La gastronomía de Galicia, lugar donde los griegos situaron el fin del Mundo Antiguo, se sustenta en la tradicionalidad y se surte de los productos que nacen en las huertas y los campos gallegos, y de las viandas procedentes del mar Cantábrico y el océano Atlántico. En consecuencia, su recetario luce elaboraciones con historia, sencillas, de raíces profundas, rebosantes de sabor y en las que la calidad es una máxima indiscutible. Pero esta comunidad recostada en una esquina de la Península Ibérica también puede vanagloriarse de poseer un recetario repostero muy diverso, basado en la cocina conventual y en el folclore que reina en las 'lareiras' o cocinas aldeanas, cuyas propuestas cautivan a los paladares más golosos.

Por su parte, todas las provincias gallegas son pródigas en elaboraciones reposteras. De hecho, en cada una de ellas siempre hay un dulce insignia que le representa y que invita constantemente a su degustación. En Alimente proponemos un recorrido por las delicias más tradicionales del mapa gallego.

Tarta de Santiago en A Coruña

Gracias a las fuentes sabemos que la tarta de Santiago ya se elaboraba en 1577, por aquel entonces denominada tarta real. Se presenta en forma de bizcocho, el cual luce una textura exterior crujiente y un interior esponjoso y tierno. Tiene un sabor almendrado y está adornada con la característica Cruz de Santiago, hecha con una cobertura de azúcar glas. Es uno de los manjares más emblemáticos y preciados de la región, de hecho, ha sido reconocida con el sello de Indicación Geográfica Protegida. Acompañada con un buen vino dulce, un chocolate caliente o como broche de oro a una tradicional mariscada, este manjar constituye un auténtico delirio.

Almendrados de Allariz en Ourense

Aunque hay muchas versiones de este tipo de pastas, muy pocas son capaces de competir con las que salen de los obradores de la pequeña localidad orensana de Allariz. Y es que los 'amendoados' constituyen una oda a la singularidad, pues se elaboran a partir de una masa hecha con almendras molidas, azúcar y clara de huevo. Cuando la mezcla adquiere un estado sólido y contundente, se trocea, se coloca sobre una base de obleas y, finalmente, se hornea. El resultado es una elaboración con una textura crujiente y ligeramente untuosa que despierta los sentidos. Ejerce de perfecta acompañante de un buen anís, aunque también admite un rico licor de café e incluso un chocolate.

Tarta de Mondoñedo en Lugo

Lugo es una de las provincias más golosas del mapa gallego, pues dispone de numerosas propuestas que dificultan sobremanera la elección. Pero si hay que elegir, que sea la tarta que se elabora en Mondoñedo, una localidad perteneciente a la comarca de la Mariña Central. Esta joya de la repostería lucense se presenta "sobre un fondo de pasta ligeramente hojaldrada, lleva una capa de cabello de ángel, otra de bizcocho borracho, y encima otra de almendra molida más bien gruesa, y el todo muy almibarado, y cuando sale del horno se la adorna con frutas escarchadas, especialmente higos. Las tres capas son tres países de diferente sabor, y que se ayudan, y el todo es un dulce barroco, aunque se sospeche por la forma y por el adorno - las mismas tiras de masa que en la empanada del capitel del comedor del palacio de Gelmires-, que puede proceder de los días románicos", tal y como dejan reflejado Álvaro Cunqueiro y Araceli Filgueiras Iglesias en el libro 'Cocina gallega'. Un placer dulce que invita a saborearlo con calma y quietud.

Arroz con leche en Pontevedra

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El arroz con leche es un postre omnipresente en la mayoría de mesas patrias, pero en Pontevedra lo es aún más. El modo de elaboración de esta delicia sigue los pasos tradicionales: se cuece el arroz a fuego lento en un cazo con leche, a la que se le agrega azúcar, una rama de canela, otra de vainilla y una corteza de limón. La magia de este postre reside en la tierra en la que se prepara. Y para sentir dicha magia, hay que hacer la maleta.

Filloas, el postre gallego de más raigambre

No se puede concluir este periplo goloso sin mencionar las filloas, también conocidas como marrucho o freixó. Estas clásicas elaboraciones de la repostería gallega, presentes en la carta de postres de todas las provincias de la comunidad, se elaboran con azúcar, leche y huevos; y en la época de la matanza del cerdo con sangre, uvas pasas y miel. Tienen una apariencia similar a los crêpes franceses, aunque su sabor no tiene nada en común y varía en función de si se hacen 'á pedra', con un 'filloeiro' o a la sartén. Con relleno dulce o salado, no necesitan acompañamiento que potencie su sabor. Aunque están presentes durante todo el año, cuando mejor saben y más se consumen es durante la época de las matanzas y los Entroidos o carnavales, en concreto durante el martes 'lardeiro'.