Si vuelve a pasar durante este fin de semana por la calle Pez, en concreto por el número 8, no se sorprenda. El Palentino, que no cerró prácticamente ningún día desde que Casto Herrezuelo se puso detrás de la barra, vuelve a abrir tras un pequeño lapso que bien podría considerarse un luto por su muerte. Fue en febrero de 2018 cuando los parroquianos de El Palentino se despidieron de Casto, y en parte de Loli, su cuñada, corresponsable del bar y la que más sufrió la pérdida tanto de Casto como del lugar en el que prácticamente más tiempo pasó en toda su vida.

A las 7 de la tarde de este jueves El Palentino saca la alfombra roja. El encargado de vestirlo de gala es Narciso Bermejo, director gastronómico del hotel 7 islas. Bermejo sintió la "responsabilidad" de encargarse del proyecto cuando el hostelero Martín Presumido le llamó para ver si quería hacerse cargo de la remodelación del bar tras la muerte de Casto.

Los herederos vendieron el bar a un grupo de inversión e interesados en su alquiler había grupos hosteleros de esos que tanto abundan en Madrid y que proliferan como las termitas en la carcoma en los barrios de siempre. "Pero Martín se quedó con el bar", explica Bermejo en conversación con este diario. Después se puso en contacto con él para ver si quería hacerse cargo del proyecto y hacer renacer el bar pero con la esencia de siempre. "No pude decir que no, vivo al lado de El Palentino, conocía a Casto y sentí que era mi misión".

Sabe que le esperan muchos 'haters' y que no va a ser fácil convencer de que El Palentino sigue siendo el mismo. Sobre todo porque la barra no está en el mismo lado, porque ha hecho falta llevar a cabo una serie de reformas que han impedido mantener, por llamarlo de alguna manera, la esencia de un bar "que se desintegraba literalmente". Sí seguirán estando las lámparas, aunque su luz será diferente porque están remodeladas, claro, y ahora serán de led. No por exigencia del dueño, sino porque los tiempos cambian y esos modelos ya no se fabrican. "Una metáfora de lo que va a ser ahora El Palentino", bromea Bermejo.

"Pero la gente no venía por la barra, lo hacía porque era su bar, porque era como su iglesia". Clientes de toda la vida, jóvenes que solo iban por el precio, hípsters de Malasaña -y algún que otro turista perdido- pero que, al fin y al cabo, buscaban sentirse como en casa. "Ese es mi propósito, mantener la transversalidad de un bar en el que se daba de comer al mendigo que lo pedía". Y tampoco se le hacía ascos, claro, si Almodóvar aparecía.

¿Y las copas a tres euros? Tampoco. Bueno, algunos días sí. "Los martes y los jueves habrá horas a ese precio", a modo de 'Happy hour'. Pero el alquiler hay que pagarlo. Y asciende a nada más y nada menos que casi 10.300 euros al mes. Así que toca pagar, pero a la vez también luchar con la competencia de uno de los barrios de Madrid en los que más copas se sirven. Y, sobre todo, cumplir con "las exigencias del mercado".

"No va a ser lo mismo, pero intentaremos, sí, sobre todo en lo de querer a todo el mundo", como hacía Casto.

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