Para todos lo que hayan vivido el apuro de comerse el pan del vecino de mesa, o han oído que “no se espera a los segundos”, o los que se creyeron muy finos comiendo espárragos con las manos, hoy traemos las indicaciones de Marina Fernández, directora de Comunicación y Relaciones Internacionales del Grupo Escuela Internacional de Protocolo, que nos da las claves de esas pinceladas dudosas del protocolo para estar seguros y relajados vayamos donde vayamos.

“El protocolo es comunicación, así que con cada cosa que haga estaré transmitiendo un mensaje”, nos dice Marina. Pero, relájense, que no nos habla la mismísima señorita Rottenmeier. Desde las altas esferas nos dicen: “Allí donde fueres haz lo que vieres”. Así que, ante la duda, mucho sentido común y un ojo pendiente de las señales que nos manda el anfitrión o la anfitriona.

El anfitrión decide quién se sienta en cada sitio y reserva el mejor lugar al invitado principal


Siéntense a la mesa, la cena está servida. Ya llega el primer lío. Estatus, feminismos, poder... Esto promete. Nada de jugar al juego de las sillas, aquí manda el anfitrión, que reserva el mejor puesto a su invitado principal, ya sea la abuela de la familia o el alcalde del pueblo.

¿Descanso matrimonial? Es así como se llamaba la forma de ordenar comensales intercalando chico-chica que no fueran de la pareja, pero Fernández nos indica que ya casi no se estila.

Al pan, pan, y al vino... ya veremos

Este suculento acompañante, debilidad de los celiacos es protagonista de muchos enredos. Son las tres de la tarde, porque en España se come tarde, nos sentamos a la mesa del restaurante y ahí está el pan listo en un platito diciendo 'cómeme', y espérate que no te lo hayan puesto calentito. ¡Alto! Ni se te ocurra tocarlo antes de que el anfitrión se siente y, dado que es un acompañante, si esperas a que te traigan la comida, mucho mejor. ¿Dudas? ¿Le robarás el pan al vecino? Pues acuérdate de esto: es el de la izquierda y tiene un motivo. Aceptando la premisa de que la derecha es nuestra mano más competente, en general, dejamos esta para lo más importante: beber vinito. Levantar la copa y acercarla a los labios puede ser un ejercicio de alto riesgo, sobre todo dependiendo del número de veces que se practique la acrobacia. Por lo que tal cometido se lo dejamos a la diestra y a la zurda, la simple tarea de pellizcar el pan. ¿Pellizcar? Sí, y atentos de nuevo: es de mendrugos mordisquear el mendrugo. Se coge un trocito con dos deditos, se empuja y se come. Bueno.... y se moja. ¡No! Nada de mojeteos. Aunque la salsa esté como para lamer el plato, nada de barcos en la mesa. ¿Y si pincho el pan en el tenedor? ¡Que no! Que tampoco vale.

Foto: iStock.
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Han llegado los aperitivos, un poquito de jamón, unas croquetas, langostinos y espárragos... ¡Qué festín! ¡Al ataque! Pero... ¡cachis! ¿Con la mano? Sabía que me harías esa pregunta. Dado que no estamos en un cóctel y no nos están invitando a tomar unas croquetas del tamaño de las aceitunas, vete empuñando el tenedor, que también te va a valer para el jamón y para los espárragos. ¿Y los langostinos? Te daré una pista: ¿ves un tenedor de pescado y una pala listos y firmes al lado de tu plato? Pues va a ser que toca utilizar la artillería fina. Ahora, si estás con tu prima en un chiringuito hasta las orejas de arena y la clientela a cuerpo descubierto, no hace falta que vayas de finolis: ¡descabeza ese bicho y sorbe los sesos!

En realidad, este consejo vale para todo, hagamos de nuevo un llamamiento al sentido común. Si estás en casa de tu novia y tu suegra conquista el jamón con las manos, tú también, por mucho que te hayamos dicho antes otra cosa.

Buen momento para hablar de la servilleta

Normas básicas de este trapo: al poner la mesa dos opciones, cualquiera de ellas incluye un buen planchado: en rectángulo sobre el plato o en triángulo sobre los cubiertos de la derecha.

Al sentarte espera a que el anfitrión desdoble su servilleta y la pose en el regazo y haz lo mismo. Cada vez que bebas, y repito, cada vez que bebas, toca darle uso y después también. Evitaremos grumos y manchurrones por nuestra copa. Todo tiene sentido.

