La pasta siempre ha sido y será uno de los platos más consumidos en nuestro país. Macarrones, fideos, canelones, espaguetis, lasaña, tallarines… No hay variedad que se nos resista. Eso sí, la mayoría de consumidores optan por el producto ya elaborado que se vende en el supermercado, una alternativa mucho más seca e imperecedera que la original, pero con un sabor y una textura que a veces deja mucho que desear. ¿Qué te parece aprender a hacer pasta fresca desde la comodidad de tu hogar? Se trata de una receta muy sencilla, solo necesitas harina de trigo, huevos y sal. Además de una destreza al alcance de cualquier pinche de cocina. ¿Te atreves?

Aprende a hacer pasta fresca paso a paso

Antes de comenzar con el proceso de elaboración, es muy importante que adquieras los ingredientes correctos. En primer lugar, la harina debe ser especial para pasta, no sirve cualquiera. Hablamos de la harina de fuerza, cuya particularidad radica en su alto contenido en gluten. Esa fuerza a la que hace referencia su nombre se indica con el parámetro 'W'. A mayor W, mayor consistencia. No te olvides de la sal y los huevos. Y aunque parezca increíble, la receta no necesita ni una gota de aceite.

También existen dos opciones para la preparación de pasta fresca: con máquina o a mano. Si eres de los afortunados que tiene en su poder este curioso artilugio, el proceso será mucho más sencillo. Lo que no significa que del otro modo sea imposible hacer una pasta de calidad. Mientras tengas un rodillo y un cuchillo afilado tus posibilidades de triunfar en la cocina son igual de altas. Ahora sí que sí, ¡empezamos!

Ingredientes

  • 300 g de harina
  • 3 huevos medianos
  • 1 cucharadita de sal

Foto: iStock.
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Para preparar la masa, mezclamos y tamizamos la harina y la sal directamente sobre la mesa o dentro de un bol muy grande. A continuación, hacemos un hueco en el centro de la mezcla y ponemos los huevos en él. Incorporamos poco a poco la harina de los laterales hacia el centro. Es entonces cuando deberá comenzar a formarse una masa semiblanda, la cual adquirirá una textura mucho más dura, elástica y homogénea a medida que la amasemos con más fuerza. No puede quedar pegajosa o húmeda, pues será imposible darle forma. Tras conseguir la consistencia deseada, envolvemos la masa en film transparente y dejamos que repose durante una hora en el frigorífico.

Es el momento de laminar la pasta. Para ello, cortamos la masa resultante en cuatro partes. Dejamos en el frigorífico aquellas que no estamos utilizando para que no se sequen. En el caso de no tener la máquina correspondiente, utiliza un rodillo muy pesado. Cogemos una de las cuatro partes y la aplastamos ligeramente con las manos. Enharinamos la superficie donde vayamos a trabajar y comenzamos a estirarla mediante giros de 90º. Las láminas deben tener un grosor de 1 o 2 milímetros.

Para hacer el corte correspondiente solo necesitamos un cuchillo muy afilado. Hacemos tiras de unos 20 centímetros y las doblamos tres o cuatro veces sobre sÍ mismas. Enharinando siempre cada doblez para que no se pegue. Dependiendo del tipo de pasta, el grosor será muy distinto. “Con un cuchillo afilado cortamos tiras de 1 mm de ancho y 1,3 mm de grosor si queremos taglierini o tagliolini, 6 mm de ancho y 2 mm de grosor para los fettuccine, 2 cm para tagliatelle y 4 cm para papparpadelle”, explican desde el blog 'Sweet and Sour'.

Foto: iStock.
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Et voilà! Ya tenemos una remesa de pasta fresca y casera lista para empezar la cocción. Recuerda: añade un litro por cada 100 gramos de pasta, no incluyas aceite en el agua, remueve de vez en cuando y jamás enfríes la pasta ya cocida bajo el agua del grifo, pásala simplemente por el colador. Ya solo queda elegir una salsa para dar sabor y ¡a disfrutar!

¿En qué se diferencia de la pasta seca?

Es cierto que los ingredientes que conforman ambas modalidades son los mismos, pero existen ciertas diferencias como, por ejemplo, su método de conservación. La pasta seca es “un compuesto de trigo duro y agua, que permitía transportar el género a centenares de kilómetros, o almacenarlo durante largos periodos de tiempo…. sin que perdiera sus cualidades organolépticas”, explican desde la plataforma Atención al Consumidor. Una pasta que durante años ha triunfado entre los consumidores por su bajo coste, versatilidad y propiedades culinarias.

La fresca se consume de inmediato, mientras que la seca necesita superar un tratamiento de deshidratación

Otra de sus diferencias más destacadas es el proceso de elaboración. Mientras que la pasta fresca se consume de inmediato, la pasta seca necesita superar un tratamiento de deshidratación. Esto influye directamente en el tiempo de cocción que más tarde se requiere para el cocinado. “La pasta seca necesita entre 10 y 15 minutos para cocerse, la pasta fresca está lista en unos tres minutos. Por tanto, cocinando pasta fresca realizamos un importante ahorro energético que hace que compense un precio más alto”, aseguran desde el restaurante Casa Maiocoo.

El último punto a tener en cuenta es la conservación. La pasta seca puede permanecer en perfecto estado durante meses, siempre y cuando el envase esté totalmente cerrado. En cambio, la pasta fresca debe guardarse en la nevera y consumirse antes de tres o cuatro días.