Las Islas Canarias gozan de una gastronomía muy particular que destaca por la variedad de elaboraciones, resultado de la existencia de diferentes islas, la sencillez de algunas de sus recetas y el uso de productos autóctonos. Todo ello con una fuerte influencia de la cocina latinoamericana y los pueblos aborígenes de origen bereber. Así, existe un amplio abanico de platos imperdible para quienes disfrutan probando lo mejor de cada región. Por ello, en Alimente vamos a seleccionar algunos de los manjares más típicos y representativos de tan rico archipiélago.

Papas arrugadas con mojo

Si hay una receta bien conocida y extendida de las Islas Canarias, esas son las papas arrugadas con mojo. Un bocado que se puede degustar como tapa o aperitivo junto a unas bebidas o como entrante en cualquier comida. Se trata de una elaboración simple pero efectiva: patatas cocidas con piel y mucha sal para que queden muy tiernas y con una capa salina en el exterior. Y no puede faltar su acompañante en forma de salsa: el mojo. Los más habituales son el verde y el rojo, siendo este último un aderezo más picante. Un plato que puede encontrarse en todo tipo de establecimientos, como bares, restaurantes o guachinches tinerfeños.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Queso asado

En Canarias la producción de queso está muy extendida, motivo por el que se pueden encontrar variedades, como el majorero o el palmero, con Denominación de Origen. Así, no es raro descubrir que otro de los aperitivos y entrantes típicos de las mesas isleñas es el queso asado con mojo. Una elaboración compuesta por lonchas gruesas de queso tierno o semicurado a la plancha o a la sartén, revestidas por una capa tostada por ambos lados. Solo queda acompañarlo con un poco de mojo verde o rojo al gusto de cada comensal.

Gofio

Otro de los buques insignia de la gastronomía canaria es esta especie de harina que se elabora con cereales tostados como maíz, trigo o cebada. Por sus propiedades nutricionales en forma de vitaminas, minerales y fibra se ha ganado el sobrenombre de superalimento. Pero donde más destaca es en los fogones, por lo polivalente que resulta. Se puede comer en sólido, como si fuera un pan, cuando se mezcla con aceite de oliva y azúcar moreno, y añadirse a cucharadas a la leche caliente. Sin embargo, uno de sus usos más clásicos es cuando se incorpora a los guisos o potajes para darles un punto especial de sabor y hacer que adquieran una textura más espesa.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Ropavieja

La ropavieja se conoce bien en toda España por ser una receta de aprovechamiento de guisos, cocidos y pucheros, aunque en Canarias se ha popularizado como un plato que ya se prepara directamente sin tener que acudir a sobras o restos. Básicamente consiste en un guiso hecho a base de verduras como la cebolla, el pimiento y el ajo, a las que se añade especias, carne y garbanzos, y que se culmina vertiendo por encima unas patatas fritas que han sido cortadas en dados.

Potaje de berros

Otro de los clásicos de la gastronomía canaria es el potaje de berros, un guiso donde dicha verdura es la protagonista, en lugar de quedar relegada a un segundo plano como ocurre en otros platos. Un potaje en el que también se utilizan judías, papas, carne de cerdo y vegetales varios, y donde no puede faltar la piña de millo o mazorca tan reconocible que corona dicha elaboración. Una receta contundente, nutritiva y con una mezcla de sabores muy intensa, resultado del azafrán, el ajo y el aceite de oliva que se añaden justo antes de su consumo.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Vieja sancochada

El sancocho canario podría definirse como un plato combinado de pescado salado cocido y acompañado con papas, gofio, mojo y hasta batata. Por otro lado, una de las especies más típicas de la isla es la vieja, un pescado blanco muy común en los mares que rodean al archipiélago y que da mucho juego en la cocina gracias a su versatilidad. No obstante, una de las recetas más comunes en las que participa es cuando se hace al estilo sancochado.

Frangollo

Los postres y dulces tienen un gran protagonismo en esta región, de ahí la existencia de una amplia variedad de elaboraciones autóctonas. Sin embargo, hay una que destaca entre la multitud: el frangollo. Una receta que se prepara con una base de leche, harina de millo, limón, azúcar y canela para crear una textura cremosa y espesa. A la hora de emplatar, se le añaden almendras, pasas e incluso miel.