Es cierto que en el pasado, los tomates cherry fueron considerados una variedad de segunda debido a sus características organolépticas. Sin embargo, con el paso de los años, se han convertido en uno de los complementos predilectos para dar color y sabor a ensaladas, guisos y demás elaboraciones culinarias. El motivo de su éxito es un gusto más dulce y menos ácido que el de sus familiares más cercanos, así como la explosión que provoca cuando entra en contacto con el paladar. Algunas personas incluso lo cultivan en su propia casa, pues tiene la facilidad de crecer en cualquier ambiente. Pero, a pesar de ocupar un puesto privilegiado en los lineales de fruterías y supermercados, ¿conocemos realmente la historia de este bocado?

¿Azteca o israelí?

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Los tomates cherry silvestres fueron descubiertos por primera vez en los Andes, aunque su cultivo doméstico se le atribuye a los aztecas y sus típicas chinampas, un antiguo método mesoamericano de agricultura que consiste en unas enormes balsas cubiertas de tierra y rodeadas de agua donde se cultivan flores y verduras. Pero no fue hasta comienzos del año 1800 cuando su utilización en la cocina comenzó a despuntar en países como Perú, Ecuador o Chile. En Europa no disfrutamos de sus propiedades hasta el siglo XX, cuando empezaron a cultivarse dentro de este territorio.

No obstante, otra teoría circula en el aire. El Gobierno de Israel lleva años luchando para que se reconozca su participación en la difusión del tomate cherry como elemento indispensable en la cocina. Aunque, al parecer, su logro no es más que crear una variedad mucho más resistente y fácil de cultivar, ideal para exportar a otros países del globo. De hecho, el 10% del mercado mundial de semillas de tomate cherry corresponde a los israelíes. Bajo esta premisa, ¿qué propiedades hacen de este ingrediente una opción a tener en cuenta?

Un tomate único en su especie

Foto: iStock.
Foto: iStock.

También conocidos como tomates cereza, el pariente más pequeño de los tomates comunes es en realidad una mezcla genética entre los tomates de jardín domesticados y el género Solanum pimpinellifolium, o al menos eso aseguran algunos expertos. Además, aunque el color rojo es su principal seña de identidad, también es posible encontrar variedades naranjas, verdes, amarillas e incluso negras, toda una delicatessen en la cocina gourmet. No obstante, sus beneficios y propiedades también contribuyen a esta gran acogida.

  • Su color rojo es consecuencia directa de la presencia de licopeno en su composición, un pigmento que además se encarga de retrasar la oxidación de las células gracias a su poder antioxidante. Esta sustancia también está presente en la sandía, los albaricoques o la rosa de mosqueta.

  • También son ricos en minerales como el fósforo, el calcio y el sodio. Sin embargo, es el potasio su principal aliado, pues 100 gramos de producto aportan 200 miligramos de dicho compuesto, aproximadamente. Este realiza funciones básicas en el organismo como el equilibrio osmótico, es decir, la concentración de sustancias dentro y fuera de las células; la síntesis de los músculos, el metabolismo de los hidratos de carbono o la transmisión nerviosa.

  • La vitamina C es igualmente un elemento fundamental dentro de su composición, con alrededor de 26 miligramos por cada 100 gramos de producto. Como es bien sabido, esta facilita la absorción del hierro y el calcio, lucha contra el envejecimiento cutáneo -pues aumenta la síntesis de colágeno- y contribuye al buen funcionamiento del sistema inmunitario, entre otras funciones.

Los tomates cherry que todavía no han madurado y lucen un color verde pueden resultar tóxicos

  • Es un ingrediente con un bajo aporte calórico, pues el 95% de su composición es agua. Sus 22 kcal lo convierten en un recurso culinario muy interesante entre aquellos que siguen una alimentación saludable. No obstante, también posee hidratos de carbono y azúcares simples, que le confieren su sabor dulce.

  • Los tomates cherry son muy buenos para la visión gracias a su aporte de vitamina A. Su consumo ayuda a prolongar la aparición de enfermedades como la ceguera nocturna o la degeneración macular asociada a la edad.

  • La combinación de nutrientes que lo convierte en un alimento de suma riqueza ejerce un efecto protector contra enfermedades cardiovasculares y disminuye los niveles de colesterol LDL y triglicéridos en la sangre, entre otras afecciones.

  • El ácido cumárico y el ácido clorogénico que contiene el tomate luchan contra las nitrosaminas que se producen al fumar y que están presentes en el humo del cigarro. Diversos estudios relacionan este compuesto con el cáncer de estómago y de faringe, pues algunas son carcinógenas.

No obstante, a pesar de todos estos beneficios, los tomates cherry también pueden provocar efectos secundarios. Por ejemplo, los ejemplares que están todavía verdes y no han alcanzado el grado adecuado de maduración pueden resultar tóxicos, un problema que desaparece a medida que el tomate crece y aumenta su concentración de licopeno. Por otro lado, aquellas personas que tengan llagas en la boca y padezcan afecciones como acidez de estómago, úlceras estomacales, reflujo esofágico o alguna patología renal aguda o crónica también deberían evitar su ingesta, debido a su acidez y el contenido en potasio, respectivamente.