Casa Elena: una sorpresa gastro a pocos kilómetros de la capital
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Un oasis en plena estepa

Casa Elena: una sorpresa gastro a pocos kilómetros de la capital

Un proyecto que une la tradición con lo atrevido y actual. Así es Casa Elena, un restaurante muy especial y perfecto para comer con los cinco sentidos

Foto: El interior del restaurante.
El interior del restaurante.

Cabañas de la Sagra es un pequeño pueblo toledano, sin mucho atractivo, a escasos 60 km de Madrid. ¿Qué razones puede haber para que en un lugar como ese pueda estar teniendo éxito un restaurante, si no de vanguardia, sí de cocina muy elaborada? La única manera de averiguarlo es yendo a Casa Elena. Y eso es, precisamente, lo que hemos hecho.

Para empezar, Casa Elena tiene lo que se llama 'storytelling', que no es otra cosa que un interesante y sugerente relato que contar, y que, unido a lo que comamos, nos hará vivir más intensamente la experiencia gastronómica.

Un menú corto puede constar de cinco aperitivos, un entrante, dos segundos platos y un postre por solo 45 euros

Casa Elena es, antes de nada, un proyecto valiente y con alma; valiente porque ha visto la luz en un modesto pueblecito castellano y en plena crisis económica, y con alma, porque detrás de esta iniciativa hostelera hay una entrañable historia familiar.

Concepto y tradición

Cesar Martín, después de haber cursado estudios en la Hague University de Holanda, decidió montar Casa Elena en junio de 2014, sobre la base de su proyecto final de carrera y ocupando la que fuera antigua casa familiar de sus abuelos. El comedor principal de Casa Elena se sitúa en lo que, en otro tiempo, fueron los establos o caballerizas, mientras que el bar y otro pequeño comedor se hallan en la antigua cocina de la casa, que, entre otras cosas, conserva una tradicional cocina de carbón, además de las baldosas originales que, en su día, pavimentaron el piso de la casona. La decoración del establecimiento y buena parte del apoyo que recibe Cesar es obra de su madre Ana, personaje fundamental en el nuevo tiempo de la vieja casona, y que durante años también regentó en ella una modesta casa de comidas.

Casa Elena es también un proyecto tradicional y local, al tiempo que moderno e internacional. Tanto Cesar, que se encarga de manera perfecta de atender el comedor, haciendo las veces de sumiller y jefe de sala, como el chef Albert Avilés, formado espléndidamente en Coque, han decidido que su propuesta sea ejemplarmente respetuosa y comprometida con los productores locales y las explotaciones sostenibles, así como con los productos ecológicos y de temporada. Casa Elena, por otra parte, resulta atrevida y actual, tanto por sus audaces y trabajadas propuestas culinarias, como por alinearse con alguna de las tendencias internacionales, de última hora, que defienden la natural y tranquila práctica gastronómica.

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Casa Elena

En este sentido, Casa Elena es, por indiscutible mérito propio, el primer establecimiento del centro peninsular en haber sido distinguido con el sello Slow Food; además de haber conseguido en 2018 ser reconocido como restaurante Bib Gourmant. Casa Elena demuestra asimismo su identidad inquieta e innovadora organizando en fin de semana lo que denominan cenas sensoriales, en el curso de las cuales los comensales comen a oscuras, debiendo adivinar con el resto de los sentidos lo que se llevan a la boca, sean sólidos o líquidos. Casa Elena es, por último, un restaurante solidario, porque destina el 5% de su recaudación a Acción Contra el Hambre.

Un menú para comer bien

Pero vayamos ya con la experiencia en el restaurante. Las cerca de 60 personas que, por turno, pueden disfrutar de las propuestas de Casa Elena podrán hacerlo en sus amplias y bien vestidas mesas, y en algunos de sus diferentes y muy agradables comedores repartidos por las antiguas dependencias de la vieja casona. Aunque en la casa de la familia Martín existe la posibilidad de comer a la carta, nosotros, en esta ocasión, nos inclinamos por probar el menú corto de primavera, que constaba de cinco aperitivos, un entrante, dos segundos platos y un postre.

Aperitivos. Falso tuétano con crema de aceitunas con vino y salsa de queso ahumado. Bombón de guiso de gamo. Croqueta melosa al estilo Casa Elena. Mollejas de lechal sobre crema de coliflor, lombarda encurtida y spaguetti de mar. Dado de papada ibérica confitada, bearmesa de piparras y láminas de verduras de temporada escabechadas.

Entrante. Arroz meloso de pollo de corral en pepitoria, láminas de pato azul y crema de fermentados.

Segundos. Merluza de pincho de Burela sobre guiso de cangrejo, tempura de trigueros y ajetes. Cochinillo a baja temperatura, espinacas salteadas con piñones y crema de garbanzos de Cabañas.

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Casa Elena

Postre. Crema de chocolate y café, crumble de almendras y helado de mascarpone.

Todo esto, además, a un precio más que razonable de 45€.

Nuestra comida la acompañamos con dos excelentes vinos blancos producidos en un radio no superior a 100 km del restaurante. Uno fue un peculiar blanco de uva gewurztraminer de bodegas Río Negro: seco, fresco, sedoso e intenso. El otro blanco que pudimos saborear fue un excelente Blas Muñoz Chardonnay, un vino blanco con seis meses de barrica: untuoso, sabroso y persistente.

En los restaurantes importa, sobre todo, la experiencia gastronómica; aunque para que esta resulte verdaderamente excepcional, todo lo que rodea a los platos debe estar igualmente a gran altura. Y eso es lo que sucede en Casa Elena, porque cocina, bodega, historia, ambiente, confort, servicio, precio.. se integran de manera plenamente satisfactoria y armoniosa.

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