Al igual que la cerveza, que cuenta actualmente con múltiples y extraños sabores como el chocolate, los percebes, el plátano o la pizza; la industria del vino está sumando toda una suerte de elaboraciones plagadas de creatividad e ingenio. Por ejemplo, los amantes de este tradicional elixir pueden probar el vino hecho con cannabis, ortiga, savia de abedul o hueso de tigre, entre otros. Sin embargo, todos ellos proceden de tierras lejanas, lo que no significa que aquí en España no tengamos nuestras propias rarezas. La última en salir al mercado es Bastarde, el primer vino picante del mundo, solo apto para los paladares más experimentados.

Un vino único en su especie

El responsable de esta creación, que ha roto todos los esquemas en materia de enología, es una bodega aragonesa cuya “intención es aportar nuevas experiencias que la gente pueda disfrutar, tanto a nivel visual como a nivel gustativo". Y es que en Gik Live! se consideran "creadores de nuevas categorías”, tal y como aseguran desde la propia bodega. “Otra de nuestras bases es que en ningún caso le decimos al cliente qué hacer o cómo hacer las cosas; puedes disfrutar cualquiera de nuestros vinos con total libertad y divertirte sin preocuparte de nada más. Este concepto de 'libertad' lo queremos llevar a todo lo que hacemos”, añaden.

Detrás de Gik Live! se encuentran cinco veinteañeros decididos a cambiar la visión que el mundo tiene de la industria del vino, demasiado encorsetada para algunos consumidores. Dentro de esta revolución encontramos a Bastarde, “el vino más picante que la humanidad se ha atrevido a crear”, presumen sus creadores. Un obús ardiente hecho con uvas de la variedad garnacha roja cultivadas en la región de Aragón, donde las altas temperaturas -43,6ºC de media- juegan un papel fundamental en el proceso.

Sin embargo, el elemento diferenciador son los chiles habaneros con los que se macera el vino extraído, unos 125 gramos por botella. Además, y con el objetivo de aportar una calidad adicional al producto, tampoco incluye ingredientes artificiales, colorantes ni saborizantes. “Todo ha sido cultivado, cosechado, criado y procesado de manera ecológica”, aseguran. A estas cualidades hay que añadir los beneficios que de por sí aporta el picante, respaldados por un sinfín de investigaciones científicas. Por ejemplo, los alimentos picantes aumentan la longevidad, ayudan a perder peso, aceleran el metabolismo y alivian el dolor. “A diferencia de otros vinos tintos, este vino contiene capsaicina por lo que tiene efectos antibacterianos y posiblemente también, en menor grado, efectos antifúngicos”, añaden.

La acogida está siendo muy positiva. Muchos amantes del picante quieren probar una experiencia diferente.

La pregunta que ahora surge es: ¿realmente tienen éxito este tipo de propuestas? “La acogida está siendo muy positiva. Hay muchos amantes del picante que quieren probar una experiencia nueva y diferente; estamos acostumbrados a comer picante, pero no a beberlo, y las sensaciones son mucho más envolventes en este último caso”, explican sus productores a Alimente.

No obstante, dicha originalidad no ha sido ajena a las críticas: “La parte más tradicional del sector ha sido siempre bastante crítica con nuestros productos. Por suerte hay mucha más gente que se atreve con ellos. Que íbamos a enfrentarnos a opiniones encontradas era algo que sabíamos desde el principio, porque productos como Gik Blue o Lágrimas de Unicornio están dirigidos a un nuevo perfil de consumidor al que le gusta probar cosas distintas y sorprendentes”, concluyen desde Gik Live! Por suerte para los simpatizantes de la creatividad que caracteriza a dicha bodega, Bartarde no es el único producto que tienen en cartera.

Las creaciones más originales

Aunque pueda parecer un caldo sin precedentes, lo cierto es que Gik Live! es una bodega acostumbrada a este tipo de elaboraciones. Su popularidad dentro del sector llegó con Gik Blue, que, como su propio nombre indica, es un vino de color azul obtenido a través de procesos tecnológicos de pigmentación. Un método desarrollado por el equipo de I+D de Gïk en colaboración con la Facultad de Ingeniería de la UPV-EHU y empresas del sector de la tecnología agroalimentaria. ¿El resultado? Un vino ligeramente ácido, con una súbita explosión alegre, afrutada y dulce, y una imagen que busca representar “el movimiento, la innovación y el infinito”.

“Nuestro vino procede de distintas bodegas españolas, cuya uva transformamos en Gik Blue. Así es: trabajamos con uvas de distintas zonas de España, cuyo color y sabor transformamos”, aclaran desde su página web oficial. Eso sí, siempre sin azúcares añadidos y bajo la normativa vigente para productos alimentarios de la Unión Europea.

No obstante, su imaginación no acaba aquí, pues la bodega también incluye vinos elaborados con té japonés, té indio, té inglés y, el ingrediente más curioso de todos, lágrimas de unicornio. Este último, lleno de felicidad y optimismo, llama la atención por un color rosa “tan mágico que cuesta creer que sea natural”, bromean. ¿Qué será lo siguiente?