Comienza la temporada de fresas, una de las frutas con más presencia en nuestras mesas, ya sea solas, con una pizca de azúcar, acompañadas de nata o chocolate, o como ingrediente de otras elaboraciones como zumos, postres, ensaladas, batidos o mermeladas, a las que aportan intensidad aromática y un suculento toque dulce. Las auténticas pertenecen al género de las Fragaria vesca y son silvestres, puesto que crecen de manera natural en los bosques de los Alpes. Las fuentes nos dicen que los romanos ya las consumían y además las consideraban un manjar y signo de distinción. Su reputación se mantuvo a lo largo de los años; de hecho, en la Edad Media se les atribuían propiedades curativas, pues se creía que mezcladas con extracto de perlas curaban la lepra.

Fresa y fresón no son lo mismo

La variedad que consumimos en Europa es un antepasado de otra que se cultivaba en Chile. Los norteamericanos la cruzaron con varias especies durante el siglo XVIII y crearon la Fragaria x ananassa, que actualmente conocemos como fresón. Así que, aunque utilicemos indistintamente los términos fresa y fresón para referirnos a esta fruta, no son lo mismo. Tienen diferente genoma y una apariencia distinta, ya que la fresa silvestre presenta un tamaño muy diminuto, es de color rojo intenso y proporciona un gusto sumamente dulce. Por el contrario, el fresón es más grande, tiene forma cónica o redonda y es un poco más amargo. Sin olvidar que la primera se puede reproducir por semillas, mientras que para la segunda hay que comprar las plantas.

Por lo tanto, lo que vemos habitualmente en los mercados son fresones. Hay más de mil especies, pero en las fruterías españolas solo se dejan ver una veintena, siendo las más conocidas los cartunos, la camarosa, la tudla, la sabrina, el splendor, la sabrosa, el pájaro y la selva. Todas ellas se cultivan principalmente en las regiones de Huelva, Almería y el Maresme.

Lo que aportan

Además de deliciosas, las fresas pueden vanagloriarse de ser un dechado de virtudes nutricionales. Según la Fundación Española de la Nutrición, es una de las frutas con menor contenido energético, puesto que están compuestas esencialmente de agua y solo un 7% de su contenido son hidratos de carbono, principalmente glucosa, fructosa y xilitol. Estas características las convierten en una excelente opción para quienes mantienen dietas hipocalóricas o tienen problemas de retención de líquidos. Asimismo, son copiosas en vitamina C, cuya cantidad desbanca a la que presentan las naranjas, superando incluso la ingesta diaria recomendada de esta vitamina, que se sitúa en los 60 miligramos.

Foto: iStock.
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El color rojo intenso que lucen las fresas ejerce de elemento diferenciador con respecto a otros miembros de la familia frutícola. Los responsables son los pigmentos vegetales - o flavonoides- denominados antocianinas. Estos, junto a la vitamina C y los polifenoles, ejercen de poderosos antioxidantes y reducen el riesgo de sufrir un infarto, tal y como revela un estudio realizado por la Escuela de Harvard. Tras analizar a más de 93.000 mujeres, los investigadores vieron que aquellas que consumían arándanos y fresas un mínimo de tres veces por semana tendían a presentar un menor riesgo de infarto de miocardio en comparación con las que solo los ingerían de manera ocasional. Por tanto, "un alto consumo de antocianinas puede reducir riesgo de infarto agudo de miocardio en mujeres predominantemente jóvenes. No obstante, son necesarios más ensayos para examinar más a fondo el impacto en la salud del consumo habitual de alimentos ricos en antocianina".

Según la Arthritis Foundation, las fresas también "reducen los niveles en sangre de la proteína C reactiva (PCR), una sustancia que indica inflamación en el cuerpo. Las concentraciones altas de PCR se relacionan con un mayor riesgo de derrame cerebral y enfermedades cardíacas, y a menudo suben cuando las personas con artritis reumatoide o lupus tienen un episodio agudo. Quienes consumen fresas tienen un 14% menos de probabilidades de presentar niveles elevados de dicha proteína. Estos beneficios son independientes de que estén congeladas o frescas".

La fresa silvestre es más pequeña, tiene un color rojo intenso y un gusto más dulce que el fresón

No obstante, las propiedades de esta fruta van más allá de las mencionadas. Es rica en ácido fólico, coadyuvante de la formación de los glóbulos rojos y blancos y los anticuerpos del sistema inmunológico, por lo que es sumamente recomendable para las mujeres embarazadas. Además, es generosa en minerales, sobre todo hierro, calcio, potasio, magnesio o yodo, y presenta cantidades escuetas de sodio, lo que la hace especialmente idónea para quienes tienen problemas de hipertensión arterial. Su alto contenido en fibra es un interesante aliado para la regulación del tránsito intestinal.

A tener en cuenta

A diferencia de otras frutas, que observando su aspecto o realizando una pequeña inspección manual es posible averiguar si están en buen estado, con las fresas no podemos saber si están dulces, por lo que quedamos en manos de la suerte. Si además tenemos en cuenta que no continúan madurando una vez se han recolectado, la tarea se torna más complicada.

Por otra parte, si queremos alargar su vida, debemos conservarlas adecuadamente ya que estamos ante una fruta muy delicada que se deteriora rápidamente. Así, lo ideal es esparcirlas en una fuente, sin que se toquen demasiado entre sí, y guardarlas en un lugar fresco. Solo debemos lavarlas y retirarles el tallo en el momento de su consumo. A la hora de ensalzar el sabor, podemos echarles una pizca de pimienta molida o vinagre.