Uno de los mejores planes cuando llega el invierno es deslizarse por infinitas pistas nevadas y luego reponer fuerzas con platos contundentes y calentitos alrededor de una chimenea. Hoy os descubrimos guisos tradicionales vinculados a algunas de las zonas montañosas más populares de Europa.

Los Alpes franceses es uno de los destinos más visitados por los españoles amantes del esquí. La influencia de la buena cocina francesa también llega hasta aquí y se pueden probar especialidades contundentes que reponen el cuerpo y alivian el estómago después de una intensa jornada de actividad y deporte. Os desvelamos algunas de las recetas que no os podéis perder.

Si sois amantes tienen que probar el kaiserschmarrn. Es un postre elaborado a base de crepes dulces

  • El queso es uno de los ingredientes estrella de la gastronomía francesa y tampoco falta en la región de los Alpes. El tartiflette es un plato ideal para los más queseros. Se prepara con queso beaufort -considerado por muchos como el mejor de los gruyeres- o reblochon. El plato consiste en patatas asadas y troceadas a las que se acompaña con buenos trozos de tocino, cebollas, pimienta y vino blanco. Después se mezclan los ingredientes y se funden al horno.

Tartiflette.
Tartiflette.

  • Crozet gratinado. Es una receta muy similar al tartiflette, pero en vez de patatas se utilizan crozets. Son unos fideos pequeños y cuadrados muy típicos de la región alpina de Saboya. Se elaboran gratinados con queso reblochon, crema y tiras de panceta. En esta zona no dejéis de visitar L’Antigel, un restaurante de cocina tradicional instalado en una acogedora cabaña de madera con chimenea y rodeada de ventanales que regalan preciosas panorámicas nevadas. Si buscáis un alojamiento con excelente gastronomía, vuestro sitio es La Bouitte.
  • Orejas de burro. Es un plato tradicional del valle de Valgaudemar y de Champsaur. Su nombre procede de unas plantas silvestres cuyas hojas al crecer adquieren la forma de orejas de burro. Consiste en un gratinado de espinacas horneado entre láminas de crepes o al estilo de una lasaña.
  • Y aunque posiblemente ya lo conozcáis porque es un plato nacional, otra receta emblemática muy demandada en las pistas y que no puede faltar en las jornadas más gélidas es la soupe à l’oignons (sopa de cebolla). Se prepara con trocitos de pan, caldo de carne, cebolla caramelizada, brandy, queso emmental y se gratina al final.

Sopa de cebolla.
Sopa de cebolla.

Tratándose de un destino francés los vinos también cobran importancia. En la zona del parque natural de Chartreuse hay que probar Apremont y Les Abymes. En la orilla francesa de lago Lemán los imprescindibles son los vinos blancos procedentes de la uva chasselas.

Las montañas austriacas son también un punto de encuentro frecuente para los apasionados de los deportes de invierno. Comenzamos la ruta gastronómica por el entrecot esterhazy, un estofado de ternera muy popular. El nombre se debe a un príncipe y comandante cuyo nombre era Nikolaus Esterházy. Se elabora con carne, cebollas, mantequilla, crema agria, mostaza, alcaparras, perejil picado y ralladura de limón. Se suele acompañar de una guarnición de arroz y albóndigas de pan.

El berner platte tiene un origen histórico: la derrota de los franceses frente a soldados suizos en Neuenegg

Si sois amantes del dulce, tenéis que probar el kaiserschmarrn. Es un postre elaborado con una especie de crepes dulces y gruesos que contienen más huevos de los que se utilizan en la receta habitual. Su masa suele estar caramelizada y lleva pasas, almendras molidas, trozos de manzana (o de otras frutas) y azúcar glas espolvoreado. Se suele comer acompañado de un bol de compota de frutos rojos, fresas, ciruelas… Aunque se trata de un postre, es una comida tan completa que en algunos lugares se sirva como almuerzo.

