Muchos estamos acostumbrados a comer o cenar en restaurantes donde el ruido es uno más de los invitados. Hasta ahí, todos de acuerdo. Aceptamos ruido como animal de compañía. Pero una cosa es comer con el clásico runrún de fondo de un comedor movidito y otra bien distinta es hacerlo en plena mascletá gastronómica. Lo primero incluso se agradece, que a veces resulta incómodo -por no decir sospechoso- comer en un sitio donde reina un silencio absoluto, pero lo segundo no es plato del gusto de nadie, que hay locales que son tan ruidosos que casi te sale mejor comunicarte por Whatsapp con tu acompañante.

"El nivel de ruido depende de la cantidad de personas. Parece sencillo pero no lo es"

Vale, quizá sea exagerado, pero de lo que no hay duda es de lo desagradable que resulta un banquete si el nivel de ruido supera lo humanamente aceptable. ¿Y cuál es la línea que divide al bien del mal? Una muy fina que no se ve pero sí se siente, esa que te permite hablar sin necesidad de quedarte afónica y esa que no te obliga a escuchar cada detalle de la conversación de la mesa de al lado. Es lo que se conoce como confort acústico, con el que no hace falta gritar para hacerse escuchar y con el que se respeta al oído, uno de los sentidos que entra en juego en la buena mesa.

Comer y charlar no está reñido

Cada vez más locales se dejan persuadir por la filosofía del 'restaurante silencioso', esa dirección en la que se han llevado a cabo una serie de intervenciones para que su clientela pueda comer sin ruidos. Hay muchos factores que se pueden intentar controlar, como reducir los sonidos procedentes de aparatos de radio, música o televisión, de las máquinas de electrodomésticos, de la fontanería o de los propios sistemas de calefacción, aunque hay una serie de medidas fundamentales.

Una de ellas es la capacidad del espacio y su construcción, ya que siempre será más fácil conseguir un confort acústico agradable en un lugar chiquitito y edificado con este objetivo. "El nivel de ruido depende básicamente de la cantidad de personas y de otras fuentes de sonido por unidad de volumen. Parece sencillo pero no lo es, ya que afecta directamente al aforo de los restaurantes, cuestión básica para su rentabilidad, y no depende tanto del diseño interior, sino de la arquitectura de los locales, cosa sobre la que normalmente no es posible intervenir", aclara Pello Basurto, del estudio Ping Pong Arquitectura.

Ramón Freixa en el hotel Único de Madrid.
Ramón Freixa en el hotel Único de Madrid.

Otro de los puntos clave es el diseño interior, donde sí pueden tomar partida. Por ejemplo, la reverberación es un factor a tener en cuenta, por eso los materiales escogidos para vestir la sala son fundamentales. "Las voces y sonidos se reflejan en las paredes, techos y suelos para llegar de forma caótica a nuestros oídos. Reducir esto depende de la capacidad de absorción acústica de los materiales utilizados, por lo que se puede controlar bastante bien. Los techos acústicos, que hay algunos asequibles, y los textiles en mesas, sillas e incluso cortinas son las formas más económicas de actuar, por eso utilizamos materiales de alta absorción acústica. El mobiliario tapizado, las cortinas y moquetas, los manteles, las plantas y los elementos de separación, incluso los cuadros en las paredes y demás enseres decorativos también contribuyen a la mejora del nivel de reverberación en la sala", explica.

Aunque parezca obvio, la distancia entre mesas no es baladí, todo está pensado. "No existe una distancia mínima que garantice evitar escuchar al vecino, ya que depende de la cantidad de personas que en ese momento haya en el restaurante, del sonido ambiente y de la posición de los comensales. Pero para hacernos una idea, si pensamos en una bancada de una cafetería más o menos llena, 60 centímetros entre las dos mesas puede ser suficiente. O no, como te digo depende del momento y de otros factores", afirma Basurto.

Restaurante Santceloni.
Restaurante Santceloni.

Otro componente a tener en cuenta son los ruidos procedentes de la calle y el nivel de confort de los vecinos del edificio. Hablamos con Ignacio Redruello, de Arquitectura Invisible. "Los ruidos de la calle se solucionan con carpintería estanca y vidrios laminados con butiral acústico. Esta solución es válida también a la inversa, aislando el ruido del local hacia la calle y los vecinos. El aislamiento acústico se realiza con un estudio independiente, con un técnico cualificado que mide la trasmisión sonora del espacio a las viviendas contiguas y aporta soluciones para un aislamiento adecuado superior al CTE (Código Técnico de Edificación)".

Pero ¿y qué pasa con los ruidos procedentes de la cocina? "Lo ideal no es que la cocina se coloque fuera o en otra planta diferente a la sala (que ayudará), sino que el extractor o la campana extractora esté ubicada en el exterior, preferiblemente en la cubierta del edificio", concluye Redruello.

Intervenciones en Madrid

No son pocos los locales de Madrid que apuestan por combatir el ruido en sus comedores, ya sea con sofisticadas iniciativas y grandes inversiones, ya sea con la combinación de otras medidas más asequibles para el bolsillo. Por citar algunos ejemplos están Sushita Café, La Terraza del Casino, Santceloni, Ramón Freixa, Punto MX, Coque, DSTAgE o Alabaster, que forman parte de la plataforma Comer sin Ruido, una web que recoge establecimientos que reúnen las condiciones óptimas para que comer también sea un placer para el oído.

Por su parte, Ping Pong Arquitectura ha intervenido con dicho cometido en restaurantes como La Gabinoteca, Cachivache, La Raquetista o Fismuler, mientras que Arquitectura Invisible ha hecho lo propio en La Ancha y en la nueva Taberna Pedraza.