Da la sensación de que en los últimos tiempos el sector vinícola vive vertiginosamente. No es más que eso, sensación. Es verdad que viene protagonizando sonoros y determinantes movimientos en estos meses, pero no son fruto de un día sino de una realidad que se impone hace años y está provocando esos cambios en el vino y sus bodegas. La razón es solo una, o te subes al tren o lo pierdes, y este sector no está para perder oportunidades.

Movimientos renovadores en forma de cambios, novedades, adaptaciones al mercado, avances o, en resumen, evolución. ¡Renovarse o morir! Al vino le viene que ni pintado. Una renovación vinculada a la necesidad de adaptarse a tendencias y cambios en el mercado, a los gustos imperantes.

Cada una a su ritmo, diferentes zonas vinícolas del país se están poniendo las pilas para no perder su trozo de tarta, por pequeña que viene siendo desde hace décadas. (Recordemos, consumo medio de 21 litros por persona al año!)

Ribera del Duero

Se estrena como denominación de origen que ya admite blancos. Muchos de sus bodegueros lo estaban reclamando hace tiempo porque esos vinos que estaban elaborando no podían salir con la contraetiqueta de esta DO, sino que estaban en el mercado como Vinos de Mesa o Vinos de la Tierra de Castilla y León. Pero los blancos van ganando adeptos, aumenta su venta y consumo, y son bastantes los que se están haciendo en esta zona castellanoleonesa. Por eso, la denominación al fin los acoge como propios. La condición (ya recogida en su normativa), tienen que estar elaborados con al menos un 75% de uva albillo, autóctona del territorio y que ahora se reconoce también como variedad principal en la Ribera del Duero, al mismo nivel que la tinta tempranillo.

Rioja

La más potente, mediática, conocida y reconocida de nuestras denominaciones, la DOCa Rioja se ha visto obligada a salir de su zona de confort porque la competencia crece, la siente cada día más cerca, y su cliente más fiel tiene cada día más años. Se hace fundamental conquistar a un nuevo consumidor. Y ahora incluye en su catálogo espumosos (rosados y blancos) y vinos rosados con un color menos intenso con el fin –apuntan desde el propio Consejo Regulador– “de cubrir un mayor espectro de la demanda actual del mercado con productos innovadores”. Además, en lo que a blancos atañe, vienen incorporando la admisión de nuevas uvas como las autóctonas maturana, tempranillo blanco y turruntés, la popular verdejo y las internacionales chardonnay y sauvignon blanc. Es decir, la denominación apuesta por las elaboraciones blancas en un territorio, es importante apuntarlo, cuyo origen está vinculado este tipo de vinos. Un dato que ahora el Consejo Regulador pone en valor pues es un constante goteo la aparición de estas elaboraciones en el espacio vinícola riojano.

Viñedos en San Vicente de la Sonsierra, La Rioja. (iStock)
Viñedos en San Vicente de la Sonsierra, La Rioja. (iStock)

Cambios que se completan con la aprobación de nuevas indicaciones geográficas, un concepto algo farragoso para el consumidor en general pero que responde a la nueva regulación puesta en marcha en esta denominación hace poco más de dos años. Se puede explicar como la manera de certificar y darle valor al origen de las uvas con las que se hacen los vinos y para ello reconocer tres figuras: vinos de zona, de municipio y de viñedo singular. Información que aparecerá en la etiqueta.

Los movimientos vinícolas tienen la vista puesta en la conquista de los (nuevos) mercados

Segmentar los productos (por calidades) y zonificar el territorio es en lo que ahora se empeña Cava, denominación que, muy a su pesar, viene copando titulares desde hace tiempo por los muchos y traumáticos cambios que se están produciendo en su seno. Son algunas de las medidas que van a poner en marcha para aplacar, de algún modo, los abandonos que está sufriendo. Más de una decena de firmas cavistas de toda la vida se han salido de la denominación para conformar su propia marca, Corpinnat, arguyendo que no estaban siendo representados ni sus intereses ni la calidad de sus productos. Pero años antes, con un argumento similar, ya se habían marchado otras firmas elaboradoras de espumosos a Clàssic Penedés, una subcategoría creada dentro de la DO Penedés para identificar sus burbujas. Dos colectivos (Corpinnat y los Clássic) con intereses comunes que ahora parecen ‘amenazar’ con la constitución de una nueva DO para espumosos en la zona del Penedès. Veremos qué acontece en los próximos meses.

Sonadas modificaciones en la propiedad

En este convulso escenario, las históricas cavistas Freixenet y Codorníu dejaban de ser empresas familiares para que su mayoría accionarial quedara en manos de potentes compañías extranjeras. El potente grupo alemán Henkell es la actual propietaria de Freixenet, con casi el 51% de las acciones, desde el primer trimestre del pasado año, y meses después, en julio, se conocía que el grupo catalán Codorníu Raventós pasaba a manos del fondo inversor americano The Carlyle Group al quedarse con más del 65% de la propiedad.

De regreso a la Ribera del Duero, dos operaciones que tienen su enjundia, aunque nada tengan que ver la una con la otra. La primera está protagonizada por la Familia Fernández Rivera y un cambio de titularidad que responde a la segunda etapa, o nueva vida, de la archiconocida firma familiar Alejandro Fernández- Gupo Pesquera. Hijas y nietas del popular bodeguero ribereño toman ahora las riendas empresariales a expensas, eso sí, de lo que vayan resolviendo poco a poco los juzgados respecto al conflicto familiar (propiedades, marcas, imagen, viñas…) en el que están inmersos. Enfrente, Alejandro Fernández y Eva, una de sus hijas y quien hasta el pasado año había sido la enóloga de la casa. Pero mientras los jueces dirimen, las Fernández Rivera acaban de presentar la nueva añada de los tres vinos (un blanco y dos tintos) que elaboran en la DO La Mancha, en la bodega El Vínculo, y que llegan con una imagen renovada.

En cuanto a la segunda operación empresarial, representa un importantísimo crecimiento para la prestigiada firma Pago de Carraovejas, bodega que con sus más recientes adquisiciones se hace fuerte en la elaboración de blancos. Tras quedarse con las segovianas Bodegas Ossian en 2017, donde hacen grandes vinos de verdejo, a principios de verano desembarcaba en tierras gallegas tras quedarse con Emilio Rojo y Viña Meín, dos marcas destacadas de la denominación Ribeiro por lo que han representado para la evolución de esta discreta zona vinícola.

En conjunto, solo unos tantos de los muchos y diversos movimientos vinícolas que se están produciendo y producirán en los próximos meses y años con la vista puesta en la conquista de los (nuevos) mercados.