Llegan las tardes de calor tan típicas de verano y apetece tomarse una bebida refrescante con fruta, por ejemplo. Acudes a una cafetería, pides la carta y puedes encontrarte que hay smoothies, batidos, zumos y licuados. Y entonces surge la duda: todos pueden sonar apetecibles, pero ¿son lo mismo? ¿En qué se diferencian? La terminología indica que se trata de elaboraciones diferentes. En Alimente explicamos los diversos matices para no tener más problema con ellos y saber en todo momento lo que vas a pedir o vas a prepararte en casa.

Batido

Es la más famosa en nuestra geografía. Todo el mundo se ha tomado o preparado algún batido. Una bebida que se toma en cualquier época del año y en prácticamente cualquier momento. Por supuesto, es uno de los reyes de los desayunos y las meriendas de verano por lo refrescante que puede llegar a ser. El batido es, como su nombre indica, una mezcla. Pero no una mezcla cualquiera, sino una en la que se utiliza leche o helado que se bate (no a mano, sino a máquina) con otros elementos como pueden ser chocolate, turrón, galletas, frutas... Prácticamente lo acepta todo.

El smoothie se diferencia del batido en que se les suele añadir un elemento congelado que les cambia la textura

El rasgo que hace destacar al batido es que se emplean elementos sólidos que, en unión con la leche o el helado, acaban dando como resultando una bebida con una textura más espesa que si se utilizase solo la fruta, por ejemplo. Un clásico que prácticamente todo el mundo conoce.

Smoothie

Batido parece, smoothie es. Las similitudes entre ambos son muchas: los dos son, en esencia, la mezcla de elemento sólidos como frutas con líquidos como leche, por ejemplo. No obstante, hay ciertas diferencias. Esta bebida de nombre anglosajón suele ser siempre una mezcla de zumos o frutas frescas a los que se les suele añadir un elemento congelado que es el que les cambia la textura y los hace más refrescantes. En estos casos, puede ser helado, yogur congelado o hielo incluso.

Un smoothie.
Un smoothie.

El agua también se puede utilizar como base líquida sobre la que añadir frutas y lácteos, e incluso es factible emplear sorbetes. Así, se pueden encontrar smoothies que tienen colores muy llamativos (rojos intensos, verdes o amarillos por ejemplo) si se hace uso de estos últimos. Además, suele haber trozos pequeños de frutas y, en general, la textura de esta bebida tiende a ser espesa y cremosa. Si a un batido se le añaden cubitos de hielo, este acaba aguándose. En cambio, en el smoothie, el hielo ya parte de la base de la elaboración, por lo que se tiene en mente desde un principio en la preparación y consecución del sabor deseado.

Zumo

De todas las elaboraciones refrescantes aquí presentadas, el zumo es posiblemente la que mejor se conoce. Esta consiste en extraer el líquido que poseen las frutas y las verduras en su interior; el agua interna que poseen todos sus jugos y azúcares y que concentran su sabor. Para ello se emplean exprimidores, manuales o mecánicos, que aplican una presión sobre estos alimentos. Una vez se han exprimido, el líquido resultante será, en esencia, el zumo. Este puede poseer los restos de la pulpa de la fruta empleada, claro está. Suele ocurrir con las naranjas, con las que es posible notar ciertos trozos en la bebida que le otorgan un mayor aporte nutricional. A esta bebida no se le añade ni leche ni agua, pues adulteraría el sabor y lo convertiría en una de las anteriores. En todo caso se pueden mezclar los zumos de diferentes frutas para así crear nuevas combinaciones de sabores. Un clásico fácil y sencillo que no hay que confundir con los néctares que nos venden en los supermercados.

Un zumo.
Un zumo.

Licuado

Si al zumo anterior se le extrae cualquier resto de pulpa, el resultado obtenido será un licuado. Para ello se puede utilizar un colador que deje pasar solo el jugo y mantenga fuera la pulpa y cualquier otro resto resultante del exprimir la fruta. No obstante, es la licuadora el aparato que garantiza que se extraiga el líquido de frutas y verduras impidiendo que quede rastro alguno de la pulpa en la bebida. Los licuados tienen una textura más fina que los zumos. Llega a ser una bebida que se caracteriza por ser ligeramente más espesa que el agua y en la que, a diferencia de los batidos o los smoothies, por ejemplo, predominan los elementos líquidos. En estos últimos, en cambio, son los compuestos sólidos los que tienen el protagonismo pues requieren de al menos un ingrediente que dote de un sabor específico y diferenciador al agua, a la leche, al yogur o a la que sea la base líquida empleada.

Como se puede ver, estas cuatro bebidas son diferentes en cuanto a texturas, ingredientes utilizados, procesos realizados y sabores obtenidos. Lo que sí tienen en común es que pueden ser el alivio perfecto para los días de calor.