Si os queréis dar un capricho en la zona más exclusiva, Lech, haced una parada a media tarde en el restaurante Rud Alpe (frecuentado por celebrities) para deleitaros con su strudel.

Strudel.
Strudel.

Dejamos atrás Austria para adentrarnos en las cumbres nevadas de las montañas suizas y en sus paisajes de ensueño mientras descubrimos sus especialidades culinarias, todas ricas en calorías.

  • Comenzamos con el berner platte que tiene su origen en un acontecimiento histórico: la derrota de las tropas francesas frente a los soldados suizos en la ciudad de Neuenegg, situada en el cantón de Berna. La celebración se preparó con tan poco tiempo que solamente pudieron degustar una mezcla de las viandas que quedaban almacenadas. Hay muchas modalidades y variantes, pero se compone principalmente de carnes y embutidos, tocino ahumado, lacón, paletilla de cerdo… Se suele condimentar con varias especias y se sirve con patatas cocidas.

La olla aranesa es la receta más popular del valle de Arán y la más famosa de nuestra cocina de montaña

  • El zürcher geschnetzeltes es una de las especialidades más populares de la cocina zuriquesa. Se elabora con ternera cortada muy fina, vino blanco, nata, caldo de carne y unos deliciosos champiñones. A veces se añaden también riñones de ternera. Está delicioso.
  • Sin duda, en las veladas suizas nocturnas, una tradición imprescindible es reunir a los amigos alrededor de una mesa en la que está hirviendo una raclette de queso acompañada de trocitos de pan, embutidos, pepinillos y patatas. Todo ello regado con un buen vino. Su origen procede de los almuerzos de sus pastores, que acercaban el queso a la misma lumbre en la que asaban las patatas. Cuando el queso estaba derretido lo raspaban para extenderlo sobre las patatas y algún trozo de embutido.

Todo listo para una raclette.
Todo listo para una raclette.

  • Algunos de los platos más reconfortantes de la cocina suiza llegan en forma de guisos de cuchara. No dejéis de probar el hafenchabis, un puchero de carne cordero o cerdo con coles, y el stunggis, una especie de cocido de verduras que se acompaña con cerdo.

El sueño de muchos apasionados del esquí es visitar alguna vez St. Moritz. Una parada obligada aquí es El Paraíso, un restaurante con unas panorámicas sobrecogedoras.

Restaurante El Paraíso.
Restaurante El Paraíso.

Y por supuesto no podemos dejar de lado nuestro territorio patrio, donde contamos con destinos excepcionales para una escapada de nieve y que ofrecen una gastronomía autóctona de chuparse los dedos.

  • La olla aranesa es, posiblemente, la receta más popular del valle de Arán y de la más representativas entre nuestra cocina de montaña. Es un plato casero, cocinado a fuego lento, ideal para las épocas invernales cuando el frío aprieta. Para su elaboración se superponen verduras, carnes, legumbres y fideos, aunque cada familia la cocina a su manera. En el restaurante Eth Restilhè sirven una de las más ricos.
  • En La Cerdanya hay que probar el trinxat, elaborado a base de patata y col de la zona (es muy aromática y no tiene cogollo, solo hojas). Se acompaña de panceta y ofrece el aspecto exterior de una tortilla española.
  • Es cierto que las migas se pueden degustar en muchos parajes de nuestra geografía, pero nada más genuino que disfrutarlas a la pastora en el Pirineo Aragonés. Se preparan con ajos, tocino, longaniza, chorizo o morcilla -con las variantes propias de cada casa- y se suelen comer acompañadas de uvas y huevos fritos. Los boliches son otro bocado pirenaico que sienta fenomenal. Se trata de una apreciada legumbre, redondeada y muy fina. Se cultiva de forma tradicional y su producción es limitada. Algunos las preparan cocidas, simplemente aliñadas con aceite de oliva. Pero su mejor versión se acompaña de oreja y morro de cerdo.