¿Tu madre cocina mejor? Eso es porque no sabes de qué eres capaz
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Experiencia sensorial

¿Tu madre cocina mejor? Eso es porque no sabes de qué eres capaz

Muchas veces pensamos que la comida sabe mejor si te la prepara alguien con todo su amor, pero elaborar nuestros platos es muy beneficioso para el paladar y además tiene potentes beneficios psicológicos

Foto: Foto: Unsplash/@margobr.
Foto: Unsplash/@margobr.

Siempre hemos sido conscientes de que el amor propio es más difícil de dar que el ajeno. Nos dedicamos a preocuparnos por los demás, pero ¿quién se preocupa de nosotros? Dicen que comer es uno de los mayores placeres de la vida y es cierto que compartirlo es mucho más beneficioso.

Cocinar para uno mismo suele ser sinónimo de hambre o supervivencia, pero no le dedicamos tanto tiempo como si cocinamos para un grupo de amigos que viene a cenar o para la familia un domingo cualquiera. Aunque pueda parecer mentira, la cocina para uno mismo puede encerrar muchos más beneficios de los que creemos. Es una forma de cuidarnos y querernos, es dedicarnos tiempo y disfrutar del proceso de la misma forma que lo haremos con el resultado. Existen un sinfín de tipos de cocina: experimental, alta cocina, tradicional, fusión, de vanguardia... y todas comparten algo en común: la comida como descubrimiento y experiencia. Somos lo que comemos, y esto es tan cierto como que respiramos. La comida siempre ha formado parte de nuestra cultura y de nuestros hábitos.

La cocinoterapia consiste en el uso terapéutico de cocinar mediante el empleo de la elección de ingredientes y su compra

“Cocinando podemos mejorar nuestra memoria y nuestra creatividad, como acabo de apuntar, para subsanar la escasez de tomates maduros. Y a la vez poner a prueba nuestra capacidad para percibir los diferentes sabores, aromas y texturas de los alimentos. Y cuando comemos nuestros propios platos alrededor de una buena mesa, acompañándonos de un buen vino y de algunos no menos buenos amigos, nos damos cuenta del valor real que tiene este acto social”, escribe el psicólogo Jesús Ramírez Cabañas, autor del libro 'Cocina terapéutica para poner a punto nuestras emociones'.

Foto: Unsplash/@aaronphs.
Foto: Unsplash/@aaronphs.

¿Qué es la cocinoterapia o cocina terapéutica? La cocinoterapia consiste en el uso terapéutico de cocinar, que se alcanza mediante la utilización de la elección de ingredientes y su compra y de la preparación de los alimentos, como un tiempo de relajación personal para combatir el estrés, alejar los pensamientos negativos de nuestra mente y, al final del proceso, disfrutar con el resultado obtenido. Uno de los beneficios que tiene es que, según una investigación llevada a cabo por científicos japoneses de la Universidad de Tohoku, cocinar incrementa la capacidad de trabajo del cerebro. En el experimento se mostró cómo cocinar requiere de acciones complejas en el cerebro, tanto como para mantener este órgano activo y vital.

Tips para disfrutar la comida para uno mismo

  1. Planificar. Antes de comenzar la aventura es necesario preparar lo que vamos a cocinar. Investigar, decidir, comprar los ingredientes… Esta parte no tiene por qué convertirse en un trámite desagradable, es una forma de dedicar tiempo y conocer nuevas recetas que añadir a nuestro repertorio.
  2. Aprender nuevas recetas. Podemos buscar recetas que nos evoquen recuerdos pasados o podemos innovar y probar cosas nuevas. ¿De cuchara?, ¿ecológica?, ¿dulce o salado? Hay un millón de ideas gratuitas que nos pueden servir. Para aquellos que no se atreven a inventar, existen muchas ya creadas que probar en casa.
  3. Disfrutar de la preparación. No debemos ver la preparación del plato como un castigo, sino una forma de relajarse y divertirse. Podemos utilizar música de fondo para animar el proceso. Está comprobado que cocinar ayuda con los problemas como la depresión, la ansiedad o el estrés.
  4. Orgullo. El resultado de nuestro esfuerzo no solo tiene una recompensa palatable, sino que además repercute en el sentimiento de orgullo, de logro, éxito, objetivo conseguido.
  5. Creatividad. La cocina fomenta nuestra creatividad a la hora de añadir ingredientes nuevos y modificar las recetas que ya conocemos, pero no solo eso. También la creatividad a la hora de decorar tu plato, porque aunque creamos que en la cocina para nosotros mismos no es necesaria una puesta en escena (en este caso, el plato), nos equivocamos. Sería como no arreglarse o cuidarse porque nadie te va a ver. Lo hacemos para nosotros mismos.
  6. Cuidar tu salud. Este punto es uno de los más importantes. Al cocinar para nosotros mismos tenemos en nuestra mano todas las herramientas para crear platos saludables. La buena alimentación equilibra nuestra vida y hace que todo lo demás se desarrolle de una forma armónica. Si nos alimentamos bien, dormimos mejor, tenemos más energía y nos encontraremos de buen humor.
  7. Elegir los platos que más te gustan y como a ti te gustan. Podemos decidir qué queremos comer en cada momento, sin sorpresas. Es una forma de sentir que tenemos la decisión final de todo lo que comemos.

