El que fuera el licor por antonomasia de los años 80 parece resurgir. En la década de Mecano y de los vaqueros nevados, la gente guay bebía bourbon, aunque también otras bebidas. Todas, poco a poco, han vuelto a nuestras coctelerías y nuestros minibares a lo largo de estos casi 30 años, pero la bebida americana por antonomasia ha sido mucho más tímida que el resto. En nuestro país quedó relegada durante mucho tiempo a los más rockeros, esos que escuchaban ZZ Top mientras golpeaban su vaso en la hebilla (con forma de calavera de bisonte) de su cinturón.

Pero los tiempos han cambiado, ya no hay tantos puristas, y los que quedan son más de postín. Ahora lo que nos importa como consumidores es la calidad, el sabor...; en definitiva, el producto. Es aquí donde el bourbon puede sacar tajada. También es la razón de que Alimente se desplazase hasta el lugar de nuestra geografía que menos le pega a esta bebida, Ibiza, para hablar con Chris Fletcher, mano derecha del maestro destilador (y pretendiente a ese puesto en el futuro) de la icónica marca Jack Daniel's.

"En Estados Unidos lo consumimos prácticamente igual que en España, en bares y acompañados por amigos"

Para comprender la vuelta de esta bebida es importante entender que la imagen que tenemos de ella no tiene mucho que ver con la realidad. A nosotros nos pega que los estadounidenses la beban como hacen en series como 'Mad Men', durante las horas laborables (en realidad eso supondría un soberano despido hoy en día) o al llegar a casa después de una dura jornada de trabajo. Una copa y a cenar. "Esto no es en absoluto la realidad. En Estados Unidos lo consumimos prácticamente igual que en España, en bares y acompañados. De hecho, cada vez hay más bares especializados únicamente en servir Tennessee whiskeys", explica Chris Fletcher a Alimente.

Y esa distinción que hace el experto entre el concepto de Tennessee whiskey y bourbon es muy importante. Vamos por partes: el tradicional, el que todos conocemos, es el whisky escocés (aunque se puede fabricar en cualquier parte del mundo, con lo que solo dejaría de ser 'escocés'). En Irlanda, para diferenciarse aunque sea un poco, elaboran el mismo producto, pero lo llaman whiskey. Ambos están hechos principalemente con cebada (o trigo) y envejecidos en barriles usados que ya han perdido casi todo el sabor y color. Por el contrario, al otro lado del charco hay tres variedades. Todas cumplen los mismos criterios básicos: deben estar hechos con maíz (al menos un 51%) y ser envejecidos en barricas de roble chamuscadas por dentro. Es esto lo que les da ese color tan intenso. Después, dependiendo de otros criterios algo más exquisitos, se clasifican en whiskey a secas; bourbon y, por último, Tennessee whiskey (como el Jack Daniel's). Para conseguir ser Tennessee whiskey, el producto debe, además, ser filtrado con carbón hecho de arce. Todos los Tennessee whiskeys son bourbon, pero no todos los bourbons son Tenessee whiskeys.

Cómo lo bebemos

Es imprescindible, en el proceso de popularización de una bebida, que haya una 'forma correcta' de tomarla. A primera vista podríamos suponer lo anteriormente mencionado: que se beba solo, en un vaso ancho y bajo. Pero en Estados Unidos, como innovadores que son, creen que debes hacer lo que quieras. Según explica Chris Fletcher: "Al menos con nuestro producto no nos importa cómo lo bebas, no hay una forma correcta. ¿Te gusta más con hielo? Eso es lo que debes hacer. ¿En un cóctel? Bien por ti. Eso sí, siempre y cuando lo consumas de forma responsable", bromea el experto.

Foto: iStock.
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Eso sí, el maestro destilador explica que, por su parte, siempre le añade hielo porque logra dos cosas: "Que la bebida esté más fría, lo que reduce ciertos aromas, los hace más sutiles. Pero al mismo tiempo libera agua, que tiene el efecto completamente opuesto. Saca olores y sabores que no son tan reconocibles con el líquido recién salido de la botella. A fin de cuentas, creemos que es una cuestión de preferencias personales".

Es innegable que esta bebida está adquiriendo creciente popularidad en nuestro día a día, o mejor dicho, en nuestra noche a noche. A ver si somos capaces de quitarnos los estereotipos de encima y conseguimos disfrutar de un resucitado de nuestra cultura catadora.