No entres, cuidado con el fuego, deja la harina, no toques, vas a derramar el aceite… Suele ser norma que muchos padres y madres mantengan alejados a sus hijos de los fogones por miedo a quemaduras, suciedad y un sinfín de peligros o desastres que rondan la cabeza cuando se pisa la cocina. Es un error. Cada día cobra más fuerza el hecho de que los niños y niñas que cocinan, hacen la compra o se sientan a la mesa con sus padres siguen patrones alimenticios más saludables en la edad adulta.

Son muchos los factores que han precipitado la necesidad de poner freno a la mala alimentación de los menores. Desde el punto de vista sociológico, “en los hogares españoles se dedica menos tiempo a cocinar y los hábitos alimenticios están cambiando, hacia dietas más rápidas. Desde el punto de vista de la industria, lo que vemos es que la oferta de productos precocinados ha aumentado espectacularmente en los últimos años y eso merma la cocina y la alimentación tradicional, que es la más saludable”, indica Ana Lucas, psicóloga clínica EMDR.

"Últimamente somos más permeables a que los niños coman lo que les gusta por encima de lo que les conviene"


La perspectiva psicológica habla de que “se han relajado los límites en la educación de los niños y somos más permeables a que coman lo que les gusta por encima de lo que les conviene. Además, la teoría de la psicología evolutiva nos muestra que durante la infancia los niños aprenden hábitos y pautas, incluidas las alimenticias, y durante la adolescencia se deberían fijar esos hábitos aprendidos. Pero la realidad es que el periodo al que hace algunos años denominábamos infancia y adolescencia está cambiando con demasiada rapidez”, insiste la experta.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Al alcance de la mano, sin embargo, una medida sencilla, económica y que da resultados. Amil López Viétiez, doctora en farmacia, nutricionista y creadora de la Dieta Coherente, reconoce que “tener habilidades culinarias y conocimientos sobre alimentación equilibrada desde la infancia facilita mantener un estilo de vida y realizar elecciones más saludables. Además, al llegar a la edad adulta les permitirá organizarse mejor y gastar menos presupuesto en la cesta alimentaria”.

No solo: “Toman conciencia de la cocina como algo que forma parte de ellos. Descubren la importancia de alimentación en su salud. Se involucran en tareas antes relegadas a los padres, se responsabilizan y aprenden a recoger, guardar y conservar alimentos, etc. Conocen reacciones químicas de los alimentos, qué pasa cuando se mezclan algunos ingredientes... Aprenden a ser curiosos”, recuerda Teresa Gil, chef de Teresa pon la Mesa, donde se imparten talleres de cocina a menores. Una iniciativa creciente, donde “les enseñamos platos sanos y equilibrados, presentados y cocinados de forma atractiva. Proponemos menús completos y les explicamos la importancia de la pirámide nutricional”, insiste.

La cultura culinaria, de la tele a casa

De hecho, el éxito de “programas como 'MasterChef' ha introducido la cultura culinaria en todos los hogares. Ahora cuando ponemos un plato en la mesa, queremos que esté rico, que sea saludable y que además tengas una buena foto. Hace poco esto era impensable. No solo disfrutamos más de la alimentación, también nos importa el producto, la elaboración y que sea saludable. Que los niños de la casa participen de esta actividad es fundamental para que aprendan y aprecien la comida y, por supuesto, la mejor forma de que generen hábitos saludables”, recomienda la psicóloga Lucas.

Un argumento refrendado por estudios, como el publicado en ‘Journal of Nutrition Education and Behaviour’. Realizado por investigadores de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, se trata de uno de los pocos que ha hecho un seguimiento a largo plazo (10 años). Los participantes (de 18 a 23 años), pertenecientes a la investigación ‘Proyecto de alimentación y actividad en adolescentes y adultos jóvenes’, fueron evaluados sobre sus habilidades culinarias, preparación de platos con verduras, con qué frecuencia comían en familia y cuántas veces acudían a restaurantes de comida rápida. Diez años después, los datos constataron unos hábitos nutricionales más saludables entre los que cocinaban.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Igualmente, un estudio realizado por científicos del Centro de Investigación Nestlé en Lausana (Suiza) concluyó que los niños que participan en su casa en la preparación de comida comen una mayor cantidad de verduras en comparación con los que aguardan 'a mesa puesta'. El trabajo se llevó a cabo con 47 padres acompañados de un hijo o una hija de entre 6 y 10 años. Los menores aprendices de cocina comían un 76% más de ensaladas, un 27% más de pollo y consumían un 25% menos de calorías en comparación con los que esperaban 'a mesa puesta’. Además, los investigadores concluyeron que aquellos niños que ayudan a sus padres en la cocina se sienten a su vez más orgullosos, más independientes y de mejor humor.

“El hecho de cocinar los alimentos desarrolla una actitud positiva hacia los mismos, les predispone a probarlos y a darse cuenta de lo buenos que están y lo necesarios que son para la salud”, recuerda la chef Teresa.

"Es importante que los niños vean este aprendizaje de forma lúdica y como una ventaja, no como una imposición"


La búsqueda de fórmulas para poner freno al sobrepeso y la obesidad infantil (en España, el sobrepeso se sitúa en torno al 40% y 1 de cada 5 es obeso) y fomentar de forma precoz en una alimentación saludable ha fomentado la creación de muchas iniciativas, desde guías y libros hasta juegos interactivos, como el de la Asociación General de Consumidores (ASGECO), disponible en su web y en la app 'Con la comida SÍ se juega 2.0'.

“Es interesante dotarles de este tipo de herramientas. También desde una perspectiva transversal en varias asignaturas y apoyándose en actividades, eventos o charlas. Mediante un aprendizaje significativo y estrategias lúdicas para que lo vean como una oportunidad y ventaja en lugar de como una imposición”, defiende la nutricionista Amil López.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Hay que insistir, también, “en que la familia es el primer entorno donde los niños aprenden e imitan lo que hacen los mayores. Las recomendaciones que damos es que la familia comparta esos momentos de los desayunos o las comidas del fin de semana. En cada casa hay una cultura en torno a la alimentación: quién prepara la comida, quién ayuda a poner y quitar la mesa, cómo es el ambiente durante la comida y por supuesto la dieta. Todo ello forma parte no solo de la alimentación, sino del aprendizaje básico y la evolución personal de cada miembro de la familia”, recuerda Ana Lucas.

Sin “olvidar que el tiempo de la comida puede ser un buen espacio para comunicar, conocer, inculcar y compartir todo tipo de inquietudes, además de hábitos alimenticios. Así que la familia influye mucho y el tiempo de las comidas es un buen momento para educar a nuestros hijos”, apostilla.