Ya sea porque salimos a almorzar fuera de casa, porque comemos menos cantidad de la que teníamos prevista o porque, admitámoslo, siempre compramos de más, lo cierto es que la mayoría de los días acaba sobrando pan en casa. Lo guardamos en una bolsa con el propósito de utilizarlo en futuras elaboraciones, las cuales curiosamente casi nunca llegan, o en la panera para consumirlo al día siguiente en el desayuno. Pero cuando llega ese momento, resulta que ha perdido todas sus cualidades organolépticas y su textura se ha tornado blanda y chiclosa -sobre todo si lo hemos guardado en una bolsa de plástico-, o mucho peor, dura. Así que, como era previsible, las sobras, a menudo formadas por un variopinto conjunto de barras, hogazas y chuscos, acaban confinadas en la basura.

A priori, puede parecer que el pan ya pasado no tiene más utilidades culinarias. Sin embargo, se trata de un alimento que da mucho juego en la cocina, ya sea como ingrediente de postres, platos principales y salsas, o como rica guarnición. Estas son algunas ideas para reciclar el pan atrasado que se guarda en la cocina.

Salsa de pan

Esta salsa, muy típica en Reino Unido, constituye una sabrosa manera de aprovechar las sobras de pan, así como un buen método de conferir chispa, alegría y un contrapunto de textura a los platos de carne, tanto de aves como de caza, especialmente si está asada.

El pan viejo da mucho juego en la cocina, como ingrediente de salsas y platos principales o como guarnición

Asimismo, esta receta tiene un modo de elaboración muy sencillo. Hervimos en una cazuela 320 mililitros de leche, media cebolla y una hoja de laurel, y lo dejamos reposar media hora. Después, condimentamos la mezcla con nuez moscada y la llevamos nuevamente a ebullición. A continuación, agregamos 100 gramos de miga de pan -también podemos usar pan rallado-, unos 25 gramos de mantequilla, una pizca de sal y, finalmente, pimienta. Hay que remover constantemente la salsa para evitar la aparición de grumos y garantizar la correcta ligazón de todos los ingredientes. Si queremos darle un toque crujiente, podemos añadir nueces o almendras. Y en el caso de querer aromatizarla, tenemos la opción de incluir especias como nuez moscada o pimienta negra.

Tortilla de pan

Foto: iStock.
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Esta versión de la tortilla no es un invento nuevo, pues hace años que se elabora en las cocinas de numerosos rincones de nuestra geografía para aprovechar el pan sobrante. Asimismo, constituye una forma creativa y exquisita de reinterpretar la clásica tortilla francesa. Su gusto natural, que recuerda a los sabores de la cocina de antaño, y su textura suave y esponjosa convierten esta elaboración en una opción ideal como primer plato en un almuerzo o incluso para la cena de los más pequeños de la casa.

Para hacerla, solo son necesarios unos sencillos pasos. Primero, ponemos a remojar dos porciones de pan duro en leche. Mientras, majamos un diente de ajo y un poco de perejil sazonados con una pizca de sal. A continuación, batimos tres huevos, luego le añadimos el pan duro y después el machacado de ajo y perejil. Para terminar, cocinamos la mezcla en una sartén con un chorro de aceite de oliva. Podemos acompañarla de una ensalada de hojas verdes, pues así le aportamos un toque de color e incrementamos su riqueza nutricional.

Buñuelos de pan duro

Crujientes por fuera y blandos y melosos por dentro, los buñuelos son un dulce muy anhelado por los amantes de la repostería. Aunque se suelen consumir en Semana Santa o durante el Día de Todos los Santos, lo cierto es que no es necesario hacer sufrir al paladar esperando la llegada de dichas fechas. En este caso, haremos la receta con pan, lo que da lugar a una elaboración con una textura esponjosa y matices salados.

Para elaborar esta nueva versión de los clásicos buñuelos, lo primero que debemos hacer es poner a remojar en leche la miga de una barra de pan. Cuando esta se haya empapado completamente, agregamos 100 gramos de azúcar y cuatro huevos batidos. Después, hacemos las bolitas con la masa y las freímos en la sartén. Aparte, cocemos agua, 200 gramos de azúcar y media rama de canela. Cuando el azúcar esté bien disuelta, metemos los buñuelos y los dejamos cocer durante diez minutos aproximadamente.

Sopa de ajo

Foto: iStock.
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Ahora que el otoño y su refrescante temperatura han hecho su aparición estelar, lo que más apetece llevar a la boca son elaboraciones calientes que entonen el organismo. Esta sopa tan castiza cumple a la perfección con dicho cometido, además de evitar el desperdicio de pan duro.

Este caldo no solo destaca por su sabor natural, sino también por su sencilla elaboración. Comenzamos salteando cuatro dientes de ajo en una cazuela con un chorro de aceite de oliva. Una vez hayan adquirido un tono dorado, agregamos 50 gramos de pan -mejor cortado en láminas- y una pizca de pimentón dulce. Para terminar, echamos un litro de agua, sazonamos con sal y lo dejamos cocer durante diez o quince minutos. Una propuesta rica y nutritiva que podemos enriquecer agregándole huevo o incluso virutas de jamón serrano.