Calvo, ubicado en la carretera general del Puente de San Miguel, entre Torrelavega y Santillana del Mar, sigue gozando de muy buena salud después de más de medio siglo desde que abriera sus puertas. Comer en este pequeño restaurante cántabro, muy conocido por los lugareños y por quienes veranean en la zona, sigue siendo una gran experiencia para el paladar.

Bajo la batuta, la energía y la determinación de Juani, Calvo ha recobrado todo el esplendor alcanzado de la mano de su esposo José Luis, el chef fallecido hace 5 años, aficionado a la pintura y la escultura, que supo ganarse con sus platos exquisitos el reconocimiento. Primero de los cántabros y después de todos los que, gracias al boca boca, o por casualidad, terminaron parando a comer o cenar en esta vieja hostería.

“Pensé que había llegado el momento de retirarme. Me dio pena cuando me dijeron: '¿Sin ti qué haremos?"

La clave de su éxito es el producto de cercanía, especialmente los pescados frescos. "Son delicadísimos: la clave está en no darles muchas vueltas", dice Juani. Y en Calvo los ofrecen maravillosos: lenguados, rodaballos, lubinas, jargos, salmonetes, boquerones... Y los mariscos en temporada. Y también exquisitas son las albóndigas de calamar o de bonito; las verduras, en general; las alcachofas, en particular; el calabacín relleno de marisco "preparado por nosotras", algo muy especial. Los arroces con almejas o bogavante tampoco le dejarán indiferente.

Albóndiga de calamar de Calvo.
Albóndiga de calamar de Calvo.

Mención aparte merecen los escalopines con queso o los filetes rusos: "Picamos nosotras la carne a mano", aclara Juani. Y los chuletones o la ternera de la zona. Pero también destacan los platos de cuchara, como las alubias blancas o rojas, los garbanzos y, por supuesto, el cocido montañés. Y claro está, no faltan los mejores caldos, tanto tintos como blancos, para acompañar y dar gusto al paladar. Y, cómo no, en todo templo del buen comer, tampoco podían faltar los riquísimos postres caseros. El hojaldre relleno de crema, la tarta de queso y la de chocolate con naranja hacen las delicias de los más golosos, sin olvidarnos de las torrijas.

La muerte de José Luis pudo acabar con la continuidad de este local. Pero, para satisfacción de los amantes del buen comer, Juani aceptó el desafío y la petición del equipo que durante 30 años la había acompañado en la aventura. “Pensé que había llegado el momento de retirarme. Así que les ofrecí que se quedaran con el restaurante. Me dio pena cuando me dijeron: '¿Sin ti qué haremos?'. Así que cerré los ojos y dije pues p'alante", recuerda la viuda de José Luis, cuyos cuadros decoran las paredes de este restaurante tan familiar como asequible.

Juani junto a su cocinera Carmina.
Juani junto a su cocinera Carmina.

Con Carmina, la alumna aventajada de José Luis, en los fogones -“Ella es la que tira de la cocina"- y María del Mar en la sala, el negocio ha seguido viento en popa. Si no se reserva con antelación, especialmente en los meses de verano, será imposible conseguir una mesa.

Calvo ha conseguido mantener sus ocho puestos de trabajo y demostrar a los clientes que la mejor receta del éxito sigue siendo el amor que Juani pone en hacer felices a sus clientes con trabajo de sol a sol y, por supuesto, con los mejores productos de la zona cocinados con el arte que José Luis impregnó a sus recetas.

Dirección: Av. Oviedo 182, Puente San Miguel (Cantabria). Teléfono: 942 82 00 42.