A todos aquellos cocinillas entusiastas de lo dulce les encantará estrenarse estas fiestas con un turrón casero al que mucho tendrán que envidiar la inmensa mayoría de turrones que se venden en las tiendas. Si nos remontamos a su origen, el legado turronero que ahora degustamos en Navidad se adjudica a los árabes. En concreto, se cree que ellos fueron quienes trajeron este postre a las costas del Mediterráneo, especialmente a España e Italia. Sin embargo, tuvimos que aguardar hasta el siglo XV, época de Carlos V, para que en la provincia de Alicante se adaptara la receta.

Lo cierto es que, dado su alto coste de producción, este dulce acabó reservándose para momentos especiales. Obviamente, la Natividad fue la fecha más propicia para ello, en una España donde la Iglesia imperaba dentro la sociedad. Ahora, la industria trata de remontar esta costumbre y desestacionalizar su consumo.

Sirva esto para abrir boca y tomar posiciones en la cocina, pues tenemos la receta para elaborar tanto turrón blando como duro. Empecemos por el primero, más conocido como turrón de Jijona. Por cierto, ya que nos ponemos a ello, más vale decantarnos por una materia prima de calidad, así evitaremos que un mal producto arruine esta loable tentativa gastronómica. Si es posible, la elección adecuada es la estupenda almendra marcona y una miel española de primerísima calidad.

Turrón de Jijona

La primera pregunta que se harán muchos aficionados a este dulce es: ¿es difícil hacer turrón en casa? No, el único momento peliagudo y que reclama toda nuestra atención es al espesar la mezcla. De hecho, la masa puede quedar pegada en el fondo del cazo, lo que exige que la removamos sin cesar. Un truco para saber si el punto es el adecuado consiste en extraer una pequeña porción y dejarla enfriar. Si la masa queda solidificada, todo va viento en popa.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Ingredientes:

  • 300 g de almendras tostadas (sin sal y molidas)
  • 200 g de azúcar glas
  • 1 clara de huevo
  • 40 g de miel
  • 1/2 cucharada pequeña de canela
  • Ralladura de un limón

Empezamos poniendo el primer ladrillo de esta deliciosa estructura. En concreto, comenzamos tostando las almendras que hemos comprado crudas. Para ello, las introducimos en una bandeja de horno donde las tostaremos a 180ºC con aire o a 200ºC sin aire durante cinco minutos. No hay que despistarse. Así, en cuanto empiecen a coger color, las sacamos y dejamos que se enfríen. Después las trituramos en la batidora o en el robot de cocina, pero tendremos la cautela de ir haciéndolo en pequeñas dosis para evitar que las almendras pierdan calidad.

Dado su alto coste de producción, este dulce acabó reservándose para momentos especiales

A continuación, vertemos el azúcar y la miel en un cazo, y removemos continuamente durante la cocción. Cuando la mezcla sea homogénea y el azúcar se haya disuelto, dejamos que se temple y agregamos la clara de huevo. Es preciso que todo quede correctamente mezclado, así que toca remover con ímpetu. Es el turno de añadir la almendra molida, la ralladura de limón y la canela. Y otra vez toca pelearse con la masa para lograr esa preciada uniformidad.

Después vertemos la mezcla en el molde de turrón -los hay de acero inoxidable en tiendas especializadas- y, cómo no, habremos tenido la cautela de untarlo previamente con aceite. Podemos colocar un peso encima para ayudarlo a compactar. Ahora solo queda meterlo en la nevera, donde lo dejaremos reposar un mínimo de tres días y sin tocarlo, para que así la mezcla se adapte a la forma del molde y no perjudicar la consolidación de la misma.

Turrón de Alicante

Si nuestras ganas de buen turrón no decaen, podemos meternos en faena con el turrón de Alicante. Otro dulce que, de paso, dejará un olorcillo a Navidad en el aire de todo nuestro hogar.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Ingredientes:

  • 1/2 kg de miel
  • 750 g de almendra entera pelada
  • 125 g de azúcar
  • Obleas para el turrón
  • 1 limón
  • 1 clara de huevo

En primer lugar, montamos la clara a punto de nieve y la dejamos preparada para usarla más adelante. Después, derretimos la miel en una cazuela a fuego muy lento. Agregamos el azúcar y vamos removiendo hasta que se disuelva. Es importante que esto lo hagamos cada pocos segundos para que la mezcla no se pegue. Cuando haya alcanzado una textura semejante al caramelo, apagamos el fuego y añadimos la clara montada, con la precaución de remover de forma continua para evitar que cuaje.

Una vez que todos los ingredientes estén bien mezclados, encendemos el fuego y removemos hasta que espese. Es en ese momento cuando añadimos las almendras. Mezclamos bien y vertemos la masa en el molde que hayamos preparado. Debemos esperar a que se enfríe a temperatura ambiente, para luego dejarlo entre dos o tres horas en la nevera donde se endurecerá aún más.