El guiso es un plato omnipresente en nuestras mesas durante los meses más fríos del calendario. Comprensible, pues se trata de una elaboración que reconforta nuestro organismo y le ayuda a entrar en calor, permitiéndonos afrontar con valentía las temperaturas que traen consigo el otoño y el invierno. Además, el eterno guiso nos agasaja con aromas únicos y casi olvidados, y sabores naturales y tradicionales que nos proporcionan un festival de placeres gustativos. Por estos y otros muchos motivos, siempre es buen momento para saborear esta preparación culinaria.

Sin embargo, este plato de cuchara, heredado del buen saber hacer de nuestras abuelas, suele incluir un variada suerte de ingredientes, generalmente contundentes, que lo convierten en una alternativa menos digerible y de gran generosidad calórica. Esto conlleva que algunas personas restrinjan su consumo o que incluso lo retiren de su alimentación habitual. Afortunadamente, siempre es posible aligerar este tipo de platos para así poder disfrutar de sus bondades sin riesgo alguno. Estos son algunos trucos.

Dsgrasa y rebaja el caldo

El líquido en el que se cuecen los alimentos que conforman el guiso es, sin duda alguna, uno de los elementos diferenciadores. Claro que, aunque este le confiere un extra de sabor, también puede contribuir a incrementar o disminuir su aporte calórico. Sucede cuando optamos por incluir fondos comprados en el supermercado o elaboramos caldos en los que incluimos ingredientes de origen animal, pues son los que más grasa desprenden. Para restarle poder calórico, podemos hacer caldos a partir de una base de vegetales variada y abundante. Estos además le aportarán un plus de salud, pues son ricos en vitaminas y minerales.

Lo mejor es enfriarlo: la grasa sobrante se solidifica y podemos retirarla

Como ya hemos mencionado, el caldo determina el sabor final del guiso. Dependiendo del tipo de ingredientes que hayamos incluido en la elaboración, este líquido muchas veces contiene grasa en demasía que podemos ver flotando en la superficie o acumulada en los extremos del recipiente. Aunque hay quien piensa que este sebo aporta sustancia al guiso, lo cierto es que las únicas funciones que desempeña son incrementar sus calorías y hacerlo menos digerible.

Foto: iStock.
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Por lo tanto, sobran los motivos para retirarlo. La manera más efectiva de hacerlo consiste en extraer el caldo de la cazuela, pasarlo por un colador e introducirlo en la nevera. Con el frío la grasa sobrante se solidifica, permitiéndonos retirarla fácilmente y por completo. Asimismo, los derivados del cerdo son los que más grasa aportan a estos platos de cuchara. Si no queremos prescindir de ellos, podemos recurrir al truco de darles una cocción previa o incluso pasarlos por una sartén sin aceite durante unos minutos.

Recurre a los condimentos y las especias

La mayoría de los guisos tradicionales incluyen morcilla, tocino o panceta. Estos ingredientes segregan jugos y grasas que, al integrarse lentamente con el resto de los ingredientes, otorgan un sabor único y diferenciador. Sin embargo, dichas grasas también son las encargadas de incrementar el valor calórico de estos platos, de hacerlos menos digeribles y, por lo tanto, incompatibles con una jornada de trabajo o una sesión en el gimnasio.

Si sustituimos los alimentos grasos por las especias que estos suelen contener, lograremos un guiso más sano

Pues bien, podemos restarle contundencia sustituyendo estos alimentos por las mismas especias que incluyen en su composición, como es el caso del pimentón, el orégano, el ajo o la cebolla. Al hacerlo, además de crear una receta más saludable, le damos un toque aromático y un poco de alegría. Eso sí, si optamos por especias menos habituales, debemos ser cautos con las cantidades para que estas no oculten el sabor original del guiso.

Opta por las versiones integrales

Las versiones integrales de los cereales clásicos se presumen más saludables, pues son ricas en fibra, aportan mayor cantidad de nutrientes y son más fáciles de digerir. En el caso de los guisos y los potajes de legumbres, si apostamos por los pseudocereales, como la quinoa o el trigo sarraceno, o combinamos las leguminosas con otros cereales como el arroz integral o la cebada, incrementaremos el valor nutricional de estas elaboraciones y, por lo tanto, las convertiremos en amigas de la dieta y de nuestra salud.

Muchas veces sucede que el caldo que forma parte de la receta tiene una textura demasiado líquida, poco consistente e incapaz de integrarse con el resto de ingredientes. Para espesarlo, lo habitual es recurrir a la maicena, la mantequilla o la harina, que obviamente incrementan las calorías del plato. Sin embargo, tenemos a nuestra disposición alternativas más recomendables. Por ejemplo, podemos agregar un pequeño machacado de frutos secos o, mucho más saludable, un triturado hecho con una pequeña cantidad de la propia elaboración.