Era una de las habilidades más preciadas de nuestras abuelas: saber aprovechar cada resto de la comida de hoy para convertirlo en el plato principal de mañana. Una especie de multiplicación de panes y peces a lo casero, un pequeño milagro que se ha venido obrando en infinidad de casas a lo largo de los años... y que en los tiempos de la cocina de usar y tirar hemos terminado por olvidar.

Podemos tomar la carne o el caldo del mismo cocido, un par de puñados de arroz y llevarlo a la olla. Para repetir

El cocido, ese invento que se estira y se estira. Desde la clásica ropavieja al arroz de cocido, son casi infinitas las vidas que puede tener este puchero. Basta con añadir a la carne un buen sofrito -cebolla, pimiento y tomate, tal vez una punta de guindilla- para tener un segundo plato de toma pan y moja. Si buscamos otro plato de cuchara, podemos tomar esa carne, caldo del mismo cocido, un par de puñados de arroz y a la olla. Para repetir.

Plato típico.
Plato típico.

La bechamel lo admite todo. Prueba de ello es el auge de las croquetas gourmet: si los chefs de pitiminí las hacen con chipirones, espinacas, boletus y roquefort, ¿no podrás tú apañarlas con los restos de esa boloñesa o con lo que sobró del cochifrito? Y sin darte ínfulas.

Al igual que la bechamel, la tortilla -en general, los huevos- es otro cajón de sastre que acepta cuanto le echen. ¿La has probado con un poco de estofado? Tira de ese hilo y te encontrarás con un mundo de cocina fusión solo equiparable al de ese otro comodín de la cocina, el arroz: más allá de la paella o de las tres delicias, siempre puede dar nueva vida a un caldo sobrante o a unas judías muertas de aburrimiento en la nevera. Una apuesta segura. Y ya si podemos aderezarlo con un poco de pimentón de La Vera o una briznas de azafrán, será digno incluso para la exigencia de 'MasterChef'.

Croquetas.
Croquetas.

Las ensaladas siempre son una buena opción para convertir la comilona culpable del día anterior en un ‘apagarremordimientos’ sano para hoy. Las fabes sobrantes de un intenso guiso tienen hueco en una ensaladera junto a unas hojas de rúcula y unos tomates cherry. Siempre y cuando se le añada un buen chorreón de aceite de oliva virgen extra, que por algo somos mediterráneos.

Pero siempre habrá un gran salvador de las sobras: el pan. Tenemos las infinitas y excelsas migas, que lo mismo te admiten torreznos que uvas que sardinas. Eso sí, ajo y pimentón que no falten. O las sopas de tomate, manjar extremeño que se resuelve con pan duro, caldo con tomate, pimiento y picante al gusto. En esta misma línea, las nunca suficientemente bien ponderadas sopas de ajo. Para resucitar a un muerto (y a tu cuenta bancaria a fin de mes). Si nos salimos de la cuchara -pero nos mantenemos en el pan-, recuerda que casi todo mejora convertido en bocata: la tortilla de patatas fría, un par de filetes de lomo adobado e incluso eso tan popular en Estados Unidos y que aquí empieza a calar (de la mano de locales como Bolero Meatballs) como son los ‘meatball subs’ o bocatas de albóndigas.