"Nuestras acciones obran sobre nosotros, tanto como nosotros obramos sobre ellas". Esta cita de George Eliot, pseudónimo de la escritora británica del siglo XIX Mary Anne Evans, es una clara y concisa explicación de que la buena educación es el reflejo de mucho más que conocer, tan solo, las reglas de protocolo. De estas hay miles, desde no arrastrar los pies hasta la posición de dedos específica que debe adoptar un comensal en la mesa. Por supuesto, seguirlas todas al pie de la letra en pleno siglo XXI, en el que gran parte de ellas han sido olvidadas y las costumbres han variado tantísimo, puede conferirnos el 'título' de esnobs.

Eso no quita que en una cena o comida en sociedad no queramos hacer el más absoluto de los rídículos. Jamás se nos ocurriría comer con la boca abierta o usar las manos para llevarnos un filete directamente a la boca para desgarrarlo con los dientes.

La sopa ni se sorbe, ni se chupa, ni se sopla ni se deja gotear

Pero, como ya hemos dicho, hay multitud de reglas de protocolo a la hora de comer y la elección de nuestro menú puede complicarlas todas considerablemente. Por ejemplo, es posible comer gambas y maríscos sin tocar, en ningún momento, el producto con nuestros dedos, sirviéndonos única y exclusivamente del tenedor y del cuchillo, pero es muy difícil. Del mismo modo es prácticamente igual de complicado comer espaguetis de forma honrosa (la cuchara para ayudarnos está absoluta y terminantemente prohibida por todos los manuales de protocolo).

El problema es que hay otras preparaciones que parecen absolutamente fáciles, a prueba de errores de protocolo, pero no lo son. Este es el caso de la sopa. Con este plato son tan importantes los 'debes' como los 'ni se te ocurra'. Para que podamos comerla con total y absoluta seguridad, incluso en una cena de Estado, aquí os proporcionamos las claves.

Qué hacer

Lo primero es situar correctamente la cuchara entre nuestro dedos. Para conseguirlo, pondremos la parte cóncava hacia arriba y pondremos el mango entre la punta de nuestros dedos anular e índice, asegurándola con el pulgar.

Lo siguiente es la posición relativa a nosotros que tiene que tener la cuchara: siempre transversal o, por decirlo de otro modo, que siempre veamos de lado el cubierto.

En China esto será aceptable. Aquí no. (iStock)
En China esto será aceptable. Aquí no. (iStock)

A continuación llevaremos hasta la sopa el utensilio y la hundiremos por su extremo más alejado hasta que se cargue de líquido, aléjandola de nosotros hasta que llegue al borde opuesto del plato o tazón.

Después, justo en el borde del plato, de forma extraordinariamente suave, deslizaremos la parte inferior de la cuchara para eliminar el exceso de líquido y que no gotee.

Por último, llevaremos la cuchara hasta nuestra boca y colocando el lateral de su cuenca junto a nuestros labios y dejaremos caer su contenido.

Qué no hacer jamás

Hasta aquí todo ha resultado muy fácil, pero se acabó. Lo primero: la sopa no se sorbe. Si hemos tenido la desdicha de estar en un restaurante junto a alguien que hacía tal cosa, habremos acabado de los nervios. La sopa se deja caer dentro de la boca, no se chupa.

En nuestra casa, si tenemos muchísimas ganas de un caldo calentito, podremos, si su temperatura supera los límites humanamente posibles, soplar ligeramente para enfriarla. Eso sí, con gente a nuestro alrededor, la sopa no se sopla. Se espera a que enfríe lo suficiente como para ser humanamente comestible.

Se come del lateral de la cuchara, no de la punta. (iStock)
Se come del lateral de la cuchara, no de la punta. (iStock)

Otra cosa que tendemos a hacer y que está mal vista es acercar nuestra cabeza hacia la cuchara hasta que se encuentren a medio camino. Esto, unido a que también está mal que la cuchara gotee implica que deberemos tener un pulso de lo más estable y firme, lo que puede resultar muy complicado.

Además, el protocolo occidental de la sopa trae consigo hacer el menor ruido posible a la hora de comerla, por lo que deberemos abstenernos de rebañarla sonoramente. Si nos queda muy poca y es difícil conseguir que entre dentro de la cuchara, podremos elevar ligeramente el plato por el extremo más cercano a nosotros.

Por último, jamás deberemos, al contrario que los asiáticos, llevarnos el recipiente a la boca.

Como ha quedado claro, comer sopa siguiendo el protocolo requiere un gran nivel de concentración por nuestra parte, pero bien rica que estará.