París es una de las capitales europeas foodies por excelencia y la que acumula más estrellas Michelin. Además, es una ciudad perfecta para una escapada otoñal y un paraíso para los amantes de la gastronomía: sopa de cebolla, escargots -caracoles condimentados con ajo, champiñones, mantequilla y perejil-, ratatouille, -una mezcla de verduras aderezadas con hierbas provenzales-, coq au vin, -pollo al vino con verduras y finas hierbas-, tournedo Rossini -taco de buey de seis centímetros servido con hígado y licor- o filet mignon -filete de ternera no muy fino, sazonado con abundante pimienta negra y jugoso por dentro- son algunos de los manjares típicos. ¿Dónde probarlos? Apunta todas y cada una de estas direcciones.

De vinos: Le Baron Rouge

Le Baron Rouge.
Le Baron Rouge.

Un lugar muy apreciado por los parisinos e ideal para que los visitantes prueben buenos vinos a unos precios excepcionales; vinos que se venden por copa, medio litro o botellas. Le Baron Rouge está ubicado en la zona de la Bastilla y siempre se encuentra muy animado. Para acompañar la bebida disponen de especialidades locales frías pero muy ricas, como chacinas, quesos, patés y ostras.

Un clásico de lujo: Epicure

Restaurante Epicure.
Restaurante Epicure.

Encabeza la lista de restaurantes hoteleros legendarios. El Epicure está especializado en alta cocina francesa. Situado en el Bristol y con tres estrellas Michelin, es una oda a la distinción y al saber hacer. Los platos, la vajilla, la cristalería, las mantelerías, la decoración, el servicio y su ambiente son puro lujo. Ningún detalle desmerece el nivel de uno de los bastiones de la gastronomía clásica gala. Hay que reservar con semanas de antelación.

Museo del Chocolate

El Museo del Chocolate.
El Museo del Chocolate.

Los amantes del chocolate disfrutarán mucho en el museo más goloso de París. Aquí se organiza un recorrido que lleva a los visitantes desde la introducción de las semillas del cacao por parte de los aztecas hasta los diferentes métodos de fabricación. Por supuesto, no puede faltar la degustación, que incluye diferentes tipos de chocolate a lo largo del tiempo.

Gastronomía y espectáculo: Moulin Rouge

El más que famoso Moulin Rouge.
El más que famoso Moulin Rouge.

Historia viva de la capital francesa. Resulta obligatorio conocer la fantástica atmósfera del Moulin Rouge, el cabaret parisino más famoso del planeta y que fue construido por un español, Josep Oller, a finales del siglo XIX. La mejor opción es reservar una mesa para cenar a base de platos franceses tradicionales (hay tres tipos de menú) antes de contemplar el espectáculo de música, plumas y lentejuelas. Cuenta con opciones vegetarianas y veganas.

Cena a bordo: Bateaux Mouches

Bateaux Mouches.
Bateaux Mouches.

Otro de los clásicos imperdibles. Disfrutar de una cena a bordo de una embarcación mientras cae el sol navegando por el río Sena. Apreciar la belleza de la Ciudad de la Luz y de sus monumentos más emblemáticos desde el agua es una experiencia inolvidable. Hay múltiples opciones, pero las de Bateaux Mouches siempre son una garantía. Hay menús desde 79 hasta 325 euros. También se puede reservar solamente el paseo, comida en vez de cena y hasta un brunch dominical.

Cita histórica: Pavillon de la Grande Cascade

Pavillon de la Grande Cascade.
Pavillon de la Grande Cascade.

Un maravilloso entorno en las afueras que reúne a las familias parisinas desde hace generaciones para las celebraciones más representativas. El Pavillon de la Grande Cascade cuenta con un restaurante a modo de jardín de invierno y su decoración es una mezcla de la Belle Époque y les Années Folles. Trabajan los productos de temporada y preparan panes caseros, como el brioche a la flor de sal; ahúman salmón o foie gras en su fumoir y eligen la pesca del día de Noirmoutier. Mollejas con hierbas, corzo al cacao, flores de calabacín con rebozuelos, liebre a la royal del senador Couteaux o el turnedó Rossini son algunos de sus platos estrella. No hay que perderse su selección de quesos y los crèpes Suzette. Durante el verano su terraza es una maravilla.

