El que come mucha fruta de salud disfruta. El refranero, que recoge toda la sabiduría popular, legitima lo que los especialistas en nutrición recomiendan incansablemente desde hace años: consumir entre tres y cinco piezas de fruta al día para evitar enfermedades, especialmente cardiovasculares y, por lo tanto, aumentar los años de vida saludable. A pesar de ello, los españoles no nos tomamos demasiado en serio esta recomendación, pues la compra de fruta fresca disminuyó un 1,8% en 2018, tal y como refleja el último Informe de Consumo Alimentario, realizado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Dicho organismo apunta que una de las causas es el incremento del precio, que es de un 4%. No obstante, son muchos los que siguen creyendo en mitos (sí, hemos dicho mitos) tales como que la fruta de postre engorda, que provoca flatulencias, que por la noche es indigesta o que una copiosa ingesta aboca a la diabetes. Tampoco faltan los que no acaban de tomarle el gusto o les aburre degustarla del mismo modo diariamente.

Sin embargo, existen muchas formas de presentarlas en la mesa, que además impiden al paladar caer en el hastío y aprovechar la fruta que está a punto de estropearse, ya sea porque hemos demorado su consumo o porque son piezas delicadas que se deterioran rápidamente, especialmente en verano. He aquí algunas ideas.

Confitada

Esta técnica consiste en cocer lenta y prolongadamente las frutas, ya sean piezas enteras, porciones, rodajas o cualquier forma que se nos venga a la mente, en un almíbar de azúcar y someterlas a un proceso de secado. Para obtener un buen desenlace, es aconsejable retirarles la piel, las semillas y las membranas, cocerlas sin alcanzar el punto de ebullición y dejarlas en un lugar que facilite su proceso de secado.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Además de alagar su vida, les imprime una textura melosa y fundente de lo más suculenta, que se presenta ideal para decorar postres, especialmente los navideños como el roscón de Reyes, hacer salsas, rellenos e incluso para degustar como snack. Además, podemos hacerlo prácticamente con cualquier fruta: naranja, piña, cerezas, ciruelas, melocotón, kiwi...

En España, la compra de fruta fresca disminuyó un 1,8% en 2018

Smoothie

Junto con la macedonia, es una de las primeras opciones que nos viene a la mente cuando queremos dar salida a la fruta que está a punto de deteriorarse o disfrutarla de otra manera, que además es apta para cualquier momento del día. Además, constituye una idea de lo más acertada, pues se perfila una alternativa diferente e interesante nutricionalmente hablando al conservar la mayor partes de las vitaminas y los minerales. A la hora de hacerlo, debemos incluir, al menos, dos tipos de frutas al gusto, pues admite cualquiera. A continuación, incorporamos la base, que puede ser leche, agua, té helado o leches vegetales, que conviene agregar en menor proporción si nos hemos decantado por frutas muy acuosas. Luego, incluimos ingredientes que espesen como yogur, kéfir, copos de avena... Finalmente, endulzamos, mejor con un edulcorante natural como la stevia.

Macerada

Se trata de sumergirlas durante un tiempo, que oscila entre las 24 y las 48 horas, en un líquido como el agua, aunque también es posible usar vinagre, licores con alcohol e incluso un jarabe, al que además podemos añadirle distintas hierbas y aromatizantes al gusto, que obviamente casen con las frutas elegidas. Como resultado, toman el sabor y el aroma del líquido en el que han estado, sin perder los nutrientes; a la vez que trasfieren a dicho líquido el suyo propio, el cual adquiere gustos y aromas de lo más interesantes, que se perfilan una magnífica opción para la elaboración de vinagres, aceites, salsas o zumos.

También puede realizarse con azúcar, en cuyo caso debemos cubrir las piezas por completo y una pizca de zumo de limón para restar dulzor. Podemos aplicarlo a cualquier fruta y el resultado funciona muy bien en postres, salsas, ensaladas e incluso para degustarlas en solitario.

En mermelada

Mermelada de frutos rojos.
Mermelada de frutos rojos.

Sin duda, constituye una excelente forma de sacarle partido a la fruta, especialmente la de temporada, y disfrutarla con otros aromas, texturas y gustos en cualquier mes del calendario. Además, las versiones caseras son más saludables que las comerciales, pues contienen menos azúcar y aditivos, y su elaboración no es demasiado compleja. Únicamente se necesitan dos ingredientes: azúcar y fruta. Ahora bien, si queremos una versión casera resultona, debemos adecuar la proporción de azúcar para que la textura no quede demasiado líquida, que debe oscilar entre los 700 g y los 1.000 g de azúcar por cada kilo de fruta. Y si es blanca, mejor, pues mantendrá el sabor original de las frutas.

En caso de escoger variedades con poca cantidad de pectina (una fibra natural, que se concentra principalmente en la piel de las frutas, la cual une con el azúcar y los ácidos de la fruta para formar un gel) como las fresas o peras, se hace necesario añadir esta componente de forma artificial, aunque también podemos recurrir a la cola de pescado.

¿Qué frutas son las más aconsejables? En realidad, no hay reglas establecidas, aunque lo conveniente es optar por las de temporada como los higos, las fresas, las moras o las frambuesas, ya que están en su máximo esplendor.

Deshidratada

Tal y como hemos comentado en un artículo postrero, se realiza sometiendo las frutas a un proceso de deshidratación y uno posterior de secado. De esta manera, alargamos su vida e intensificamos su sabor. Son válidas todas las posibilidades que hay en la frutería, pero los mejores resultados se consiguen con los higos, las manzanas, los melocotones, los dátiles, las ciruelas o las uvas. Si usamos cítricos, debemos introducirlos en un bol con agua y sal durante veinte minutos antes de secarlas para restarle amargor.

Asimismo, podemos hacer el proceso de secado en el microondas, que es más rápido, o en el horno, en cuyo caso debemos secarlas durante dos o tres horas a baja temperatura. El resultado es igual de nutritivo que las frescas y de lo más versátil, ya que se pueden incluir en los guisos, las ensaladas o cualquier elaboración repostera.