La reinvención siempre ha sido un concepto que ha fomentado el éxito y la supervivencia de un sector tan antiguo como el de la restauración y la hostelería. Dicha innovación está detrás de las cifras que sitúan a España como el país con más bares del mundo, 3 por cada 1.000 habitantes. Y es que, según un estudio de hábitos de consumo en los establecimientos hosteleros elaborado por Mahou San Miguel, siete de cada diez españoles aseguran que los locales de ahora son mucho mejores que los del pasado. No solo en cuanto a la calidad de la comida, sino también por la creación de nuevos espacios como las terrazas, la decoración, el servicio o la relación calidad-precio.

Factores que, como los propios locales, han ido evolucionando con el paso del tiempo, dejando atrás otras prácticas que nuestros antepasados creían imprescindibles y que ahora solo forman parte de su memoria. Las nuevas tendencias han llegado para quedarse “y parece poco probable que volvamos a esquemas de consumo antiguos. En especial en todo lo relacionado con la inmediatez y la relación bidireccional entre empresa y consumidor”, opina Mónica Muñoz García, socia fundadora de The Innova Room, para InfoHoreca. Sin embargo, jamás podremos olvidar sus orígenes, que definen ese reputación que actualmente lucen con tanto orgullo. ¿Cómo eran los bares de antaño?

Un lugar con siglos de historia

Antiguas 'thermopolias' romanas.
Antiguas 'thermopolias' romanas.

Se cree que en la antigüedad los bares seguían la combinación de dos conceptos romanos conocidos como 'thermopolias' y 'cauponae'. El primero era un establecimiento donde se vendían bebidas calientes en invierno y frías en verano, además de vinos y comidas caseras para consumir in situ o llevar a casa; siendo este también el antecedente más directo de los actuales productos 'take away'. Mientras, los 'cauponae' eran un lugar donde la gente acudía para pernoctar, aunque también se servían bebidas y comida a pie de calle a través de unos mostradores.

Sin embargo, el término 'bar' tal y como lo conocemos no llegó hasta siglos más tarde, alrededor del año 1591. “Algunos dicen que el uso de la palabra 'bar' se origina en las antiguas posadas, donde se separaba la zona donde se vendían las bebidas alcohólicas del resto del local mediante una barrera”, explican desde el portal 'El secreto del éxito de los bares'. “Otra versión relata que en las caravanas del oeste americano, las carretas que llevaban licor se separaban del resto al momento de acampar mediante barriles entre los cuales colocaban una barra de madera que, al mismo tiempo, se usaba de apoyo para las bebidas que se servían al calor de la fogata”, añaden.

Tabernas antiguas de Madrid.
Tabernas antiguas de Madrid.

En España, antes del bar llegaron las tabernas, cuyo florecimiento tuvo lugar a comienzos del siglo XX, especialmente en la zona de Asturias –donde ya triunfaron las sidrerías y los lagares– y en los barrios más castizos de Madrid. ¿Qué aspecto lucían dichos establecimientos en la época?

Bares de descanso y ocio

Durante sus primeros años, las tabernas “iluminaban cruces de caminos y eran lugar para descansar e intercambiar información”, explican desde Coca-Cola España. Las mesas que habitaban en el local eran grandes y regias, los clientes se veían obligados a sentarse al lado de desconocidos. No obstante, a diferencia del presente, ninguno de ellos tenía problema alguno pues uno de los propósitos iniciales de las tabernas era entablar conversación con el resto de comensales, comentar la actualidad o simplemente conocer gente nueva.

Café Bar La Marina.
Café Bar La Marina.

Además, algunos establecimientos incluían un espacio de juegos al aire libre, dedicado en muchas ocasiones a los pasatiempos de moda en la época: los bolos, la petanca o el dominó. “Muchos solían tener un emparrado de plátanos de Indias bajo cuya sombra se situaban algunas mesas o bancos para los clientes, sobre todo en domingo como merendero”, recuerda el portal 'El secreto del éxito de los bares'. Otras tabernas combinaban su función principal, vender bebidas a buen precio, con la de otros negocios, como las casas de comidas, las posadas o las tiendas de ultramarinos.

Aunque las bebidas alcohólicas ocupaban gran parte de la demanda, con el paso del tiempo llegó también otra de las opciones predilectas en los bares actuales: el café. No obstante, fue simplemente una estratagema de los meseros para ocultar la venta de alcohol y, por consiguiente, evitar las inspecciones y restricciones legislativas de las autoridades.

Y llegó el cambio

Típico bar de los años 70.
Típico bar de los años 70.

En cuanto a la comida, lo que antes se reducía a un mendrugo de pan, un pincho de tortilla, una fabada asturiana o unas judías con chorizo, con la llegada de la modernidad aparecieron los primeros montaditos. Una nueva moda que no gustó demasiado a los clientes habituales. “Al ciudadano medio le debía parecer inconcebible que alguien pagara una respetable suma por unos minúsculos bocadillos para al final quedarse casi sin comer. Tampoco veían con buenos ojos la moda de sentarse en altos e incómodos taburetes”, asegura el investigador Carlos Azcoytia para Coca-Cola España. Un inconveniente que no tardó en ganar adeptos, impulsando así el concepto barra que todavía permanece en la actualidad.

No obstante, la primera gran modernidad llegó en 1935 con el primer bar automático de España, ubicado en la Gran Vía madrileña. Este consistía en unas grandes máquinas expendedoras que solo necesitaban una moneda para cumplir el pedido del cliente. Una revolución amparada también por otra forma de ocio, típica de este tipo de establecimientos: el futbolín. Lamentablemente, el primer invento desapareció por completo una década más tarde, mientras que el futbolín aún es parte de nuestra historia.

Después llegaron las televisiones, las máquinas tragaperras, las hamburguesas, internet o las tapas gourmet. Una revolución tecnológica y gastronómica que ahora forma parte del concepto más básico de bar, pero que en apenas unos años volverá a parecernos un vago recuerdo del pasado.