No cabe duda de que el huevo es un básico en los fogones de todo el mundo, aunque originariamente es un ingrediente chino con más de 8.000 años de antigüedad. En nuestro país, su utilización en la cocina es mucho más 'moderna', aunque ya llevamos más de 500 años consumiéndolo y hemos aprendiendo diferentes maneras de sacarles partido.

Escalfados, cocidos, fritos, en tortilla… Hay muchas formas de prepararlos y cada resultado es diferente entre sí. En general, la clave del éxito del huevo está en que es un alimento muy rápido de cocinar y con buen aporte nutricional. Admite una gran variedad de combinaciones y se puede tomar en cualquier momento del día, según la preparación que hayamos realizado.

Huevo pasado por agua

Es un tipo de elaboración que se suele consumir con un poco de pan o para acompañar sándwiches y similares. Para prepararlo, solo tenemos que poner agua a hervir en un cazo junto con el huevo, vigilar cuando rompa a hervir y, cuando lo haga, bajar el fuego y mantenerlo durante tres minutos. El resultado debe ser un huevo con la clara esponjosa y con la yema bastante líquida.

Huevo escalfado o poché

Foto: iStock.
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En el huevo poché, la yema queda totalmente líquida y la clara, que simplemente cuajaremos sin dejar que llegue a ganar toda su consistencia, pierde todo el protagonismo ante ella. Los usos pueden ser similares al caso anterior. Para prepararlo, ponemos a hervir agua con un chorro pequeño de vinagre. Cuando rompa a hervir, añadimos el huevo muy lentamente, previamente envuelto sin cáscara en un saco hecho con papel film transparente con un poco de aceite (muy poco, solo unas pinceladas en el plástico) y tapamos el cazo, apartándolo del fuego y manteniéndolo tres minutos más. Para un resultado perfecto, cuando haya pasado el tiempo, destapamos y le aplicamos un chorro de agua fría para romper la temperatura.

Los huevos al plato son muy populares en algunos restaurantes y se combinan con jamón, chorizo...

Huevos al plato

Para esta elaboración recomendamos utilizar una cazuela de barro. Ponemos los acompañamientos que queramos, aunque lo habitual suele ser tomate frito, chorizo o jamón, añadimos el huevo y lo metemos al horno unos minutos, hasta que veamos que el huevo está cocinado.

Huevo frito

¿Quién no ha comido huevo frito alguna vez? Su preparación no tiene ningún misterio. Ponemos a calentar aceite en una sartén y, cuando esté caliente, echamos el huevo, con cuidado de que no se rompa la yema. Según el tiempo que lo dejemos, podemos elegir su consistencia.

Tortilla

Foto: iStock.
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Otro de los clásicos en los fogones es la tortilla a la francesa. Cascamos el huevo en un bol y lo batimos hasta que quede una consistencia líquida y, a ser posible, sin grumos ni hilos. La tortilla francesa tiene variantes, como la propia tortilla española, a la que se le añade patatas cortadas en daditos, o las tortillas con queso, jamón, verduras…

Huevo duro o cocido

El huevo duro es muy habitual en ensaladas, sándwiches, incluso platos de cuchara. Su cocinado es muy sencillo, ponemos agua a hervir y cuando empiece, añadimos los huevos con cuidado y dejamos cocer doce minutos. Si es posible, saca los huevos de la nevera un poco antes para que no haya mucho contraste de temperatura. Un truco para que no se rompa la cáscara es añadir vinagre al agua.

Huevo mollet

Es una variante del huevo duro. El proceso de cocinado es el mismo, solo que en este caso lo dejaremos cinco minutos en vez de doce. Para pelarlo tendrás que dejarlo enfriar bien, ya que la yema tendrá poca consistencia y la clara, aunque firme, puede estar un poco blanda.

Huevos revueltos

Batimos un poco el huevo, aunque no del todo y lo vertemos en una sartén con muy poco de aceite o mantequilla. Vamos dándole vueltas y esperamos a que cuaje un poco. El punto final será el que tú le quieras dar, más o menos consistentes. Son un excelente alimento para el desayuno, por el aporte energético que nos dan, pero lo podemos tomar a cualquier hora del día con algún acompañamiento (jamón, champiñones, verdura, gambas…).

Salsa

¿Salsas de huevo? Sí. Por ejemplo, una muy habitual que solemos tener en nuestra cocina es la mayonesa, que no es más que huevo emulsionado junto con aceite o algún que otro ingrediente que podemos añadir si le queremos dar un toque especial (limón, ajo…). El huevo no lleva ningún proceso de cocinado, se añade directamente, normalmente incluso sin batir.

Clara a punto de nieve

Foto: iStock.
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Hasta ahora, todas las recetas que hemos visto son de primeros o segundos platos, pero también con el huevo podemos elaborar recetas de repostería. Se utiliza para bizcochos, tartas… Especialmente destacables son las claras a punto de nieve, con las que podemos hacer merengues o mousse. Para alcanzar el punto exacto (especialmente si no somos muy manitas en la cocina), podemos usar una batidora de varillas eléctricas. En cualquier caso, los movimientos deben ser de arriba abajo en lugar de horizontales, ya que de este modo entra más aire en la mezcla y se ayuda a que se monten bien. Podemos añadirle una pizca de sal antes de la preparación para que cojan más consistencia.