Una de las mejores cosas de dejar atrás el verano no es decir adiós al calor sofocante, ni inaugurar la temporada de sofá y manta que tanto nos atrapa durante los meses más fríos del calendario. El otoño es una de las estaciones del año donde más recetas dulces encontramos.

Y no hablamos solo de las clásicas torrijas o los pestiños, sino de todo un surtido de postres tradicionales que nos ayudan a hacer más llevadera la bajada de las temperaturas. La calabaza, las castañas, las nueces, la manzana y otros productos de temporada brillan ahora en todo su esplendor gracias a estas recetas que se mantienen inalterables al paso del tiempo.

Buñuelos de viento

Foto: iStock.
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Como muchas de las elaboraciones típicas del otoño, los buñuelos de viento son un dulce que forma parte de la celebración del Día de Todos los Santos, que tiene lugar cada año a principios del mes de noviembre. Sin embargo, tal fue su acogida que la receta original comenzó a prepararse también durante el resto del otoño, convirtiéndose en uno de los postres más recurrentes. Sobre todo en la Comunidad Valenciana, de donde son originarios. Como muchos de vosotros ya sabréis, los buñuelos de viento son unas bolas de masa, elaborada con harina de trigo, manteca y huevos, fritas en aceite caliente. Su exquisito sabor procede de los muchos ingredientes que rellenan su interior, principalmente la crema, el chocolate y el chantilly.

Tarta de manzana

Otro clásico del otoño es la tarta de manzana, cuya tradición se ha extendido no solo por Europa, también por Venezuela o Estados Unidos, donde todavía sigue siendo un símbolo de su gastronomía. Aunque se trata de una receta que está presente durante todo el año gracias a la disponibilidad absoluta de su ingrediente principal, en otoño es cuando se recogen las manzanas más sabrosas y aromáticas, que otorgan a la tarta un toque mucho más especial.

La receta original consiste en una masa recubierta de manzana, que puede estar cortada en rodajas o en forma de compota. La masa se elabora con harina, agua, mantequilla y huevo; mientras que el relleno suele recurrir a tres variedades de manzana muy concretas: la reineta, la golden y las granny smith. Además, para darle cierta jugosidad y aromas añadidos, se puede emplear una capa de crema sobre los gajos de manzana y especias como la canela, la nuez moscada o el clavo.

Dulce de membrillo

Foto: iStock.
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El dulce de membrillo, también conocido como codoñate, carne de membrillo o ate, es un postre preparado a partir de la fruta del membrillo, muy típica de los meses de otoño y originaria de España y Portugal. Sin embargo, se trata de una receta que por su sabor y curiosa consistencia ha traspasado nuestras fronteras, llegando incluso a Grecia, Turquía o Puerto Rico, entre otros lugares. Y es que el árbol del membrillo es originario de Asia Menor y el Cáucaso, siendo los griegos y los romanos quienes lo trasladaron a España, donde en un principio se consumía cocido y endulzado con miel.

En cuanto a su elaboración, solo hay que cocer al vapor el membrillo hasta que esté tierno, trocearlo para conseguir una masa suave, añadirle la misma cantidad de azúcar y cocerlo de nuevo otros 40 o 50 minutos. Después, la masa se vuelca en un molde y se enfría durante tres o cuatro días para que adquiera esa consistencia semisólida tan característica.

Coquitos

Aunque en muchos puntos del planeta el coquito es un licor típico de Navidad hecho con crema de coco, ron blanco, leche condensada, canela y vainilla, en España es uno de los dulces más representativos del otoño. Se dice que su origen se remonta al reinado de Abderraman III, primer califa omeya de Córdoba, quien lo ofrecía a sus invitados durante las grandes celebraciones.

Más adelante, “en el siglo XVII, los coquitos eran preparados por las monjas de los conventos andaluces, era una época en la que en los conventos se realizaba lo mejor de la repostería hispana”, aseguran desde el blog Saboreando mis recetas. A día de hoy, dicha elaboración solo requiere un horno y tres ingredientes -coco rallado, huevo y azúcar-, aunque algunas variedades incluyen también leche condensada, hojas de menta o mantequilla.

Huesos de santo

Foto: iStock.
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Estamos ante uno de los dulces más presentes en las pastelerías durante la celebración del Día de Todos los Santos, junto a los buñuelos y coincidiendo con la recolección de la almendra, ingrediente principal del plato. Los huesos de santo son un postre hecho con mazapán, de color blanco y cuya forma alargada y cilíndrica pretende simular el hueso y su tuétano. No obstante, con el paso del tiempo, la receta se ha diversificado hasta incluir otras confituras como el coco, el cabello de ángel o la ciruela. Su elaboración se remonta a comienzos del siglo XVII, posiblemente en Valencia, pues aparece en el libro ‘Arte de cocina’ de Francisco Martínez Montiño, publicado en 1611.

Panellets

Si hay un dulce que triunfa en Cataluña durante los meses de otoño, esos son los panellets. Estos, tal y como se preparan actualmente, datan del siglo XVIII, cuando se usaba comida bendecida para compartir durante las celebraciones religiosas. Sin embargo, su auténtico origen está relacionado con la repostería árabe, dada su composición a base de almendras. Este es el ingrediente principal de la masa dulce que le da forma, además del azúcar, el huevo y la ralladura de limón. Mientras que el exterior está decorado con clara de huevo y una capa de piñones, que ahora ha dejado paso a otros aderezos como el cacao en polvo, las almendras fileteadas, el coco o el membrillo.

Tal es su popularidad que los panellets forman parte del sistema de calidad diferenciada de la Unión Europea gracias al título de Especialidad Tradicional Garantizada. Un honor que comparte con otros cuatro productos españoles: el jamón serrano, la torta de aceite de Castilleja de la Cuesta y la leche de granja certificada.