Para que un producto se ponga de tendencia basta con que se deje ver en los supermercados londinenses o una celebridad lo luzca en las redes sociales, diga que lo consume o simplemente haga referencia a sus bondades nutricionales. Así ha sucedido con el vinagre de sidra de manzana, al que Victoria Beckham ha sacado del ostracismo, encumbrándolo al estrellato. En una entrevista comentó que uno de sus secretos para estar en forma consistía en tomar dos cucharadas de vinagre de manzana en ayunas. A partir de entonces, este aderezo, que lleva entre nosotros desde tiempos inmemoriales y cuya presencia en nuestras mesas ha sido relativamente discreta, se ha convertido en el producto de moda y ante él han caído rendidos otros muchos famosos más, como Miranda Kerr o Jennifer Aniston, y legiones de consumidores.

Para quienes no lo sepan, este tipo de vinagre, también conocido como vinagre de manzana o vinagre de sidra, se elabora a partir de la fermentación de los azúcares, bien del vinagre o bien de la sidra. El resultado es una solución con un aroma inconfundible, fruto del ácido málico resultante de la fermentación aeróbica, y un gusto ácido de lo más interesante, sobre todo para los paladares más inquietos. A nivel nutricional se le atribuyen propiedades adelgazantes, digestivas, purificantes o curativas, entre otras muchas.

Un filón de beneficios

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Pero ¿son ciertas todas las bondades que se le adjudican a este aderezo o simplemente es un capricho de las estrellas del celuloide? En lo que respecta a su relación con la pérdida de peso, muchos especialistas sostienen que este aderezo de color oscuro impulsa el metabolismo, ayudándolo a quemar la grasa más rápidamente, sacia más y, por lo tanto, facilita la pérdida de kilos. Además, alcaliniza el organismo. Eso sí, para beneficiarse de estas propiedades conviene tomarlo antes de las comidas y diluido en un vaso de agua. Ahora bien, aunque tiene cierto grado de efectividad, cualquier persona que lo consuma no estará necesariamente más delgada.

No obstante, la citada función adelgazante de este producto ha sido refrendada por un estudio publicado en la Biblioteca Nacional de los Estados Unidos, el cual concluye que "la ingesta de vinagre reduce el peso, la masa grasa corporal y los niveles séricos de triglicéridos en sujetos obesos". La razón estriba en que contiene ácido acético, "el componente principal del vinagre, el cual suprime la acumulación de grasa corporal". Así, el peso corporal, el IMC, el área de grasa visceral, la circunferencia de la cintura y los niveles de triglicéridos séricos fueron significativamente más bajos en ambos grupos de ingesta de vinagre que en el grupo de placebo".

Por otra parte, este tipo de vinagre se perfila como un excelente coadyuvante de los procesos digestivos, la eliminación de gases o la prevención de la molesta distención abdominal. La responsable es la pectina, una fibra natural que ayuda a la estimulación del intestino, aliviando los espasmos intestinales, los gases y la hinchazón. No obstante, para que surta el efecto deseado, es necesario ingerirlo antes de las comidas y diluido en un vaso de agua.

También puede ser de gran ayuda para paliar la acidez o el reflujo ácido que muchos padecen tras las comidas. Para beneficiarse de este efecto, los expertos aconsejan ingerir una cucharada pequeña antes de comer, ya que ayudará a reblandecer y deshacer los alimentos, facilitando la masticación, el trabajo de los jugos gástricos y, por ende, la digestión. El ácido acético además promueve la salivación y la acción de los jugos gástricos.

Impulsa el metabolismo, ayudándolo a quemar la grasa más rápidamente, y alcaliniza el organismo

Asimismo, el ácido acético contenido en el vinagre ayuda controlar los niveles de glucosa en sangre al mejorar la sensibilidad a la insulina. Así lo demostró un estudio, recogido en la Asociación Americana de la Diabetes, el cual concluye que "el vinagre puede mejorar significativamente la sensibilidad a la insulina posprandial en sujetos resistentes a la insulina. Se ha demostrado que el ácido acético suprime la actividad de disacaridasa y aumenta las concentraciones de glucosa-6-fosfato en el músculo esquelético. Por lo tanto, el vinagre puede tener efectos fisiológicos similares a la acarbosa o metformina".

Sin embargo, también importa el momento del día en el que se consume. Al menos es lo que se desprende de un estudio, también publicado en la Asociación Americana de la Diabetes. Según este, "la ingestión de vinagre a la hora de acostarse puede impactar favorablemente las concentraciones de glucosa en vigilia en la diabetes tipo 2. El efecto antiglicémico del ácido acético, el ingrediente activo en el vinagre, se ha atribuido a la reducción de la digestión del almidón y/o al retraso del vaciamiento gástrico".

Otro de los beneficios que se le atribuyen es su capacidad para aliviar las úlceras, la colitis y mejorar la microbiota intestinal. El responsable es el ácido acético, que promueve el desarrollo de bacterias intestinales buenas y mitiga los efectos derivados de las enfermedades gastrointestinales. Para que surta mayor efecto, los entendidos aconsejan mezclar dos cucharadas pequeñas con miel y agua tibia. Si además le añadimos jengibre a la mezcla, tendremos un remedio estupendo para mitigar los dolores de garganta.

La receta

Vinagre de manzana.
Vinagre de manzana.

Para que el vinagre de manzana surta mayor efecto, debemos consumirlo en versión natural, es decir, crudo, sin filtrar ni refinar. Aunque en el mercado podemos encontrar infinidad de propuestas, lo más natural es elaborarlo en casa. A modo de inspiración, os proponemos esta receta.

Ingredientes:

  • 1 kilo de manzanas rojas de calidad
  • Agua mineral

Elaboración. Lavamos, pelamos y troceamos las manzanas y las vertemos en un tarro de cristal esterilizado. Añadimos agua hasta que los trozos estén completamente cubiertos, lo tapamos con una tela fina que permita la entrada de aire y lo dejamos reposar entre 6 y 7 semanas a una temperatura de entre 18°C y 20°C. Trascurrido dicho tiempo, colamos el líquido para eliminar los restos sólidos y lo metemos nuevamente en el bote de cristal esterilizado, lo cubrimos con una tela y lo dejamos macerar durante tres días en un lugar oscuro y cálido. Es importante removerlo diariamente para facilitar su fermentación. Pasado este tiempo, lo destapamos y lo dejamos reposar un mes a unos 20°C.