Algunas de las flores que se cocinan podrían resultar tóxicas
  1. Gastronomía y cocina
No todas sirven para comer

Algunas de las flores que se cocinan podrían resultar tóxicas

Aportan una nota original a nuestros platos, pero algunas de ellas pueden contar sustancias u organismos como bacterias, hongos o contaminantes ambientales

Foto: Algunas flores pueden ser peligrosas. (iStock)
Algunas flores pueden ser peligrosas. (iStock)

Las flores siempre han estado en la cocina. Sin ir más lejos, el azafrán e incluso una de las frutas más apreciadas del verano, el dulce higo, son flores. Pero lo suyo no es un caso aislado, pues a lo largo del año consumimos otras ricas flores como la coliflor, la alcachofa o el brócoli.

Lo cierto es que la alta cocina se halla en perenne búsqueda de nuevos sabores y es ahora cuando empiezan a abundar en nuestros platos flores como pensamientos, jazmines, violetas, crisantemos, claveles, amapolas, rosas, capuchinas y azucenas. En muchos casos, no son un mero atributo decorativo, sino que se degustan hasta el final y se aprovechan sus cualidades antioxidantes. Por ejemplo, la caléndula posee carotenoides y tocoferoles. Incluso es posible mencionar algunas flores de gran poder nutricional con aportaciones importantes de fósforo, potasio, sodio o magnesio. Es más, una de las mayores bazas de las flores es que pueden ayudarnos a aportar sofisticación y originalidad a cualquier plato, además de resultar excelentes en cuanto a sabor.

¿Extravagancia actual?

Pero el consumo de flores, también conocido como florifagia, no es una extravagancia actual, pues ya era habitual en China, donde sus platos se han enriquecido desde antiguo con flores de magnolia y jazmín.

No se puede consumir cualquier tipo de flor, tampoco adquirirla en viveros. Pueden tener restos de pesticidas

También Homero, en la 'Odisea' nos describe a un poblado con gran predilección por el consumo de flores de loto. En el orador romano Cicerón tenemos un ejemplo de personaje insigne que no podía concebir su vida sin consumir malvas, a las que creía responsables de la claridad de su voz. Mientras que en España, en los siglos XVI y XVII, es posible hallar recetarios donde destacan los pétalos de rosa confitados, los pastelillos de flor de saúco y el empleo de flores de azahar para elaborar ciertos platos de carne.

¿Podemos consumir flores con tranquilidad?

A pesar de que las flores acompañan a nuestra gastronomía desde los albores de la civilización, su consumo no está exento de riesgos. De hecho, existe muy poca legislación al respecto que determine cuáles son comestibles y cuáles no. Por lo tanto, no hay un listado específico de flores comestibles y no comestibles. El único rastro legislativo al respecto lo encontramos en el Reglamento (CE) 258/97 del Parlamento Europeo y del Consejo de 27 de enero de 1997 sobre nuevos alimentos y nuevos ingredientes alimentarios, que además puede resultar un tanto desfasado dado que se aprobó hace más de dos décadas.

Así, existen ciertos peligros asociados al consumo de flores. En este sentido, según un grupo de Investigadores de la Universidad de Granada (UGR): “Muchas de ellas son tóxicas, debido a que contienen alcaloides, resinas, taninos o terpenos; otras tienen contaminantes ambientales o bacterias u hongos”.

A esto se añade que no todas las flores son adecuadas para el consumo, ya que son de por sí tóxicas e incluso mortales, tal y como nos explican desde la web experta en flores comestibles Innoflower: “Flores como la belladona, la cicuta, la flor de adelfa, la flor de berenjena o la dulcamara no deben consumirse nunca”.

¿Se pueden comprar en un vivero?

Existen infinidad de flores que sí resultan comestibles, pero no vale adquirirlas en un vivero, pues pueden presentar trazas de pesticidas peligrosos para la salud, aunque eso sí, es factible que podamos comprarla y cultivarla en casa para nuestro propio consumo. Desde esta misma empresa recomiendan que antes preguntemos al viverista acerca de los tratamientos efectuados a esas plantas. “También hay que conocer qué parte de cada especie es comestible, ya que hay especies como el alyssum que se pueden comer en ramillete o flores como la margarita bellis de la que solo sirven sus pétalos”, detallan en Innoflower.

Como cualquier otra fruta o verdura que vayamos a consumir, es preciso lavarlas previamente para eliminar cualquier presencia de insectos. Pero es preciso que sea en agua fresca y no frotar, con el propósito de no estropear los pétalos. Además, por precaución, podemos optar por eliminar pistilos y el polen en el caso de que haya alérgicos entre los comensales.

Las flores no se suelen cocinar y se consumen en crudo. Aunque existen excepciones como la flor de calabacín, pues abundan las recetas para prepararlas rellenas, horneadas e incluso fritas. Dicho todo esto, quizás nos apetezca animarnos con el toque de color y sabor que aportan las flores a nuestra cocina. En ese caso, aquí va una sencilla receta para iniciarse en su consumo.

Espárragos con ajo blanco y flor tulbaghia

Ingredientes:

  • Espárragos verdes y blancos
  • 50 gramos de miga pan blanco
  • 1 diente de ajo
  • 75 gramos de piñones
  • 50 mililitros de oliva
  • 50 gramos de nata líquida
  • Unas gotas de vinagre de Jerez
  • Flor tulbaghia
  • Pimienta negra
  • Sal

Preparación:

En primer lugar, hemos de cocer los espárragos y reservarlos para más adelante. A continuación, se trituran los piñones cubiertos de aceite, después el pan empapado con agua, además de unas gotas de vinagre y el ajo. Lo trituraremos todo hasta alcanzar una masa fina. Después añadiremos la nata a fin de suavizar la mezcla. Todo debe quedar bien homogéneo. Lo colamos y añadimos la cantidad de sal y pimienta que consideremos necesaria. Lo guardamos en el frigorífico y tostamos unos piñones. Una vez terminado, montamos el plato con las flores de tulbaghia por encima y los piñones tostados.

El redactor recomienda