La cereza es, sin duda alguna, una de las frutas del verano. Son muy pocos los consumidores que no caen rendidos a su sabor dulce y delicado, compatible no solo con otros alimentos de temporada, sino con elaboraciones que nada tienen que ver con su naturaleza como tartas, ensaladas o gazpachos. Sin embargo, es muy habitual confundir este producto estrella con algunos de sus parientes más cercanos, muy presentes también en el mercado. Seguro que alguna vez has probado las picotas, las guindas o las acerolas, cultivos muy similares pero con un origen y unas características muy distintas. ¿Cómo podemos diferenciarlos?

El secreto está en el rabito

Aunque se trata de cuatro productos totalmente independientes, todos ellos pertenecen al mismo género 'prunus', a excepción de la guinda que forma parte de una especie diferente al resto: 'cesarus'. “Las guindas son un tipo de cerezas que vienen del guindo, que es un árbol más rústico y diferente al cerezo silvestre o común, de donde surgen la cereza y la picota. Los frutos frescos no tienen gran salida comercial, son empleados principalmente para conservar o aromatizar aguardientes, algunas mermeladas o para conservas en salazón”, explican desde el blog 'Mercado Calabajío'.

Foto: iStock.
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Este recurso se debe principalmente a su sabor agridulce, con esos matices ácidos y amargos que tanto les caracterizan. Además, es la más recurrente de las cuatro en cuestiones alimentarias, sobre todo en el sector de la repostería. Entre sus beneficios nutricionales destacan su poder diurético, astringente o expectorante, y ser un elemento de gran ayuda contra enfermedades tan dispares como la hipertensión, ciertas cardiopatías o la gota.

En cuanto a las cerezas y las picotas, estas últimas son un tipo de cereza que a su vez consta de cuatro variedades: Pico Limón Negro, Ambrunés, Pico Negro y Pico Colorado. El truco para diferenciarlas del resto es la ausencia de rabito. “La Picota del Jerte –denominación de origen– se diferencia de otras cerezas porque no posee rabito, ya que se queda prendido del árbol de forma natural durante la recolección. También es más pequeña y crujiente que otras cerezas y se diferencia igualmente en su sabor, ya que es más dulce”, aclara el diario especializado 'Agrodiario Huelva'.

Foto: iStock.
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“Esta singularidad tan peculiar obedece a un largo proceso de selección durante décadas entre varios tipos de cerezas locales, consiguiendo una cereza con una palatabilidad excepcional. Es por eso que la picota es para muchos la cereza por excelencia, más dulce y carnosa que el resto, con un color más oscuro, un tamaño mayor y en la boca todo un manjar”, añaden desde 'Mercado Calabajío'. Debido a su lugar de origen, las picotas del Jerte presentan unos elevados índices de triptófano, melatonina y serotonina, tres cualidades muy eficaces para potenciar las bondades del sistema inmunológico.

La acerola está considerada una de las frutas más ricas en vitamina C

Por su parte, la cereza es una fruta que cuenta con más de 50 variedades diferentes. Suelen lucir un color rojizo más claro que el del resto y se recogen con rabo para mejorar su conservación, evitar roturas o la presencia de hongos y bacterias. Es un alimento fundamental para cualquier dieta saludable ya que posee una densidad calórica muy baja y una gran cantidad de nutrientes como vitaminas antioxidantes, fibra soluble u oligoelementos.

¿Y entonces qué son las acerolas?

Foto: iStock.
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Conocida también como la cereza de las Antillas, la acerola es una fruta tropical poco conocida en nuestro país que comparte las virtudes de sus parientes e incluso las mejora. Su tamaño y aspecto es muy similar al de las cerezas convencionales, aunque en su interior residen tres semillas en vez de una, que representan una tercera parte de su peso total y se desprenden con facilidad de la pulpa. Otra fruta con la que muchos le encuentran parecido es la manzana.

No obstante, su principal virtud radica en los altos valores de vitamina C que incluye en su composición. “Contiene de 695 a 4.827mg/100g, unas cifras que superan de 50 a 100 veces la cantidad aportada por los cítricos, la piña o el kiwi. En virtud de su estado de maduración y forma de cultivo, está considerada una de las frutas más ricas en vitamina C, junto con otros frutos poco frecuentes en nuestros mercados como el camu-camu, típico de la Amazonia brasileña, y el kakadu, conocido como ciruela australiana”, destaca el nutricionista Juan Revenga en el blog 'Consumer'.

Y no solo eso, esta fruta también es rica en fitonutrientes, antocianos, carotenoides, flavonoides y minerales esenciales como el hierro, el calcio, el magnesio o el potasio. Este conjunto de compuestos son de gran utilidad a la hora de prevenir enfermedades crónicas, cardiovasculares y degenerativas, además de otras dolencias de suma importancia como las cataratas, la fatiga crónica o las migrañas.