Durante años, los cereales han constituido la base de cualquier alimentación saludable y son uno de los principales motores económicos del planeta. Y es que cualquier paladar que se precie ha degustado alguna vez un buen plato de arroz, un cuenco de avena, pan de trigo integral o una ración de maíz en la ensalada. Sin embargo, con el paso del tiempo, y aunque su consumo se ha mantenido inalterable a las nuevas tendencias culinarias, los cereales parecen haber encontrado por fin a su predecesor. ¿Habéis oído hablar de los pseudocereales?

Tal y como nos indica su nombre, estos podrían considerarse una copia de menor categoría de los cereales. Nada más lejos de la realidad. Una buena prueba de ello es la reina de los pseudocereales: la quinoa. Esta apareció en el mercado occidental hace apenas unos años y pronto fue considerada por los expertos como un 'superalimento', motivos no le faltan. Para aquellos que todavía no lo sepan, la quinoa es una semilla rica en minerales, especialmente el hierro, hidratos de carbono complejos y vitaminas C, E, B2 y ácido fólico. Aunque su principal cualidad es el elevado aporte de proteínas que presenta, hasta un 23% de su composición total.

Las cualidades de los pseudocereales son muy similares a las de los cereales o incluso superiores

Ante este valioso compendio de propiedades, es imposible no plantearse si el resto de pseudocereales que habitan en el mercado son igual de beneficiosos. No obstante, antes de plasmar las mejores y más populares variedades, es fundamental explicar en qué consiste realmente este sustento. Los pseudocereales son semillas y plantas de hoja ancha que no pertenecen a la familia de los cereales, pero cuyas cualidades son muy similares a las suyas o incluso superiores. Y es que algunas fuentes apuntan que poseen proteínas de mayor calidad, más minerales y ácidos saludables que los cereales. Sin olvidar que no contienen gluten. Bajo esta premisa, ¿qué pseudocereales debemos incluir a nuestra dieta?

Amaranto

Foto: iStock.
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Junto a la quinoa, el amaranto es el pseudocereal por antonomasia. Su cultivo se remonta más de 7.000 años, siendo las culturas precolombinas las responsables de ello. ¿El motivo? Es rico en almidón, proteínas de alta calidad, fibra, minerales como el calcio, el hierro y el magnesio, y vitaminas A y C. Sin embargo, según apuntan los expertos, su mejor cualidad radica en el escualeno, un compuesto orgánico natural con propiedades anticancerígenas y que, además, tiene un fuerte poder antioxidante, previene y mejora los síntomas de la arteriosclerosis y aporta oxígeno a las células y las protege de los radicales libres. Tampoco podemos pasar por alto su contenido en lunasin, un péptido que resulta de gran ayuda frente a las enfermedades cardiovasculares.

En cuanto a su uso en la cocina, el amaranto se puede utilizar igual que uno de los cereales estrella: el arroz. Es decir, podemos incluirlo en nuestros guisos y ensaladas, aunque muchos también recurren a él a la hora del desayuno debido a su sabor tostado, ideal para combinar con frutas, yogur o para elaborar toda clase de dulces.

Chía

La chía es también uno de los pseudocereales más presentes en el mercado actual. Se suele ingerir tanto cocida como ingrediente para sazonar ensaladas, bebidas, derivados lácteos o incluso productos de repostería. Sin embargo, lo verdaderamente importante son sus cualidades nutricionales, entre las que destacan su alta concentración de ácidos grasos omega 3 y fibra. Una pequeña bomba de vitaminas y minerales que ayuda a combatir las grasas, aumenta la energía y la resistencia, estabiliza los niveles de azúcar en sangre y favorece la regularidad intestinal.

Kiwicha

Foto: iStock.
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Este gran desconocido es uno de los pseudocereales más consumidos en Perú, de donde es oriundo. Durante años, la kiwicha ha estado en peligro de extinción, pero gracias al reconocimiento de la NASA, que la considera cultivo CELLSS (Sistema Ecológico de Apoyo de Vida Controlado) y la ha incluido en su programa espacial, ha conseguido salir a flote y convertirse en uno de los alimentos mejor valorados. Y no es para menos, pues la kiwicha tiene un alto contenido en aminoácidos, especialmente en lisina que favorece el desarrollo cerebral. También aporta una magnífica dosis de hierro, fósforo y calcio, ideal para el mantenimiento de los dientes, los huesos y la sangre. Además, actúa como laxante y alivia los dolores reumáticos y menstruales.

En este caso, para poder aprovechar todas sus propiedades nutricionales, es necesario consumirla cocida, pero igualmente puede añadirse a todo tipo de recetas. Así lo hacen en países como Ecuador, Portugal o Francia, donde triunfa entre los amantes de la vida sana.

Trigo sarraceno

Conocido también como alforfón, este pseudocereal es el rey de la proteína vegetal, gracias a su alto aporte de proteínas -entre un 10% y un 13%- y su gran disponibilidad, es decir, el ser humano es capaz de asimilar más del 70% de sus componentes. Procedente de Asia, siendo China y Rusia sus principales productores, el trigo sarraceno ha visto como en los últimos años el número de adeptos a su consumo ha subido como la espuma. Entre sus propiedades destacan la fibra, los antioxidantes y todos los aminoácidos esenciales que incluye en su composición. Esto hace que sea muy beneficioso para la hipertensión, el colesterol, el estreñimiento, la ansiedad o la diabetes, entre otras afecciones.

Además, no hay problema alguno en incluirlo en la cocina, pues disfruta de una versatilidad inusitada. Su harina es perfecta para hacer pasta fresca, bizcochos o pasteles. También se puede espolvorear sobre las ensaladas o el yogur del desayuno, usarlo como sustituto del arroz o como germinado, una de sus variedades más comunes.