Foto: iStock.
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Prueba superada, seguimos avanzando, ya llega la sopa. Madre mía, qué caliente. ¡Quieto ahí! Ni aunque la misma reina lo diga, nada de soplar la sopa. En la mesa ni se sorbe, ni se sopla. La puedes mover con delicadeza y en cuanto puedas, manteniendo la cabeza donde estaba previamente y la cuchara un poco ladeada... para dentro. Insisto: nada de barcos. Aunque la sopa esté de ponerle un piso y sea delito penal dejarse una gota, nada de inclinar el plato para apurar. Si te quedan unos mililitros despídete de ellos con entereza.

Eso de que 'a los segundos no se espera' seguro que lo inventó alguien con hambre

Si estamos en una casa y el anfitrión o anfitriona se levanta a recoger, hacemos el amago de ayudar. Ojo, ojo, que lo estoy viendo. ¿Pongo un plato vierte-restos y empujo las sobras de todos para ahorrarme este paso en la cocina? No, más valen dos viajes que hacer en la mesa lo que se hace en la basura.

¿Y lo bien que estamos en un restaurante? Me quitan, me ponen y yo: “Gracias, gracias”. Vaya, resulta que algo ha pasado y han traído todos los segundos menos el de mi cuñada, pero qué más da, si “a los segundos no se espera”. ¡De eso nada!, seguro que eso se lo inventó uno con hambre. Eso sí, tu cuñada debiera ser tan amable de deciros: adelante, que se os quedará frío. Y ante eso, pues gracias ¡y al jale!

Foto: iStock.
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Cuando termines, cubiertos juntos a las 6:30, con este dato seguro que algún purista nos dice que no, que más a la izquierda, y otro dirá que más a la derecha. Depende, y esto ya es hilar muy fino, de si el servicio es a la inglesa o la francesa, pero como estamos en España y no nos queremos equivocar: apostamos por el centro. Si solo estás descansando los apoyas a las 3:15 y, ¡claro está!, con el mango en el mantel y la parte sucia en el plato.

¡Qué bien hemos comido! Me echaría un pitillito ahora mismo. Ejem, ejem, de la mesa uno no se levanta. Bueno, no pasa nada porque a la que voy al baño.... Si no hay más remedio y te vas a levantar, hazlo entre platos y no hace falta que des detalles al resto de comensales de dónde vas. ¡Ah! Y esto no lo hemos dicho, el móvil no está encima de la mesa, ¿verdad?

Cuidado con los brindis

Antes de los postres, si eres el anfitrión, ten en cuenta qué cubierto necesita el postre que vayas a servir. El básico es el tenedor, por ejemplo, una tarta se come con tenedor, pero si vas a poner natillas o naranja, evidentemente habrá que poner cuchara o cuchillo.

Foto: iStock.
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Esta comida se merece un brindis. Estoy de acuerdo, pero... ¡Cuidado con los choques! Alegría sí, agradecimientos todos, pero chinchín y cristales volando por los aires y vertidos de líquidos: no. Hacemos el gesto levantando la copa, que cuenta lo mismo, y bebemos, especialmente si el de enfrente queda a un metro y medio y voy a tener que hacer equilibrios imposibles.

Bendita sobremesa, costumbre muy española. Recuerda que el punto final lo pone el anfitrión cuando deja su servilleta colocada (que no doblada) sobre la mesa y se levanta. Se acabó.

Los expertos hablan

Xavier Medina, director de la Cátedra UNESCO Alimentación Cultura y Desarrollo, Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, explica que las normas a la mesa tienen o bien un sentido práctico, como ya hemos visto, o cultural. “Aquí, por ejemplo, distribuimos la comida en entrantes, primeros, segundos... y en China se sirve toda al mismo tiempo”. Marina Fernández añade que en Italia es casi una ofensa no repetir y en los países asiáticos pueden ofenderse porque estás lanzando el mensaje de que te han puesto poco.

Cree Medina que los modales se están democratizando, “antes había mucha diferenciación social. Había gente con un alto nivel que se comportaba de cierta manera como signo de distinción”, explica. “Era una forma de demostrar una educación y unos conocimientos que otros no tenían”.

Hoy en día estos modales se han difuminado, “ahora hay más gente en un nivel medio, aunque en los ámbitos más formales se sigan manteniendo unas normas muy estrictas”. La sociedad cambia y con ella el protocolo; sin ir más lejos, “el feminismo, que es transversal a todos los aspectos de la sociedad, también se está reflejando aquí”, afirma.