Con el aumento de las temperaturas en los termómetros durante la época estival el paladar pide refrigerios que lo refresquen y el cuerpo viandas que aplaquen el sopor veraniego. Los helados son los dulces que cumplen perfectamente con dichos cometidos. De fresa, de chocolate, de vainilla, de frutas..., las carta de sabores heladeros ofrece toda una suerte de alternativas clásicas o más creativas y sorprendentes para todos los gustos. Claro que, cuando nuestra intención es cuidar la línea, estos placeres helados se convierten en poco recomendables. Aunque los helados industriales nos hacen felices, pues activan el centro del placer del cerebro y recrean sensación de complacencia, suelen ser ricos en grasas ( entre el 8 % y el 12 %), en estabilizantes, en colorantes artificiales, en hidratos de carbono y, por ende, en calorías.

Los helados caseros son más saludables y permiten descubrir sabores distintos

Por tanto, los helados son poco amigos de una dieta sana y enemigos de la báscula. Sin embargo, siempre existe la opción de crearlos en casa y, así, saborear propuestas más sanas y saludables o descubrir sabores distintos e innovadores no disponibles en las cartas de helados. He aquí algunas versiones heladas hechas con pocos ingredientes, ricas y sabrosas, para cuya elaboración no es necesario ser un maestro heladero profesional.

Con un ingrediente

  • De plátano. Únicamente con esta fruta se puede crear un rico y saludable refrigero veraniego. Lo único que hay que hacer es cortar tres o cuatro plátanos (cuanto más maduros, mejor) en rodajas, congelarlas durante unas tres horas y, finalmente, pasarlas por la licuadora hasta crear una crema homogénea. En caso de querer darle un toque salado, se pueden añadir frutos secos, como nueces o almendras. Si, por el contrario, se busca conferir un matiz más dulzón, lo ideal es echarle frutas desecadas, como los dátiles o las uvas pasas.

Esta receta helada también admite de buen grado otras frutas, como fresas, incluso una macedonia de varias. El proceso de elaboración es el mismo que para el caso del plátano y el resultado es igual de refrescante, de sabroso y de saludable, pues carece de azúcares y grasas.

Foto: iStock
Foto: iStock

  • De yogur. Para crear este capricho helado solamente hay que verter el yogur del sabor elegido en un bol, introducirlo en el congelador durante aproximadamente tres horas y, finalmente, batirlo con las varillas para eliminar los restos de hielo y, así, lograr una crema fina y bien ligada. Las variedades naturales o griego de este postre lácteo pueden resultar un poco monótonas. Para darle un poco de alegría o potenciar su sabor, se pueden añadir varios toppings: frutos secos, virutas de chocolate, trozos de galleta o pedazos de frutas, mejor si están previamente congeladas.
  • De zumo. Con dos sencillos gestos se logra una propuesta helada saludable, nutritiva e hipocalórica, que, además, constituye una excelente opción para reinventar los jugos más clásicos, como el de naranja, el de melocotón o el de piña. Lo único que hay que hacer es verter el zumo, mejor casero que industrial, en un molde y congelarlo durante unas cuatro horas. En el caso de los jugos de cítricos, hay quien opta por añadir un chorro de algún licor con matices dulces, como Cointreau o Amaretto, para contrarrestar su sabor ácido.

Foto: iStock
Foto: iStock

También se pueden crear polos refrescantes y con un toque chispeante, sobre todo para los pequeños de la casa, con refrescos de cola, de naranja o de limón. Para hacerlos, se comienza hervir el líquido durante una media hora. Trascurrido dicho tiempo, se deja que temple. Posteriormente, se echa en un molde y se introduce el palo que sustentará el polo. Finalmente, se mete en el congelador durante cinco o seis horas.

Con dos y tres ingredientes

  • De coco. Esta propuesta es una de las más exóticas del universo heladero y una excelente alternativa a los sabores clásicos. Se crea mezclando la nata previamente montada con crema de coco y congelando la mezcla. El truco para que la mixtura quede sin grumos y uniforme está en removerla cada cierto tiempo. Unas hojas de menta darán un toque aromático y distintivo a este manjar helado.
  • De vainilla. Con leche condensada y nata montada se crea este sabor clásico del repertorio heladero. Para ello, únicamente hay que mezclar la leche condensada y la nata montada, remover hasta lograr una crema sin grumos y uniforme y meterla en el congelador durante cuatro o cinco horas. Para añadir un extra de sabor a este dulce refrigerio, se puede regar con unas gotas de licor, de sirope de caramelo o chocolate y agregar chips de chocolate o de galleta.

Foto: iStock
Foto: iStock

  • De chocolate. Nata, leche y chocolate negro son los ingredientes que se necesitan para crear este sabor helado universal. El proceso de elaboración es fácil: fundir el chocolate con la leche al baño maría, montar la nata, mezclar todos los ingredientes y, para terminar, congelar durante seis horas aproximadamente.
  • De café. Con nata, leche condensada y café soluble se crea este dulce helado. El proceso es tan sencillo como el resto de las propuestas: mezclar el café soluble y la nata previamente montada y, finalmente, congelar durante unas doce horas. Para que el resultado sea perfecto, se aconseja que la nata esté bien fría a la hora de montarla. Además, es importante remover periódicamente la mezcla en su proceso de congelación para evitar la aparición de grumos, que esta se cristalice y, por tanto, se produzcan modificaciones en la textura.