Perritos calientes de plástico, bocatas blandurrios, pizza, hamburguesas o, casi mejor y más barato, provisiones del súper próximo componen, a menudo, la comida habitual de los cerca de dos millones y medio de asistentes a los 23 festivales de música más concurridos de los más de 800 que se celebran cada año en España.

Pero en esa jungla de aberraciones culinarias existen oasis para los sentidos, citas que aúnan una variada selección musical y oferta gastronómica de autor, con paisajes naturales como telón de fondo. PortAmérica es uno de los veteranos de esta fórmula que cada vez cuenta con más seguidores, según ponen de manifiesto los 28.000 asistentes a la octava edición del festival -que ha tenido lugar del 4 al 6 de julio en el municipio pontevedrés de Caldas de Reis-, una cifra muy superior a la de 2018.

“Me pareció que era el momento para democratizar la alta cocina, que nadie piense que es algo exclusivo"

La receta del éxito consiste en el perfecto maridaje entre ritmo y cocina, 35 artistas nacionales e internacionales y otros tantos chefs (que suman 42 soles Repsol) entregados a la causa de estimular los sentidos del público. Pepe Solla (tres soles Repsol y una estrella Michelin) no es solo la batuta que dirige la cocina, es uno de los impulsores de la cita, hace ya 8 años. “Me pareció que era el momento para democratizar la alta cocina, que nadie piense que la alta cocina es algo exclusivo (otra cosa es que en un restaurante haya pocas plazas y sea difícil reservar, pero esto no quiere decir que sea para una élite)”, explica a Alimente.

Una vez hecha la puntualización, el chef admite: “Nos estamos distanciando demasiado del público y eso no tiene sentido, porque un cocinero cocina para el público”. Con esta intención se comprometió con PortAmérica y el resultado es que “hemos ido creciendo; cada vez funciona mejor y este año, entre todos los cocineros hemos elaborado 15.000 tapas”, apunta feliz en el Showrocking Guía Repsol 2019, rodeado de compañeros que trabajan para ofrecer sus creaciones a los cientos de personas que se acercan al espacio a ver en directo cómo se preparan las tapas y, desde luego, degustarlas.

Javi Estévez (un sol Repsol), de la Tasquería, acude por tercer año al festival, por lo que sabe con qué medios se va a encontrar y qué tiene que preparar para satisfacer las expectativas del público. “De un año para otro aprendes a adaptarte al medio y cada edición queremos traer cosas más complicadas. Con Pepe a la cabeza, esto es un arte”, resalta.

Los asistentes disfrutaron como niños.
Los asistentes disfrutaron como niños.

Con la confianza que da la experiencia, el madrileño ha elaborado este año dos tapas (700 unidades de cada propuesta): zamburiña gratinada con guiso de oreja de cerdo y bechamel, y brioche relleno de pastrami de ternera, pepinillo encurtido y mahonesa de chipotle. “Es un reto para un cocinero sacar un servicio para tanta gente. Siempre hay imprevistos, aunque vengas muy preparado y con todo controlado, por eso debemos tener capacidad de reacción”, reconoce, pero ni los obstáculos ensombrecen el buen rollo: “Hay tan buen ambiente y camaradería que todo sale. Sabemos que venir aquí no es solo ofrecer nuestra propuesta, sino estar con los compañeros y pasarlo bien”, insiste.

Teresa Gutiérrez (un sol Repsol), de Azafrán, es nueva en PortAmérica. Acude por primera vez al evento, pero ha asimilado a la perfección la esencia: “Es una experiencia que te acerca mucho al público y ofrece la oportunidad única de traer platos de tu tierra para que la gente los conozca y pruebe tu cocina”. Sus tapas: atascaburras de bacalao, queso manchego y azafrán y panceta a la brasa, guindilla y migas manchegas. Son platos manchegos, de una zona muy concreta, Villarrobledo (Albacete), que Gutiérrez defiende con pasión: “Los nombres suscitan la curiosidad de la gente y les anima a probarlos”. Después, el éxito está garantizado a juzgar por la rapidez con que se han agotado sus tapas.

La cocina, más grande que las de sus restaurantes.
La cocina, más grande que las de sus restaurantes.

Para un chef joven como ella, participar en este evento representa una oportunidad única. “Es enriquecedor ver cómo se organizan cocineros experimentados para trabajar y el tipo de platos que traen es una prueba de su gran experiencia”, confiesa entusiasmada.

Como sus compañeros, aboga por acercar la alta cocina al gran público y para este propósito, aprovechar los festivales de música es una buena oportunidad. ¿Sería posible trasladar el concepto de PortAmérica a Viñarock, el clásico de que tiene lugar en Villarrobledo? “Es difícil porque es un festival con muchísimo más público y en otro entorno. Habría que pensarlo muy bien”, opina.

Al tiempo que se suceden las actuaciones musicales en el escenario (Rozalén, Carlos Sadness, Amaia, Andrés Calamaro…), por el espacio del Showroking Guía Repsol desfilan cientos de ‘festivaleros’ para degustar por 3 euros una tapa de algunos de los chefs más brillantes de la gastronomía nacional e internacional. Pepe Solla contempla entusiasmado al espectáculo, atendiendo a los cocineros y al público. “Esto aporta una satisfacción inimaginable. Ver el buen rollo que hay entre la gente que está cocinando, ver a todos los colegas disfrutando es impagable. Disfrutar del público, darle nosotros mismos nuestros platos nos aporta la satisfacción real de lo que tenemos que ser y hacer, que es cocinar para la gente”, confiesa.

La música ha parado en la Carballeira de Caldas de Reis y las cocinas se han cerrado, pero PortAmérica 2020 ya se está cocinando en la mente de Pepe Solla, la figura más visible del certamen.