Recetas para uno mismo

Existen miles de recetas para una persona, de hecho el blog Cocinaparauno ofrece mil posibilidades. Hemos seleccionado dos tipos de ensaladas de pasta para que podáis elegir la que más os guste. Son fáciles de preparar y además se trata de recetas muy equilibradas. También una receta de berenjenas crujientes con miel del blog Va por nosotras.

Ensalada de pasta:

Con pollo y espinacas:

Ingredientes:

  • 100 gramos de pasta para la ensalada (lazos, espirales…)
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta
  • Espinacas
  • Un filete de pollo
  • Queso rallado
  • Tomates cherry

Preparación:

  1. Calentar agua en una olla grande. Añadir un chorrito de aceite de oliva y un poquito de sal.
  2. Enfriar la pasta antes de añadir los demás ingredientes o salsa que los acompañe (la salsa podrá ser fría o caliente).
  3. Mientras se hierve la pasta podemos ir preparando unos filetes de pollo a la plancha, para luego trocearlos en dados o tiras. Para ello prepararemos una sartén con un poquito de aceite, y cuando esté caliente, pasamos los filetes vuelta y vuelta.
  4. Junto con estos dos ingredientes podemos añadir unas hojas de espinacas cocinadas o crudas, tomates cherry para dar color y un poco de queso rallado. Lo aliñamos con una pizca de sal y pimienta, aceite de oliva y vinagre a nuestra elección.

Con fruta

Ingredientes:

  • Pasta a nuestro gusto para ensaladas, 100 gramos aproximados
  • Aceite de oliva
  • Vinagre
  • Sal
  • Fresas
  • Plátano
  • Nueces

Preparación:

  1. Prepararemos una olla con agua suficiente junto con un poquito de sal y aceite de oliva donde herviremos la pasta elegida.
  2. Mientras se va cociendo la pasta, pelamos un plátano y lo troceamos en dados o rodajas en función de nuestro gusto o de la presentación que queramos darle junto con el tipo de pasta elegida.
  3. Lo mismo haremos con las fresas. Una vez lavadas y limpias de hojas, las cortaremos preferiblemente de la misma manera, o al menos del mismo tamaño, que el plátano para no encontrarnos con una rodaja de una fruta muy grande y de la otra muy pequeña, lo que posiblemente desequilibraría el sabor de ese bocado.
  4. Una vez más haremos lo mismo con el queso fresco. Añadiremos tantas nueces como sea de nuestro agrado; un punto de partida pueden ser 3-4 nueces por plato.
  5. Todo ello lo aliñamos ligeramente con un poco de sal, aceite de oliva y vinagre (este último habrá que echarlo con más criterio al ser un sabor muy potente, probando poco a poco hasta dar con el punto óptimo).

Berenjenas crujientes con miel:

foto: Unsplash/@samefaisrire.
foto: Unsplash/@samefaisrire.

Ingredientes

  • Una berenjena (9 o 10 rodajas)
  • Miel
  • Harina
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal

Preparación

  1. Cortar la berenjena en rodajas.
  2. Después de haber tenido las rodajas en un bol con agua para quitar el amargor, se escurren, se les añade sal y se pasan por harina.
  3. Se calienta un poco de aceite en una sartén y se fríen las berenjenas que ya teníamos enharinadas, sin excedernos ya que estarán listas enseguida.
  4. Una vez fuera de la sartén, ya solo queda añadirles miel al gusto.

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