Gambas, langostinos, mejillones, pulpo, almejas, calamares… Todos estos nombres son variedades de marisco muy conocidas en el ámbito de la gastronomía y cuyo consumo es común en el día a día y, sobre todo, en épocas festivas como la Navidad. No obstante, hay otras especies que, a pesar de no ser tan populares, también pueden ofrecer sabor y diversidad a la hora de cocinar. Por ello, en Alimente vamos a contaros por cuáles podéis apostar cuando busquéis algo diferente para agasajar a vuestro paladar. Ya lo dice el dicho: en la variedad está el gusto.

Ortigas de mar

A las anémonas comunes en Andalucía se las conoce como ortigas u ortiguillas. No son un marisco como tal, pero ofrecen un sabor a mar como pocos productos. En general, son un clásico de la costa de Cádiz, donde se suelen rebozar en harina y se fríen al mismo estilo que el pescaíto frito. Debido a las propiedades urticantes de sus tentáculos, es importante que sean puestas en remojo con agua y vinagre para acabar con este efecto antes de entrar en los fogones. No obstante, una vez hecho, queda un gusto crujiente por fuera y jugoso por dentro. Cabe destacar que se oxidan fácilmente, por lo que la manera más práctica de encontrarlas es acudir a las regiones de costa.

Lapas

Este molusco, que recuerda a las almejas y que solemos ver pegado en las rocas o siendo objeto del juego de los niños en la playa, también se puede usar en la cocina. De hecho, en las islas Canarias hay tradición de comerlas a la plancha con el típico mojo verde o en arroces marineros. Mientras que en el norte de España, en regiones como Cantabria, Asturias o Galicia, también tienen cabida gracias a las recetas a la sidra, donde se preparan a modo de guiso con verduras y vegetales varios.

Foto: iStock.
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Erizos de mar

Estos equinodermos no son un tipo de marisco tan inusual, aunque no gozan de la popularidad de unas gambas o una ración de pulpo. Estos, que suelen encontrarse entre las rocas o los restos que deja la marea en orillas y charcas, pueden ser una delicia tanto crudos como cocinados. El líquido de su exterior se puede extraer y filtrar para usarlo en salsas o caldos. Aunque la verdadera esencia de este marisco es esa especie de yema naranja que se puede comer en solitario, para apreciar su frescura y sabor, o utilizar en diferentes recetas como arroces, rellenos, platos de pasta o revueltos, por ejemplo. Son muy polivalentes para disfrutar de su gusto en diversas elaboraciones y texturas.

Abalones

Este marisco, también conocido como oreja de mar, es un clásico de Galicia y los países asiáticos, donde llegan a pagar miles de euros por un kilo de producto. Por suerte, en España son más asequibles y se puede disfrutar del sabor que ofrece su carne en un sinfín de elaboraciones, pues se pueden cocinar al vapor, cocidos o acompañados con salsa de soja. Algunos incluso se atreven a tomarlos directamente en crudo.

Foto: iStock.
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Cañaíllas

Básicamente es el homólogo del caracol, pero en el mar. Estos moluscos se pueden encontrar comúnmente en el Mediterráneo, más concretamente en Andalucía y Cataluña; aunque también se hallan al este del Atlántico, en zonas como Huelva. Es habitual tomarlas cocidas a modo de aperitivo, hirviéndolas previamente entre 10 y 15 minutos después de haber limpiado la arena, las algas y otros restos que pueden contener en el interior de la concha. Luego se introducen en agua salada fría para cortar la cocción y que ganen un toque salino. Solo hay que sacar la carne del caparazón con un palillo para disfrutar de este manjar, al que se le pueden añadir unas gotas de limón para los que buscan un sabor menos intenso.