"¿Cómo esperan que funcione un sistema de partido único en un país con más de 246 clases diferentes de queso?". Esta frase, atribuida al militar y político francés Charles de Gaulle al ser preguntado por la posibilidad de un gobierno comunista en Francia, es ejemplo del amor que se le tiene en todo el mundo (aunque especialmente en Europa) a este lácteo. Se puede decir que hay dos tipos de personas: los locos por el queso y los locos por el queso que todavía no saben que lo son. Si un día nos despertamos especialmente queseros y lo único que nos apetece es sumergirnos en el amplio mundo de las denominaciones, curaciones, tipos de corteza, leches, ahumados..., podremos recurrir a cualquiera de estos establecimientos para saciar nuestra sed... de queso.

Poncelet Cheese Bar

Desde hace años Poncelet es una tienda de referencia en el mundo quesero madrileño, pero no todos tenemos la paciencia para recorrernos media ciudad, comprar un trozo de queso enorme, llevárnoslo a casa, cortarlo y empezar a disfrutarlo. A veces lo que nos apetece es llegar, pedir un vino y disfrutar. Así de rápido, así de fácil. Ese es el porqué de la existencia de Poncelet Cheese Bar. Además, una de las grandes ventajas de este tipo de lugares es la posibilidad de probar una gran variedad de quesos: una tapa por aquí y otra por allá. Su situación en la calle José Abascal es envidiable y lo convierte en lugar de visita obligatoria cada vez que estemos cerca.

Poncelet Cheese Bar
Poncelet Cheese Bar

La Fondue de Tell

No todos son azules, manchegos y ahumados. Hay dos preparaciones que, aunque es posible hacer en casa, son más fáciles y están incluso más ricas en un restaurante: la fondue y la raclette. Además, este pedacito de Suiza en el centro de Madrid (a escasos metros de la plaza del Dos de Mayo) tiene una decoración totalmente helvética, que nos transportará al país sobre los Alpes. Una visita a este restaurante nos servirá para descubrir que una auténtica fondue no es solo un trozo de queso en una olla a fuego lento. Sus especialidades van desde la (relativamente) tradicional fondue de queso y boletus hasta la exótica fondue de queso con curry. Y a quien no le guste, siempre podrá probar la maravilla que es la raclette. Ver esa lámina de queso fundido deslizarse sobre una rebanada de pan no tiene precio.

La Carbonera

Cerca de Plaza de España se encuentra este local especializado en tablas de quesos (aunque no son su única opción, claro está) y vinos con los que acompañarlos. Además, tienen especialidades queseras de lo más interesante, como las berenjenas asadas, mejillones en conserva, humus y queso idiazábal, la ensalada de grana padano macerado en miel con trigueros y crujiente de cecina o su tarta de queso con confitura de frambuesas.

La Carbonera
La Carbonera

Fogg Bar Birras & Cheese

Con el nombre del establecimiento debería bastar. El maridaje típico del queso siempre ha sido el vino, pero ahora se ha 'descubierto' que la cerveza (que marida con todo) también le va muy bien. Y a esto es a lo que se dedican en el Fogg Bar: cervezas artesanas y una gran variedad de quesos, ni más ni menos. Siempre tienen cervezas artesanas importadas y los fines de semana abren barriles para servirlas de grifo. Está situado en pleno barrio de las Letras, más céntrico, imposible.

Mya Valdalos

El mercado de San Miguel, situado junto a la entrada de la calle Ciudad Rodrigo a la Plaza Mayor, es un destino típico de turistas y, por tanto, frecuentemente infravalorado. Eso sí, nadie duda de su belleza y, una vez los probemos, tampoco dudaremos de sus quesos. Esta pequeña tienda (y su enorme barra) ofrece una sorprendente variedad de quesos tanto españoles como internacionales. Servidos en pequeñas tostas, podremos probarlos con una copa de champán para un domingo perfecto.