Quizás al pasar por la sección de frutas y verduras de una tienda de productos gourmet hayáis avistado un limón muy particular al que le han crecido dedos alargados. A pesar de su aspecto, ese fruto es de este mundo y la madre Naturaleza lo produce de manera espontánea sin que un humano en bata blanca haya intervenido en el asunto. Lo cierto es que os acabáis de topar con la aromática mano de Buda, una variedad de cidra cuya temporada se extiende desde septiembre a marzo.

Entre la parentela de este curioso y macizo fruto, oriundo del noroeste de la India, hallamos al limón y a la naranja. Pero empecemos por el nombre, ¿por qué se llama así? Al parecer porque se asemeja a unas manos entrelazadas orando. De hecho, abunda en los templos budistas, donde también sirve como ofrenda. Los que gusten de la literatura quizás hayan detectado ciertas similitudes entre la mano de Buda y el dios extraterrestre Cthulhu de H.P. Lovecraft, y un poco más cerca podemos detectar el parecido en 'Piratas del Caribe' y Davy Jones. Por lo tanto, esta fruta nos alimenta por partida doble: nuestro cuerpo y nuestro imaginario.

Muchas voces aseguran que la mano de Buda fue el primer cítrico que llegó a Europa gracias al interés de Alejandro Magno y sus tropas por las curiosas formas de esta fruta. Sin embargo, y a pesar de su parentesco con el limón, no encontraremos en la mano de Buda rastro alguno de semillas. Esta singularidad se explica porque estamos ante un fruto abortado cuya flor no ha sido fecundada, puesto que el pistilo de la planta es estéril.

Versatilidad en la cocina

Foto: iStock.
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Tampoco pasó desapercibida para Santiago Orts, experto en biología y alma mater de la empresa de horticultura Huerto Gourmet, que desde el campo de Elche se ha convertido en un laboratorio donde reivindica en la cocina especies tan singulares como la mano de Buda, cítrico que cultivan desde hace 14 años, entre otros curiosos especímenes.

“Lo primero que llama la atención es el aspecto tan poco habitual; a unos les parece que es semejante a una pata de gallina, a otros les parece como un pulpo”, explica a Alimente. Pero, sin duda alguna, y dejando al margen su particular aspecto, es su aroma uno de los principales reclamos de esta fruta: “La intensidad y potencia del aroma a limón de su piel no tiene rival con ninguna de las variedades de cítrico que se cultivan en nuestro país. Tan solo basta con tocarlo o acariciarlo con las yemas de los dedos y ya es suficiente para aromatizar tus manos; si flexionas uno solo de sus dedos, se perfuma la habitación entera”. Sus peculiares características, como reconoce Orts, han convencido a chefs como Pedro Subijana, quien lo emplea como ingrediente en uno de sus postres a base de cítricos exóticos.

Sin pulpa ni jugo

Por supuesto, la versátil mano de Buda se atreve con todo y es un alimento con gran desparpajo culinario que podemos incorporar a múltiples elaboraciones. Lo cierto es que este cítrico difícilmente reemplazará al limón, puesto que hablamos de una fruta carente de pulpa y, por lo tanto, de jugo, pero con una piel cuyas impresionantes cualidades aromáticas la convierten en perfecta para cocinar.

Basta con acariciarlo con los dedos para aromatizar ambas manos

“Los aceites esenciales de su piel aromatizan fácilmente platos como guisos, caldos, infusiones, postres, masas, helados o cócteles, especialmente en la preparación de gin-tonics. Por otro lado, cuando está madura la fruta, su parte blanca -albedo- es dulce y se puede comer en crudo, confitar en almíbar o sencillamente marcar a la plancha al final de láminas o dados y acompañar platos de pescados”, explica Orts.

¿Qué nos aporta?

Foto: iStock.
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A este original cítrico se le atribuyen propiedades digestivas, expectorantes y tónicas. Además, su aroma ha servido de inspiración desde la antigüedad para elaborar perfumes y cosméticos. Al igual que el resto de miembros de su familia, la mano de Buda nos proporciona vitamina C; además resulta rica en aceites volátiles y goza de un gran contenido en compuestos aromáticos como la cumarina, la limonina y la diosmina.

Aunque su precio es bastante más alto que el de los limones, pues se sitúa en los 15 euros el kilo, parece que a la larga podemos amortizar el desembolso pues se usa en ralladura y pequeñas porciones, explican desde Huerto Gourmet. “A temperatura ambiente aguanta con muy buen aspecto de 2 a 3 días. Luego sus dedos se reblandecen. En cámara se conserva entre dos semanas y un mes, como máximo”, precisan en el blog corporativo. En cualquier caso, parece más que evidente que la mano de Buda puede aportarnos el toque de sofisticación y aroma que buscamos en nuestros platos navideños. De esta manera, podremos agasajar tanto el paladar como el olfato de nuestros comensales.