Entre los platos de marisco, en España tenemos mucha predilección por los que se preparan con crustáceos decápodos -los que tienen diez patas-, más concretamente por los langostinos, las gambas, los camarones o las cigalas, de aspecto muy similar. Estos se comen en caliente, en frío, con salsas, en arroces, en épocas de celebración como Navidad o incluso en días normales. En general, suelen ser de uso común.

A la hora de cocinar estos crustáceos, puede surgir la duda de cuál es el más adecuado en la cocina. Por este motivo, conviene saber las diferencias entre langostinos, gambas, camarones, carabineros y cigalas, además de conocer en qué recetas casa mejor cada especie.

Camarones

En los países latinoamericanos llaman camarones a todos los tipos de gambas y langostinos, pero en España nos referimos a la variedad más pequeña de esta familia. Estos tienen un sabor muy concentrado e intenso, y por su tamaño se disfrutan en elaboraciones donde varios ejemplares son devorados en un solo bocado.

Una de las recetas donde más destacan y es muy común encontrarlos es en las tortillitas de camarones, típicas de la provincia de Cádiz. Esta es una fritura en la que se elabora una masa con harina de trigo, harina de garbanzos, cebolla, perejil y unos camarones de muy pequeño tamaño -en este caso, es frecuente emplear los que se usan como cebo-, que se cocina en aceite de oliva.

Tortilla de camarones. (iStock)
Tortilla de camarones. (iStock)

Gambas

Estas son más grandes que los camarones, pero más pequeñas que los langostinos. Suelen tener unas dimensiones de entre 6 y 10 centímetros, y un caparazón flexible y suave. Por la cantidad que tienen de carne y lo jugosa y blanda que están, se suelen preparar en recetas donde se comen enteras directamente. Por ejemplo, en elaboraciones al ajillo, en cócteles, cocidas o a la plancha y con sal. También se pueden usar para hacer caldos de marisco o sofritos de arroces y fideuás.

Son más caras que los langostinos y básicamente existen dos variedades: la gamba blanca, la más común y económica, y la roja, algo más grande, de intenso color, con más sabor y mucho más valorada a nivel gastronómico y monetario.

Langostinos

Este es uno de los mariscos más vistos en las mesas españolas y en los banquetes de grandes celebraciones. Son más grandes -en torno a los 12 centímetros de media- y gruesos que las gambas, y su carne es más dura y algo menos jugosa. Por ello, son también más económicos. Se pueden utilizar en las mismas recetas que las gambas, aunque destacan menos por la diferencia de texturas cuando se cuecen o preparan a la plancha.

Donde sí se pueden usar para que aporten todo su sabor a mar, como se ha mencionado anteriormente, es en caldos de marisco para hacer arroces, fideuás, paella o cocinar un suquet.

Langostinos.
Langostinos.

Carabineros

Esta variedad de crustáceo es fácilmente reconocible si se compara con los anteriormente citados. Tiene un tamaño mayor que oscila entre los 20 y los 40 centímetros y un intenso color rojo. Su sabor es mucho más fuerte y la cabeza destaca especialmente por su increíble potencial. Gracias a sus características, los carabineros se han convertido en uno de los alimentos más cotizados del mercado. Su particular gusto a mar hace que se utilice para hacer sopas y cremas de marisco, pero también acepta elaboraciones a la plancha en las que se pueda degustar su intenso sabor.

Cigalas

Las cigalas, aunque tengan un color similar a las gambas y los langostinos, se identifican rápidamente. A simple vista, se puede ver que tienen un caparazón duro y que cuentan con unas tenazas en sus dos extremidades delanteras. En cuanto a su tamaño, miden en torno a los 15 y los 25 centímetros. Bajo el caparazón externo, se encuentra una carne que resulta fina y jugosa.

Estos crustáceos también se suelen cocinar cocidos y a la plancha, dando lugar a un entrante muy típico de celebraciones y días importantes. No obstante, una receta típicamente española en la que las cigalas gozan de protagonismo es la paella, donde aportan su sabor a mar al sofrito a la vez que dan un toque muy vistoso sobre el plato.