A muchos les vendrá a la cabeza el afinado físico de Kirk Douglas en 'Espartaco', a otros la más voluminosa silueta de Russell Crowe en 'Gladiator'. Se trata de dos claros ejemplos de cómo el cine ha proyectado en la figura de los gladiadores el modelo del cuerpo masculino perfecto, según el canon occidental de cada época.

A pesar de que existían hombres libres entre los combatientes, lo cierto es que la mayoría de estos luchadores eran criminales condenados, esclavos o prisioneros de guerra. Considerando su penoso estatus, el lector podría pensar que su naturaleza debería ser justo la contraria, propia de presos enclenques y desnutridos cuyo único fin era servir de pasto para las fieras del Coliseo.

La cebada y las habas eran alimentos destacados. Los niveles de calcio se cuidaban también de forma especial

Ambas hipótesis se encuentran muy alejadas de la realidad. Gracias a una investigación llevada a cabo hace unos años por un grupo de antropólogos médicos de la Universidad de Viena, disponemos de datos fehacientes que aclaran qué dieta llevaban realmente estos luchadores e incluso cuál era su verdadero estado de forma.

Un régimen muy específico

El trabajo, publicado en la revista 'Plos One', parte de una serie de restos humanos descubiertos en una fosa común situada en lo que hoy en día es la ciudad turca de Éfeso.

En concreto, se hallaron los huesos de 22 gladiadores y una esclava (esta última, probablemente esposa de uno de ellos). Los relieves esculpidos sobre la tumba, en los que se representaban escenas de batalla dedicadas a gladiadores caídos, permitieron identificar la ocupación de los sujetos. Aunque ninguno de los cuerpos estaba íntegro, a través de las muestras óseas de piernas, brazos y dientes, los expertos pudieron establecer interesantes conclusiones sobre su nutrición.

Famosa escena de 'Gladiator'. ¿Era esto lo que comía el protagonista?
Famosa escena de 'Gladiator'. ¿Era esto lo que comía el protagonista?

Utilizando una técnica conocida como análisis isotópico (empleada con anterioridad en la reconstrucción de otros regímenes, como la paleodieta), se pudieron reconstruir aspectos parciales, pero muy determinantes. De este modo, mientras la ingesta de proteínas animales resutó ser muy limitada, su dieta era, por el contrario, muy rica en carbohidratos procedentes de legumbres y cereales.

Estos resultados consiguieron corroborar los datos que el historiador Plinio el Viejo ya apuntó en su 'Historia natural'. En este volumen, el régimen de los gladiadores recibía el específico nombre de 'gladiatoiam saginam' y se sabía que las comidas fundamentales tenían como alimentos destacados la cebada y las habas. De hecho, por el consumo frecuente de estos productos se llegó a poner a los gladiadores el sobrenombre despectivo de 'hordearii' (comedores de cebada). A través de estos textos, se tiene también constancia de que recibían suplementos alimentarios en forma de cenizas de huesos y plantas con el fin de aumentar los niveles de calcio.

Atletas de élite

Se estima, por consiguiente, que los pectorales y los abdominales de los gladiadores no eran precisamente fornidos, sino que estaban recubiertos por una gruesa capa de grasa subcutánea. Según el propio equipo de investigación, este fenómeno tendría bastante sentido de cara a su rendimiento en la arena: la grasa crearía un protección extra para resguardar nervios y órganos esenciales y reducir la gravedad de los potenciales cortes, evitando, en algunos casos, que no llegaran a ser tan profundos.

Foto: iStock.
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Los gladiadores suponían una importante inversión para sus dueños o lanistas y se sabe, por ello, que recibían destacados cuidados. Las escuelas disponían de servicios como el hipocausto (calefacción a través del suelo) para los entrenamientos invernales, baños y enfermerías. Como los deportistas de élite actuales, los luchadores recibían una supervisión sanitaria de primer nivel, y se tiene constancia de que médicos tan renombrados como el propio Galeno llegaron a tratarlos.