Aunque su origen es incierto, la idea de 'cocinar' el vino y endulzarlo a los romanos no les sonaba nada raro, así que no sería de extrañar que la sangría encuentre sus raíces unos 200 años antes de Cristo. El vino se viste de verano, de frutas y hielos, y se convierte en esta ancestral pócima servida a diestro y siniestro cuando el termómetro aprieta. Si hay algo 'tipical spanish', es la sangría. De hecho, la Unión Europea ha nombrado propietarios de esta receta a España y a su vecina, Portugal. La sangría es nuestra, y si alguien quiere atreverse a elaborarla fuera del territorio ibérico, ha de aclarar que se trata de una “bebida aromatizada del vino” y especificar su país de procedencia.

Que nadie venga con su receta magistral, que la ley ya ha puesto los puntos sobre las íes en esta patriótica bebida y dice, bien claro, que la sangría está compuesta de vino tinto y agua natural o carbonatada, con zumos, extractos o esencial naturales de frutos cítricos y con adición, o no, de azúcares, y que su graduación debe estar comprendida entre los 7 y los 12 grados.

Los aliños van al gusto. Lo complicado es hacer algo bueno con el vino más barato del supermercado

Y cuando le añades esa potente chispitina de alcohol extra, un chorro de aguardiente, licor u otra bebida derivada de alcoholes naturales, tu sangría se convierte en sangría-zurra. Lo que aumenta el margen, por arriba, en dos graditos más, hasta los 14. Con vino blanco se llama clarea, y con blanco y un toque de alcohol: clarea-zurra.

Cantidad y calidad

Hay quien dice que los marineros ingleses tienen que ver mucho con este invento de vino dulce. Cierto o no, ingleses, alemanes u holandeses, lo que cada verano queda claro es que a los guiris les chifla la sangría, y son pocos los que no se dejan llevar por su endulzado frescor, algo que ha hecho que a veces su calidad caiga en picado olvidada tras una insaciable sed extranjera. El alcohol dulce y fresco entra como el agua, o mejor, y el calor nacional permite ofrecer por doquier en los chiringuitos y bares de playa sangría de grifo con cantidades ingentes de azúcar y sabores desconocidos.

Foto: iStock.
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Y aunque las recetas de sangría son infinitas, un melocotón más, un toque de canela, algo de Cointreau (obviemos momentáneamente lo de zurra), una cucharadita de miel o un extra de azúcar, no debemos dejarnos llevar por su versatilidad y sacrificar su calidad. Los aliños van al gusto, pero es imprescindible saber que es bien complicado hacer algo potable con el vino más barato del supermercado, a no ser que quieras echar azúcar al nivel de diabéticos anónimos.

La receta básica

  • Una botella de vino.
  • Una lata de gaseosa o si lo prefieres, refresco gaseoso de limón.
  • Medio vaso de licor (brandy, licor de frutas..., y si vas a muerte, puedes echar tequila o whiskey).
  • Trozos de fruta. Preferiblemente que no sea el limón que vive de siempre en tu nevera o un melocotón con sabor a leña. Los clásicos son la naranja, el limón, el melocotón y la manzana.
  • Azúcar al gusto, dos cucharadas soperas es una medida estándar, aunque puedes optar por no ponerla si aún no has acabado con la operación bikini.

Truquillos

  • Hazla con tiempo, deja macerar la fruta con el azúcar y la canela, o incluso con el vino para que coja sabor. Eso sí, dependiendo de la fruta y del tiempo que la dejes quizás te compense luego retirar esa fruta, que se habrá quedado con aspecto de papilla borracha, y cuando ya vayas a servirla, echar una nueva, recién cortadita, mucho más apetitosa. Puede que incluso te haga falta colar el vino.
  • Más que refrescante: enfría la mezcla horas antes y en el momento de servir añade la bebida con gas (si es que le pones) y el hielo.
  • Si la vas a dejar mucho tiempo servida, puedes hacer el hielo con la gaseosa o con el zumo para que luego no se agüe.
  • Personaliza tu sangría y añade o sustituye las frutas clásicas por kiwi, plátano, cerezas, moras, rodajas de piña en almíbar o fresas. Olvida el melón y la sandía, por muy veraniegos que te resulten.

Foto: iStock.
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También puedes sustituir el azúcar por miel, o probar sabores más arriesgados como el clavo, la hierbabuena, la nuez moscada o un toque de extracto de vainilla.

  • ¿La quieres sin alcohol? Sustituye el vino por mosto de uva negra.
  • Para los más 'healthies', los que no quieran meter refrescos en su bebida, nada mejor que añadir un zumo de limón o de naranja, ¡o los dos!
  • ¿Eres chic y/o no soportas los tropezones? Haz un almíbar con el azúcar, elabora la sangría y enfríala mucho, retira la fruta y sírvela en una botella, sin tropezones ni hielos, y lo mejor: sin cuchara de madera.

En resumen: cinco ingredientes básicos, un poco de sentido común y originalidad al gusto.

Roja y en botella

Para los que estén de vacaciones totales y no quieran, ni puedan, acordarse de dónde dejaron la tabla de cortar, han de decantarse por comprarla ya hecha. Pero antes de agarrar la de marca blanca por los pasillos del súper te traemos algunas marcas muy bien valoradas para que te suenen al hacer la compra, apunta:

Lolea nº 1 presume de ser artesana y natural, y no conocer aditivo alguno. Año tras año, esta botella adornada de lunares, un look muy bien pensado para el consumidor extranjero, se está convirtiendo en la botella más popular de su estante, aunque hay otras que tratan de hacerle sombra como la de Luis The Marinero, que en su versión Red Sangría ha optado por los toques a bayas rojas. Los de Santabela se denominan 'sangría de autor' y es la marca mejor valorada en la web de Drinqers, que aseguran que el olor a fruta se advierte desde que se destapa la botella. El segundo lugar de estos catadores es para Salma, que recomiendan por su naturalidad y su toque frizzante. Otra marca que está cogiendo muchos adeptos es Queca, y si te van las altas graduaciones y los bajos precios, lánzate a por El Prior. Sea como fuere, en jarra o en botella, con kiwi o pomelo, tómatela fresca y brinda por este caldo alegre y castizo.