Al rico croissant

Para probar auténticos croissants y algunos de los mejores panes recién horneados de la ciudad, una buena opción es Du Pian et des Idées. Es un establecimiento muy frecuentado por los parisinos y su bollería también está deliciosa. Para hacer una parada y disfrutar de un buen café, hay que visitar La Closerie des Lilas y otros cafés de la zona de Montparnasse o el café Flore, en Saint-​Germain. Ambos cuentan con un encanto especial y han sido punto de encuentro de escritores famosos y de intelectuales a lo largo de las décadas.

La cervecería con historia: La Brasserie Lipp

Es una de las más antiguas de París. De ambiente vintage, sus interiores tienen mucho encanto. Por sus salones se han citado, a lo largo de las décadas, políticos, escritores e intelectuales. La Brasserie Lipp cuenta con una extensa carta en la que se pueden probar la mayoría de las especialidades tradicionales: desde las más típicas como tarrinas de paté casero, escargots, foie gras o selección de quesos hasta otros platos más sofisticados como caviar, blinis de salmón, lenguado meunière o entrecot de 800 gramos.

El tentempié cool: Kong

Kong.
Kong.

El famoso diseñador Philippe Starck es el responsable de la decoración de este luminoso restaurante rodeado de cristaleras que ocupa las dos últimas plantas de Kenzo, frente al Point Neuf. Kong es un lugar para ver y ser visto: suele haber ambientazo, gente guapa y las vistas sobre el Sena son fabulosas. La carta fusiona la cocina francesa con la japonesa. Los domingos por la mañana es un lugar muy recomendable para disfrutar del brunch que incluye los bocados habituales: tostadas de aguacate, baguetes con mantequilla y mermelada, hamburguesas pancakes o huevos benedictinos.

Cata de champán: Dilettantes

Esta cava especializada en champanes de diferentes regiones y de pequeños productores está ubicada en el siempre animado barrio Latino. Las catas (que se pueden personalizar al gusto) se organizan en una coqueta bodega abovedada del siglo XVII. En Dilettantes se acompaña la bebida de delicatessen de la zona como embutidos, patés, mantequillas, quesos o rilletes. Una experiencia agradable y didáctica.

El panorámico: Le Ciel

Le Ciel de París.
Le Ciel de París.

Imprescindible si lo que se busca son las mejores panorámicas de la ciudad. En la Torre Montparnasse se sitúa el restaurante más alto de todo París. Le Ciel elabora alta cocina francesa y cuenta con una buena carta de vinos. Dos recomendaciones: acudir por la noche para disfrutar de la capital francesa iluminada y pedir una mesa junto a los ventanales. La Montparnasse también dispone de una oferta gastronómica más económica e informal: su 360 Bar es el café panorámico más elevado de Europa.

Una excursión imprescindible: Fontainebleau

Pocos lugares hay en Francia tan impresionantes como Fontainebleau, residencia de soberanos franceses, desde Francisco I hasta Napoléon III. Sus interiores permiten seguir la evolución de los estilos más destacados desde el siglo XVI: conjuntos de boiseries, estucos y pinturas del Renacimiento o techos de madera esculpida. Destaca su Musée Chinois creado para la emperatriz Eugenia o los fabulosos jardines que se confunden con el bosque. En la zona hay excelentes opciones para disfrutar de la cocina francesa, como el exclusivo restaurante L´Emeraude. En los alrededores, la Hôtellerie du Bas Bréau ha acogido a numerosas celebridades a lo largo de su historia. En su restaurante con chimenea se pueden degustar las especialidades de la región, especialmente la caza del bosque cercano: pato salvaje, perdiz, faisán, liebre, ciervo, jabalí… También destacan sus ensaladas, las verduras de los huertos cercanos, los embutidos y los quesos.