Los cumpleaños vinícolas están a la orden del día, y son tantas las bodegas existentes que se podría estar apagando velas a diario. Pero lo noticiable va más allá, pues se producen modificaciones de toda índole, además de llamativas colaboraciones y, sobre todo, los estrenos no cesan. Nos hacemos eco de algunos de estos acontecimientos más recientes.

Tras años de experiencia, selección y crianza, en el barrio de la Estación de Haro, la histórica casa La Rioja Alta transforma su clásico Viña Arana Reserva (marca registrada en 1974) en un Gran Reserva, y lo hace con la añada 2012. Viña Arana Gran Reserva 2012 (25 €) se convierte en el tercer gran reserva de la firma (junto a Gran Reserva 890 y Gran Reserva 904). Como apunta el presidente del grupo riojano, Guillermo de Aranzabal, "supone un nuevo estilo dentro de esta categoría, un rioja tradicional adaptado a las nuevas tendencias”. Además, saldrá solo en añadas escogidas, y no cada año como sucedía con Arana Reserva. Es más, el siguiente será la 2014 pues la 2013 no la van a elaborar. La capacidad de envejecimiento que observaban en Arana Reserva animó al equipo de la firma a tomar esta decisión, “teníamos vocación de que se convirtiera en gran reserva”, comentaba su principal responsable, Julio Sáenz, enólogo y director técnico de todo el grupo vinícola.

“Se han pisado los racimos enteros, está dos días en frío con sus pieles antes de ser prensado”

Procede de las fincas que más tardan en madurar y que, por ende, más tarde vendimian, y se compone, en esta añada (pues puede ir variando), de tempranillo con un 5% de graciano de viñedos propios. “Dos uvas que se complementan –añade Sáenz–, por el aporte de frescura, estructura y elegancia del tempranillo, y la intensidad aromática y acidez del graciano, alcanzando juntas una gran capacidad de guarda". Ha tenido un envejecimiento de tres años en barricas de roble americano y ahora se encuentra en un momento óptimo de consumo: elegante, amable, goloso, equilibrado, donde aromas de tofe conviven con fruta carnosa y fresca. Un vino, además, que estrena imagen.

Sin abandonar la casa, otro de sus clásicos, emblemático en Rioja, es Viña Ardanza, que en su más reciente añada estrena ‘apellido’. Lo aclaramos: Viña Ardanza 2010 Selección Especial (21 €), una calificación que le han otorgado al considerarla desde la firma entre las mejores cosechas de este siglo. Antes, solo habían sido considerados 'míticos' Ardanza 1964, 1973 y 2001. Según explica su artífice, las buenas condiciones meteorológicas de ese año fueron determinantes para que el vino haya alcanzado esta consideración. Resulta de la suma de un 80% de tempranillo y un 20% de garnacha, uvas muy seleccionadas y como ha sucedido después al escoger las barricas en las que iba a realizar su crianza: el tempranillo durante 36 meses y 30 meses la garnacha, ambos en roble americano. Un vino aromático, fresco (fruta rota), especiado, balsámico, con recuerdos de vainilla y café; un vino estructurado, con nobles taninos y largo recorrido en botella. La ocasión ha sido merecedora, además, de cambios en la etiqueta, donde se ha recuperado el color azul que en otra época había llevado este vino.

En Bodegas Muga, también vecinos de Haro y del barrio de la Estación, uno de sus vinos más prestigiosos está de aniversario; en concreto, celebrando un cuarto de siglo. Torre Muga 2016 (70 €) salió por vez primera en 1994 –con la añada 1991– y debe su nombre a la torre que hay en la bodega, uno de sus elementos identificativos. El vino es la combinación de un 75% de tempranillo con 15% de mazuelo y 10% de graciano, con una crianza de 18 meses en barricas de roble nuevo francés fabricadas en la propia tonelería de Muga. Elegante, complejo, profundo, fresco, con aromas de fruta negra, especias (pimienta negra), notas balsámicas y tostadas. Boca con estructura, amable, buena acidez y persistencia.

Torre Muga 2016.
Torre Muga 2016.

