Antes de nada, siempre nos va a influir el lugar en el que estemos pasando, o vayamos a pasar, los días de vacaciones. Las condiciones climáticas van a ser determinantes en nuestras apetencias vinícolas. Es por eso que esta propuesta incluye diversos perfiles y tipos de vino; luego queda en vuestra mano la elección conforme a destino, gustos y temperatura ambiental.

Si todavía no habéis preparado las maletas o si ya estáis disfrutando del reposo veraniego, unas cuantas botellas por si queréis hacerle al vino un huequito en el equipaje y en vuestra mesa. Ideas para distintos momentos del día pero para todas la misma recomendación en el punto de partida: es determinante que el vino se sirva a la temperatura adecuada. ¡Cruzada contra la temperatura ambiente! para disfrutar de verdad de la etiqueta en cuestión. Lo hemos apuntado en anteriores ocasiones, tanto en casa como en cualquier establecimiento, hay que servirlo con al menos un par de grados por debajo de lo requerido o recomendado pues los recuperará una vez abierto, servido y dejado en la mesa. Pero además, las cubiteras y el hielo serán estupendos aliados…también de los tintos.

Los albariños están en posición predominante gracias a una acidez que favorece su frescura

Insisto, el vino es un acertado compañero también en los meses más calurosos del año, a pesar de duro que juega la cerveza, la considerada su fuerte competidora pero que en absoluto se debe tratar como rival pues nada tienen que ver. Por supuesto, es innegable el carácter refrescante que la define, pero su consumo no tiene por qué anular el del vino; son perfectamente complementarias porque cada una tiene su momento.

Son muchas las referencias reseñables como recomendaciones veraniegas, capaces de sorprender a quien le dé la oportunidad siempre que estén conservadas, tratadas y servidas en las condiciones adecuadas. A partir de aquí, tenemos vinos para el aperitivo, para un chiringuito en la playa, para una barbacoa o para una comida más fría, para alargar una sobremesa, para una terraza, para ver el atardecer… ¡Echa un vistazo!

Entre los rosados, auténticos vinos de temporada (por mucho que pelean por ser atemporales), recomendables los más ligeros y frescos, con buena acidez y fáciles de beber. Aire de Protos, el navarro Artazuri, Flor de Muga, Izadi Larrosa o Excellens Rosé de Marqués de Cáceres… Mejor de tempranillo o garnacha porque los que contienen variedades foráneas pueden tener mayor estructura e incluso tanicidad.

También es momento de tintos jóvenes, asentados ya porque hace meses que salieron al mercado, y de vinos de maceración carbónica, característicos por su jugosidad y una cierta efervescencia. Vinos fluidos y con viveza, donde destacan las notas de fruta, flores, los aromas frescos y herbáceos. Entre las diversas alternativas puedes probar el ribereño Cillar, el ‘pequeño’ de la firma Cillar de Silos, Viña Urbezo de Cariñena, el joven Luzón de las bodegas jumillanas del mismo nombre, o El Corralón de Jiménez Landi, desde Méntrida y de reciente llegada al mercado. Luego, tienes el joven Artadi Tradición, el riojano Luis Cañas Tinto Joven, o el berciano Palacio de Canedo, entre los de maceración carbónica.

Foto: iStock
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Por supuesto, no me olvido de los blancos más jóvenes, los del año, otro de los ‘clásicos’ del verano. Con los albariños en posición predominante gracias a una acidez que favorece su frescura, hay recomendables etiquetas en muy diversas zonas elaboradoras del país. El perfil a buscar, que sean aromáticos, no muy corpulentos, con un paso ligero, frutal y fresco. Albariños como Pazo Señorans, Do Ferreiro, Terras Gauda, Martín Códax o Fillaboa; el Guitian Godello procedente de Valdeorras, o ruedas como José Pariente, Javier Sanz Verdejo o Naia… aunque la relación resulta infinita. Y que se puede completar con otro perfil, el de los blancos elaborados con uvas muy aromáticas como son la riesling, gewürztraminer o moscatel, unas variedades que se traducen en amabilidad, dulzura, untuosidad y paso sedoso. Enate Gewürztraminer y Finca Río Negro Gewürztraminer, Waltraud Riesling (Familia Torres), o moscateles como Botani, MR, ambos malagueños y secos (esto es, no cargados de dulzor), Gran Feudo en Navarra, y Enrique Mendoza desde Alicante.

Los espumosos son otro estupendo compañero veraniego. Más allá de los blanc de noirs reunidos en la pasada entrega, en esta selección abogo por cavas más jóvenes, con poca crianza con lías, en los que encontramos más perfil frutal y un carbónico más vivo que contribuye a la frescura y viveza del vino. Así son estos cuatro cavas, Vilarnau Brut Nature, Anna de Codorníu, Castillo Perelada Brut Nature Vintage o Privat Selected Cuvée, además con precios asequibles.

Y por supuesto, muy recomendables finos y manzanillas, otros ideales de temporada, aunque siempre reseñables por únicos y especiales. Frescos e intensos, aromáticos, con un particular carácter salino y que agradecen tomar bien fríos, a unos 8º. Puedes apuntar los finos jerezanos Fino Tradición, La Ina, del Grupo Caballero, Tío Pepe, de González Byass, o Tío Mateo (Grupo Estévez), junto a Fino CB, este desde Montilla-Moriles, de las bodegas Alvear. Entre las manzanillas La Guita, Solear, de Bodegas Barbadillo, Papirusa de Lustau o San León de Argüeso.

Etiquetas todas para poder comprobar que, aunque sea verano y altas las temperaturas, el vino continúa siendo un buen compañero de viaje.

(*) Maceración carbónica

Un proceso de fermentación en el que los racimos de uva son introducidos enteros en depósitos saturados de anhídrido carbónico. El peso de los racimos hace que algunos se rompan liberando una pequeña parte del mosto que inicia el proceso fermentativo. Luego, en el interior de cada grano intacto arranca una fermentación que transforma el ácido málico y parte del azúcar se metaboliza en alcohol. Acaba formándose una burbujeante espuma violácea en la superficie. Tras esta maceración carbónica las uvas son prensadas. El mosto resultante se somete a una segunda fermentación convencional.