¿Quién dijo que las terrazas son solo para el verano? Algo que hace apenas unos años era impensable, ver en pleno enero a los clientes abarrotándolas en los restaurantes, al calor de las estufas y de las mantas, es hoy en día de lo más habitual y una moda con clara tendencia a la alza. Y no solo entre fumadores. Repasamos algunos de los establecimientos en los que disfrutar de un espacio abierto este invierno, sin pasar frío y, por supuesto, comiendo rico.

Dogma

Dogma.
Dogma.

Inaugurado el pasado verano, estos meses han sido suficientes para que tanto su restaurante interior como su terraza, esta última con capacidad para 50 comensales, se hayan ido haciendo conocidos en Madrid. Se trata de un espacio acristalado y acondicionado con estufas para poder ser utilizado en los meses de frío y rodeado de un entorno ajardinado. Su cocina, a cargo de Joaquín Felipe Peira, chef ejecutivo del grupo El Pradal, ofrece platos mediterráneos para compartir, con arroces y pastas, además de carnes, pescados y mariscos a la parrilla. Entre sus postres, lemon pie, sorpresa selva negra y espuma de yogur ecológico con frutos rojos y algodón de azúcar. Merece la pena pasarse después de cenar por la coctelería del restaurante, liderada por Sara Siles, y probar alguno de sus cócteles de autor. En C/ Alberto Alcocer, 43.

Arzábal

Arzábal.
Arzábal.

Con dos años de vida, esta terraza, situada en el Museo Reina Sofía (con entrada independiente), está abierta todas las estaciones y dispone de zonas paneladas con calefactores por infrarrojos, cenador acristalado con chimenea y zona de parrilla, todo ello en más de 700 metros cuadrados. Su carta es la misma que la del resto de los espacios Arzábal, a cargo de Álvaro Castellanos e Iván Morales. En ella, amplísima, priman los productos de temporada y ocupan un lugar destacado los ahumados y salazones, las conservas, el marisco, los embutidos y los quesos, así como las carnes y los pescados a la brasa. De estos últimos destacan, entre las carnes el tomahawk y la chuleta de vaca rubia gallega, y entre los pescados, el rodaballo salvaje y el cogote de merluza. En C/ Santa Isabel, 52.

Saporem

Saporem.
Saporem.

Ni azoteas ni terrazas a pie de calle. Los espacios abiertos de los dos restaurantes Saporem son más bien terrazas interiores o patios, en los que la sensación es completamente la de estar al aire libre. Una de ellas, la perteneciente al local de Chueca, tiene una decoración moderna, con unas impresionantes lámparas que cuelgan de un techo infinito; mientras que la del establecimiento del barrio de Las Letras está rodeada por un refrescante jardín vertical y las noches de los fines de semana ofrece música en directo. La carta de ambos es juvenil y desenfadada, ideal para compartir, con platos como sus ensaladas y ensaladilla, sus croquetas de gorgonzola o sus huevos rotos con foie. Entre sus especialidades destacan la pizza Saporem (canónigos, clabaza, champiñón, aceite de trufa y parmesano), el tataki de atún con fresas y perlas de wasabi o el steak tartar. Con el comienzo del año han transformado su carta, convirtiendo la mitad de sus platos en aptos para celiacos. Y los fines de semana, a la hora del aperitivo, los dos restaurantes se convierten en una típica vermutería madrileña. En C/ Hortaleza, 74 y en C/ Ventura de la Vega, 5.

Terraza de La Reina

Terraza de La Reina.
Terraza de La Reina.

Un espacio a prueba de frío gracias tanto a sus potentes estufas como a sus sillas, cubiertas de suaves mantas de lana. La terraza admite planes de todo tipo, desde un aperitivo a una comida informal, un cóctel en el afterwork o una cena seguida de una copa. Sus especialidades son las pizzas y los sándwiches y entre las primeras destacan la Carnívora (de bacon, jamón cocido, pepperoni y mozzarella) y la Ibérica (con jamón ibérico, champiñón, albahaca y mozzarella). Los sándwiches más solicitados son el de pollo asado con mozzarella, emmental, champiñón, mayonesa y mostaza suave y el clásico mixto. En cuanto a los cócteles, hay una buena variedad de mojitos (nos llama la atención el de violeta, con ron, hierbabuena, lima y violeta) y de daiquiris. En la Plaza de Pedro Zerolo.

Picalagartos

Picalagartos.
Picalagartos.

Este sky-bar permite contemplar los tejados de Madrid desde su situación privilegiada, en Gran Vía, 21, y cenar cómodamente en invierno gracias a su espacio acristalado. La oferta gastronómica corre a cargo del chef Javier Muñoz-Calero y es eminentemente capitalina, con conservas, embutidos, salazones y encurtidos (sus gildas y matrimonios están siempre solicitados) como entrantes, además de sus bravas Montera (milhojas crujientes de patata, aceite de pimentón, alioli suave y salsa brava ahumada). Los siguen ibéricos y productos de la huerta, así como carnes y pescados elaborados en un horno especial que cocina a la brasa. El casticismo del cocinero queda también claro en los postres, entre los que encontramos un helado de violeta con barquillo madrileño artesanal. El sumiller y jefe de sala es Javier Arroyo (ex-Diverxo) y la responsable de coctelería, con una refinadísima selección, es el bangladeshí Jöel Jamal. En la azotea del hotel NH Collection Gran Vía.

Comala

Restaurante Comala.
Restaurante Comala.

Su terraza a pie de calle, acristalada y perfectamente aclimatada para no pasar frío aunque afuera nieve, invita a sentarse frente a sus mesas y probar su cocina, un mestizaje gastronómico entre México y España, al que se añaden también algunos toques orientales. Su literario nombre, que hace referencia a la ciudad de 'Pedro Páramo', la novela magistral del mexicano Juan Rulfo, ya nos da una idea de por dónde irán sus platos. Nada convencionales en la carta, si bien cuenta con un menú diario con platos bien conocidos y eminentemente españoles, desde un bacalao ajoarriero a una fabada asturiana o unas judías verdes salteadas con jamón. Pero volviendo a la carta, sí encontramos en ella esa mezcla entre ambas gastronomías. Clara prueba de ella es el tuétano con setas y cremoso de chipotle; y hay que probar alguna de sus abundantes tortillas artesanas de trigo. En la Plaza de la Lealtad, 3.

Doñaluz

Doñaluz.
Doñaluz.

Una azotea con vistas a la Puerta del Sol abierta todo el año. Se puede contemplar desde ella el atardecer al abrigo de una buena manta y también desde su interior, acristalado y decorado en un ambiente cálido y caribeño, inspirado en Cartagena de Indias. En el mismo restaurante encontramos una barra, mesas altas y bajas, para ocupar unas u otras según pensemos en una cena más o menos formal. Entre sus platos hallamos una fusión entre la cocina europea, española principalmente, y la latinoamericana, con una gran selección de arepas, que conviven felizmente con hamburguesas de ternera y tablas de jamón ibérico. En C/ Montera 10-12.