Desde espectaculares viñedos del Priorat, en concreto de la tarraconense Porrera, Bodegas Torres (que el próximo año cumplirá 150 años) protagoniza un estreno por todo lo alto con su Mas de la Rosa 2016. Una elaboración superespecial, procedente de la finca que le da nombre (la Masía de Rosa, “rodeada de un anfiteatro de viñedos”, como dice Miguel Torres), compuesto por 60% de cariñena y 40% de garnacha. Uvas situadas en vertiginosas terrazas, de un viñedo viejo en vaso de más de 80 años, en suelos de pizarra, y de las que han resultado unas 2.000 botellas. De ahí el precio, ¡370 € la botella! Un vino que de paisaje, pues refleja de donde sale y lo que lo rodea, con una crianza de 16 meses en barricas de roble francés de 500 litros. Profundo, elegante, muestra aromas de fruta en confitura, hierbas aromáticas, balsámicos y ligeros recuerdos de a crianza. Untuoso en boca, equilibrado, con fruta, frescura, paso fino y un largo postgusto. La añada 2017 no verá la luz, al menos, hasta mediados del próximo año. De momento, reposa en el botellero de la casa.

Entre los recién llegados

Bodegas Arrayán, con dos décadas de historia en tierras toledanas (Santa Cruz del Retamar), acaba de presentar Arroyo de Arrayán, un proyecto-homenaje al artista Eduardo Arroyo coincidiendo con el primer aniversario de su muerte. Se trata de un estuche de dos botellas (48 €), un blanco y un tinto, bajo la denominación de origen Méntrida, ‘vestidas’ con dos creaciones del pintor. Y es que Arroyo estuvo involucrado en la bodega desde el principio, amigo de la familia propietaria (José María Entrecanales y María Marsans) y “gran embajador de la marca”, apuntan. Los cuadros escogidos para la ocasión, Parmi les peintres 1976 (Entre los pintores) para el tinto y Ramoneur 1976 (Deshollinador) para el blanco, dos obras que utilizan la misma técnica de collage en papel de lija y que representan la filosofía de la máscara, uno de sus temas favoritos.

En cuanto a los vinos se refiere, Arroyo de Arrayán tinto 2012 se compone de las cuatro primeras variedades foráneas plantadas en 1999 en la Finca La Verdosa, propiedad del matrimonio en el municipio toledano: 55% syrah, 20% cabernet, 15% petit verdot y 10% merlot. Tienen una crianza de 14 meses en roble francés, y el resultado es aromático, balsámico (sotobosque), fresco, con notas herbáceas y de frutos rojos y silvestres. Un vino con estructura y una noble expresividad tánica por pulir. Son 2.770 botellas y está elaborado por Maite Sánchez, enóloga de la casa desde hace un década.

Arroyo de Arrayán blanco 2018, del que salen 3.227 botellas, es una elaboración “experimental”, por eso de llevar un 55% de garnacha gris y 45% de garnacha blanca, dos de las variedades autóctonas que Sánchez se ha empeñado en incorporar desde su incorporación a esta casa. Tierra de garnacha tinta, ha apostado por ver cómo se comportan y evolucionarán las garnachas blancas en la zona. Para este vino, comenta, “se han pisado los racimos enteros, está dos días en frío con sus pieles antes de ser prensado, y luego fermentó en acero inoxidable”. Tras esto, ha estado ocho meses en barricas de 300 y 500 litros antes de ser embotellado. Fruta blanca, fresca, carnosa, con agradables notas de su paso por madera, marcada acidez y fino en el paso.

Estéreo.
Estéreo.

Estéreo 2016 (25 €) es fruto de la colaboración entre la firma gallega Attis, situada en el corazón de O Salnés, y la toledana Bodegas Canopy. Se trata de un vino tinto, mitad garnacha de Gredos de un viñedo viejo, mitad souson, tinta tradicional y muy aromática procedente de las atlánticas Rías Baixas, con un año de barrica, del que han elaborado 400 botellas y 200 mágnums. Un vino con aromas especiados, de frutos rojos, monte bajo, café. Con frescura, noble tanicidad y persistencia.

Y volvemos a Rioja para terminar con una novedad espumosa. Bodegas Bilbaínas, otra histórica del barrio de la Estación, saca al mercado Lumen (15 €), el primer espumoso de calidad al amparo de la DOCa Rioja, como admite ahora su reglamento. Después de que hayan pasado más de cien años desde que esta casa creara, en 1913, el riojano Champán Lumen, vuelve a sus orígenes rindiéndoles homenaje con este espumoso. Un vino de garnachas de 25-30 años, situadas en zonas frescas de la Rioja Alta. El vino envejece sobre lías dentro de la botella durante un mínimo de 15 meses y se muestra frutal (frutas blancas), con claras notas cítricas, viveza en la boca y paso fresco y amable.