Es muy posible que no lo sepas, pero hay un vino español que fue capaz de llevar a cabo la mayor operación de marketing del momento. Sí, porque en las obras del Alejandro Dumas, Daniel Defoe, Emilio Salgari e incluso el propio Shakespeare, entre otros, encontramos alusiones al fondillón. Este último es un vino oriundo de la provincia de Alicante, pero con una indudable ansia conquistadora, pues fue capaz de surcar los mares y acabar en el paladar de reyes y personajes de talento como Chopin.

No en vano, degustar vino fondillón fue una de las últimas voluntades del rey Sol, Luis XIV, quien, al parecer, quiso entrar en el otro mundo entonado con un buen fondillón pues ya en su lecho de muerte no olvidó pedir una copa de este vino. Lo cierto es que, según un estudio de la Universidad de Valencia, este monarca únicamente bebía fondillón.

También este vino, según relata el Almirante de la marina Julio Guillén Tato, fue de los primeros en embarcarse en una ruta alrededor del mundo en una expedición capitaneada por Fernando de Magallanes. Los médicos de a bordo llegaron a afirmar que los marineros que bebían fondillón lograban defender su salud del escorbuto, una enfermedad que se desencadenaba ante el déficit de vitamina C de la que este vino, afortunadamente, andaba bien surtida.

Para el postre y para el aperitivo

Sin embargo, el fondillón no es un vino para paladear durante las comidas, pues le gusta más llegar al final del ágape y servir de excusa, de este modo, para una larga sobremesa de charla de amigos donde no deben faltar los bizcochos, unas pastas o unos sequillos. Aunque también es cierto que le gusta echar una mano en los aperitivos.

Foto: iStock.
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“El fondillón es un vino muy recomendado para el aperitivo donde los sabores ligeramente dulces contrastan gratamente con los salazones y toda clase de almadraba, hueva de atún, mojama, bonitos, bacalao seco y, por supuesto, con unas almendras fritas con sal gorda. Los últimos maridajes más vanguardistas y atrevidos proponen langosta, cigalas, gambas y quisquilla a la plancha con sal en escamas”, relatan en la web de la bodega MGWines, en Salinas (Alicante), dedicada a la producción de este mítico vino.

Una historia de latifundistas

Su historia está unida a los tiempos de grandes terratenientes y latifundistas en los que al agricultor se le cedían unas tierras a cambio del pago de un canon. Además, si dejaban de cultivarlas, las tierras pasaban de nuevo a manos del arrendatario.

Ello obligaba a los agricultores a no arrancar las cepas viejas pero postergaban su recolección hasta que se decidían a hacerlo al término de la temporada y de manera familiar pues estos racimos no resultaban muy rentables. La situación descrita abocaba inevitablemente a una sobremaduración de la uva y, por lo tanto, a un aumento de los azúcares que otorgan ese genuino sabor al fondillón que tanta fama le ha granjeado.

Ese mismo dato lo confirman en un estudio realizado por al Universidad Politécnica de Valencia (UPV): "El fondillón es un vino noble producido en la Denominación de Origen Alicante, cuya calidad es mundialmente reconocida. Se elabora con uvas de monastrell sobremaduradas en la cepa, en su fermentación únicamente intervienen levaduras autóctonas y la riqueza alcohólica adquirida es debida exclusivamente a la transformación del azúcar presente en el mosto durante la fermentación".

El fondillón viajó con Magallanes alrededor del mundo y sirvió para evitar el escorbuto en los marineros

Sin duda, el gran carrerón que en su día hizo el fondillón en el mundo no solo se explica por su dulzor y excelente sabor, sino también a esa creencia popular de que este vino podía remediar más de un mal e incluso más de un médico llegó a recetárselo a sus más adinerados pacientes en más de una ocasión pues, al parecer, reconfortaba.

El vino más caro del mundo

En la mesa de las más pudientes familias no faltaba este vino que en las primeras décadas del siglo XIX apuntaló la prosperidad del puerto de Alicante que creció gracias al comercio del fondillón. No en vano, era el vino más caro del mundo pues una caja de doce botellas podía costar 400 pesetas; es decir, el equivalente a 15.000 euros actuales. Ahora se ha abaratado 'un poco', pues una botella ronda los 50 o 60 euros.

Foto: iStock.
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Sin embargo, el fondillón estuvo a punto de perderse por ciertas adversidades con las que no contaba. La primera de ellas fue la plaga de la filoxera que irrumpió en 1878 y destruyó las vides. Este insecto dejó diezmados no solo los campos de uva de Alicante, sino los de todo el país. Ante este desolador panorama, los agricultores abandonaron sus cultivos y apostaron por trasladarse a la ciudad en busca de una nueva forma de sustento.

El turismo y la urbanización de los años venideros le asestaron el golpe definitivo, pues se elaboraba desde antiguo en zonas de la huerta de Alicante como Muchamiel, San Juan y Santa Faz, zonas costeras muy solicitadas desde un punto de vista urbanístico. Afortunadamente, ciertas localidades del interior como Monóvar o Villena han tomado el testigo.

"El fondillón nació en la desaparecida huerta de Alicante y más tarde se extendió a la comarca vecina del Vinalopó, donde actualmente se encuentra su producción. Fue uno de los vinos más prestigiosos del mundo hasta que la crisis de la filoxera y la industrialización provocó la desaparición de gran cantidad de bodegas productoras en Alicante", recuerdan en la web de Primitivo Quiles, una bodega centenaria que se propuso rescatar el fondillón del olvido.