Los productos con denominación de origen se han convertido en el mejor referente de una gastronomía rica en ingredientes naturales, saludable y, sobre todo, muy variada. Existen más de 250 marcas alimentarias amparadas por este sello de calidad diferenciada, cuyos ingredientes “están regulados por la normativa de la Unión Europea, que garantiza el cumplimiento de unos requisitos de calidad adicionales a los exigidos para el resto de productos convencionales”, explican desde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Más concretamente, la denominación de origen protegida (DOP) ampara a aquellos productos “cuya calidad o características se deben al medio geográfico con sus factores naturales y humanos, y cuya producción, transformación y elaboración se realizan siempre en esa zona geográfica delimitada de la que toman el nombre”, añaden. Bajo esta premisa, España es una región rica en este tipo de distinciones, dejando para la posteridad un legado culinario difícil de igualar por el resto de países del mundo. ¿Qué alimentos forman parte de este exclusivo grupo?

Aceite de oliva

España es el mayor productor mundial de aceite de oliva virgen, un volumen cuya calidad queda reflejada en casi una treintena de denominaciones de origen repartidas entre nueve comunidades autónomas. Andalucía y Cataluña se disputan el liderazgo con variedades tan exquisitas como el aceite de oliva DO Les Garrigues, Priego de Córdoba, Sierra de Segura o Siurana. Todas ellas con un aroma afrutado, tonos ligeramente verdosos y un sabor que deja en evidencia su madurez. Estas cualidades también las comparten los aceites procedentes de Extremadura, Castilla-La Mancha o la Comunidad Valenciana.

Aceite de oliva.
Aceite de oliva.

Arroz y legumbres

La paella es uno de los platos más populares tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. No es de extrañar que el arroz de Valencia sea una de las pocas variedades con denominación de origen en España. Un cultivo que está documentado desde principios del siglo XIII y que domina el territorio nacional en compañía de otras dos comunidades con título oficial: Calasparra, en Murcia, y el Delta del Ebro, en Tarragona.

En el caso de las legumbres, destacan únicamente las judías Mongeta del Ganxet, una variedad autóctona que no permite para su conservación ningún tipo de aditivo ni conservante y cuyo cultivo ha quedado restringido a determinadas zonas del Vallès y el Maresme, en Cataluña. Sin embargo, la lista se amplía si introducimos todas aquellas legumbres que disfrutan de otro certificado bien distinto, pero igual de prestigioso: la indicación geográfica protegida (IGP). Es aquí cuando entran en acción la faba asturiana, la alubia de la Bañeza-León, el garbanzo de Fuentesaúco o la lenteja de La Armuña, entre otras.

Carnes y embutidos

¿Quién no ha oído hablar de la carne de Ávila, el ternasco de Aragón o el lechazo de Castilla-León? Estas piezas, propias de la Península Ibérica, son famosas por su jugosidad e increíble sabor, gracias en parte a la orografía y la gran variedad de pastos y cultivos en los que el animal se cría. También forman parte de este grupo la carne de morucha de Salamanca, la ternera gallega, el cordero manchego y el pollo y capón del Prat. Sin embargo, al igual que ocurre con las legumbres, todas ellas lucen con orgullo la indicación geográfica protegida.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Un título que la carne comparte con los embutidos más exquisitos del panorama nacional: el botillo de Bierzo, la cecina de León, el chorizo riojano, el chosco de Tineo, el lacón gallego, el salchichón de Vic o la sobrasada de Mallorca, entre otros.

Frutas, hortalizas y verduras

La fruta, uno de los alimentos más naturales y saludables de nuestra gastronomía también luce con orgullo la denominación de origen protegida, que se concentra sobre todo en las zonas de Andalucía, Murcia y Valencia. Destacan la avellana de Reus, la granada mollar de Elche, el melocotón de Calanda, la pera de Jumilla, la pasa de Málaga o el kaki ribera del Xúquer. Mientras que algunas de las variedades más populares como el plátano de Canarias, la castaña de Galicia o los cítricos valencianos poseen la indicación geográfica protegida. Por su parte, verduras y hortalizas mundialmente reconocidas como la chufa de Valencia, el pimiento de piquillo de Lodosa o las papas antiguas de Canarias también poseen también la DOP.

Jamón y queso

La pareja perfecta para un aperitivo improvisado a media mañana. Sobre todo si escogemos una de las cinco DOP reconocidas de la raza ibérica: Jabugo, Dehesa de Extremadura, jamón de Teruel, Los Pedroches y Guijuelo, siendo esta última la más antigua y conocida de todas, gracias a una producción de jamón que se remonta hasta el siglo XVI y se extiende por más de 70 términos municipales. Escoge la variedad que más te guste y combínala con una pieza de queso Idiazábal, un manchego, una torta del Casar, un queso de Murcia al vino, un cabrales o un queso roncal, que entre otros poseen también el título.

Productos pesqueros

A pesar de la tradición pesquera que existe en nuestro país, un sector que genera nada menos que el 20% de la producción total en Europa, solo un ejemplar disfruta de este distintivo: el mejillón de Galicia, más concretamente procedente del espacio marítimo interior de las Rías Gallegas de la provincias de A Coruña y Pontevedra. Su principal valor reside en el sistema de cultivo que utilizan los pescadores, basado en un recipiente grande de madera conocido como batea o los viveros flotantes.

Foto: iStock.
Foto: iStock.


Vino y sidra

Finalizamos este recorrido con dos de las bebidas con mayor prestigio internacional. Por un lado tenemos la sidra de Asturias, cuyas variedades de manzana son clasificadas en función de la acidez y la concentración de compuestos fenólicos que determinan su sabor. La zona geográfica delimitada comprende la totalidad del territorio del Principado de Asturias.

Una demarcación que se extiende, en el caso del vino, hasta 70 denominaciones de origen distintas. Rioja y Ribera del Duero son, sin duda, las más conocidas. Mientras que Cataluña es la comunidad autónoma que más DOP aporta, con un total de doce entre las que destacan la de Alella, Cava, Conca de Barberà, Montsant, Priorat o Terra Alta. Un primer puesto escoltado por los vinos de Canarias, con diez denominaciones; Castilla-La Mancha y Castilla León, con nueve cada una. Sin embargo, las más antiguas datan de 1933 –Jerez, Manzanilla, Montilla-Moriles o Rioja, entre otras–, aunque ninguna de ellas fue reconocida hasta décadas más tarde. Esta demora no ha hecho sino encumbrar su leyenda.