cuidar su línea, pues se trata de un aperitivo con muy pocas calorías y el poder suficiente para calmar la ansiedad y el apetito que motivan esos atracones tan perjudiciales para la salud. Sin embargo, para preparar una exquisita tabla de quesos y frutas es fundamental tener en cuenta las distintas variedades que habitan en el mercado, para así vivir una experiencia mucho más satisfactoria. ¿Cuál es la elección correcta?

La tabla de quesos perfecta

“A la hora de preparar una tabla, lo primero que debemos decidir es el número de quesos que la compondrán. No existe un número idóneo, aunque para que haya variedad, se recomienda al menos elegir cinco tipos de queso. Entre cinco y ocho quesos sería un número perfecto”, recomiendan desde el magazine culinario 'Entre Nosotros'. Una selección donde los gustos del comensal son prioritarios y que después conducirá al repertorio de frutas correspondiente.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

El siguiente paso es seleccionar un criterio que justifique la presentación como, por ejemplo, el tiempo de maduración del queso o la zona geográfica de procedencia. “Es una forma de dotar a la tabla de cierto sentido, pero no es imprescindible. Podemos seguir simplemente nuestros gustos. Lo único que hay que tener en cuenta a la hora de montar la tabla es que los quesos que elijamos se complementen entre sí”, añaden. Una vez finalizada la elección hay que ordenar las piezas, de las más suaves y blandas a las más duras e intensas.

Las grasas del queso ayudan a absorber con mayor facilidad las vitaminas y minerales de la fruta

Sin embargo, el acompañamiento siempre es el elemento que deja mejor sabor de boca al final de la velada. Además del pan, el membrillo y los frutos secos, el vino es el compañero de batalla perfecto desde tiempos inmemoriales. Aunque, en la actualidad, las cervezas artesanales comienzan a ganar terreno. Un puesto por el que la fruta también compite y en el que parece manifestarse como clara vencedora.

Combinaciones triunfadoras

“Desde el punto de vista organoléptico, existe una razón fundamental para este tipo de conexión: el gusto sabroso de un gran número de quesos franceses necesita la fruta, que contiene mucha agua, para que le aporte equilibrio”, explica la Quesoteca en su página web. Una justificación que ha encontrado en la unión de sabores cítricos, dulces y lácteos a su mejor aliado. ¿Qué combinaciones debemos seguir para triunfar en la mesa?

  • Quesos azules. El roquefort, el montbrison o el fourme d’Ambert casan a la perfección con las frutas más otoñales ya que neutralizan el sabor fuerte del queso y le otorgan un toque azucarado adicional. La mejor opción son los higos, las manzanas dulces, los dátiles, los damascos, las uvas y, sobre todo, la pera pues su frescor contrasta con la intensidad y la fortaleza del queso azul. Otras combinaciones igual de satisfactorias son el membrillo, las ciruelas pasas o el plátano seco.

  • Queso fresco. Las frutas silvestres como la fresa, la frambuesa, la grosella o la mora se complementan a la perfección con este tipo de queso mucho más suave y ligero que el resto.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

  • Quesos con corteza enmohecida. Esta familia está formada por el camembert, el brie o el coulommiers, un tipo de queso muy cremoso que también invita al dulzor de los higos, la manzana y la pera, y que abre la puerta a otras frutas como el melocotón, la ciruela fresca o el albaricoque.

  • Quesos con pasta prensada y fondo dulce. “Frutas frescas como la manzana dulce, caso de la golden, o la ácida, como la reineta, son muy buenos acompañantes de quesos de pasta prensada como el zamorano. Además, refrescan el paladar y sirven para tomas entre quesos”, asegura la empresa del sector lácteo Quesería La Antigua de Fuentesaúco. A este grupo pertenecen el queso idiazábal o el manchego, y una de las frutas líder de dicho maridaje: la pera.

  • Quesos de pasta prensada cocida. Hablamos del comté, el emmental o el beaufort, pensados para brillar en todo su esplendor con una exquisita mermelada de naranja, una confitura de piña, uvas blancas o manzana.

  • Queso de cabra y oveja. Las frutas de verano como el melón, la sandía, los melocotones o las nectarinas están deliciosas al entrar en contacto con el sabor lácteo de esta variedad de quesos. "No hay que dudar, tampoco, a la hora de combinarlos con piel de naranja confitada o chutney de mango”, añaden desde la Quesoteca. Una recomendación a la que se unen de nuevo las peras, los higos y las uvas frescas.