Pantalla o mascarilla: la importancia de ver la sonrisa del que te cocina
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Pantalla o mascarilla: la importancia de ver la sonrisa del que te cocina

Aunque parezca irrelevante, gran parte de nuestra cultura se basa en los bares y restaurantes y, a su vez, estos dependen de una relación de complicidad con el cliente. Y ocultar la boca lo dificulta o lo impide

Foto: Javi Estévez, de La Tasquería, con la pantalla facial.
Javi Estévez, de La Tasquería, con la pantalla facial.

Encajar es una parte fundamental de la psicología de la inmensa mayoría de los seres humanos. Somos animales gregarios y estamos sujetos a una serie de convenciones que denominamos sociedad. Esto no significa que todas esas reglas sean inviolables, sino que cuando estas cambian, debemos adaptarnos a ellas. El covid-19 ha cambiado nuestra forma de ser, nuestra forma de comportarnos y la manera en la que afrontaremos el futuro. Pero ahora, con la llegada de la nueva normalidad, las reglas del juego vuelven a cambiar, y lo hacen, sobre todo, en los restaurantes.

Se ha hablado una auténtica barbaridad de las mascarillas durante esta pandemia. Es innegable su utilidad y, a pesar de las idas y venidas del Gobierno con respecto a su uso obligatorio (o simplemente a su recomendación), la población española ha tenido clara la función que tienen desde casi el primer momento.

El covid-19 y las mascarillas suponen un 'desajuste evolutivo' y es esencial que todos estemos en la misma página

Eso no significa, por supuesto, que las mascarillas no hayan cambiado de arriba abajo nuestra sociedad. Puede parecer una tontería, pero el simple hecho de verle la boca a otro ser humano es esencial para relacionarnos.

Cierto es, de todos modos, que nos hemos adaptado a ellas bastante bien. En un estudio elaborado por Claus-Christian Carbon, de la Geomedi University, en Estados Unidos, el investigador señala que "la simple exposición a grupos sociales en los que sus participantes llevarán mascarilla redujo sustancialmente el sentimiento extraño de llevarla. Cuanto mayor es la frecuencia de la gente llevando mascarillas en un grupo, menos raros se sienten los participantes sobre ellos mismos". Dicho de otro modo, desde un punto de vista psicológico, es mejor para nosotros parecernos a los que nos rodean a pesar de que todo el mundo esté haciendo algo 'raro' e incómodo.

Pepe Solla también se ha sumado a la iniciativa.
Pepe Solla también se ha sumado a la iniciativa.

Por desgracia, esto también significa que, con el cambio asociado a la nueva normalidad, relaciones que implican cierta complicidad pueden estar en riesgo por el simple hecho de que uno de los participantes no se adapte a las normas sociales del otro.

Esto se analiza con detenimiento en un estudio elaborado por las investigadoras Lisa W. Coyne, Evelyn R. Gould y el resto de su equipo de la Universidad de Harvard, el Oregon Research Institute y el Hospital McLean. En su trabajo científico, las investigadoras indican que la situación actual con el covid-19 refleja lo que los psiquiatras definen como desajuste evolutivo. La idea detrás de este concepto es que la situación cultural cambia de forma tan dramática que nuestras costumbres y comportamientos anteriores ya no funcionan. Esta situación, según los investigadores, debe intentar reducirse en la medida de lo posible dado que se trata de un 'despertar grosero'. Dicho de otro modo: todos los miembros de un grupo, sea cual sea, deben estar en la misma página.

Y es aquí donde los restauradores se encuentran con su siguiente gran escollo. No ha sido poca la dureza con la que el covid-19 ha golpeado al sector hostelero mundial, pero sobre todo al español. Ahora, tanto cocineros como camareros se enfrentan a una desconexión con sus clientes por el simple hecho de tener que llevar una mascarilla mientras que ellos no. Puede parecer un problema de lo más trivial, pero en un país en el que gran parte de su economía y de su cultura depende de este sector tan específico, el golpe de esta nueva situación puede ser severo.

Por supuesto, mascarilla y pantalla para cocinar (como demuestra Javi Estévez).
Por supuesto, mascarilla y pantalla para cocinar (como demuestra Javi Estévez).

Es por esto por lo que ciertas compañías están haciendo tremendos esfuerzos por subsanar este problema de la forma más eficiente posible. Este es el caso de la Guía Repsol. El famoso directorio gastronómico español ha creado para todos los restaurantes que incluye (uno, dos y tres soles, además de los recomendados) pantallas faciales transparentes de plástico diseñadas por Juan Duyos.

Como recuerdan desde la organización gastronómica, "sabemos que los gestos y las sonrisas son esenciales para generar una complicidad entre los restauradores y los clientes". El esfuerzo no ha sido minúsculo dado que el total de restaurantes que en los próximos días dispondrán de pantallas protectoras supera los 1.400.

El diseño, como decíamos antes, ha estado a cargo de Juan Duyos. El famoso diseñador de vestidos de novia ha elegido decorar las pantallas faciales de tal forma que reflejen el trabajo de aquellos que se las ponen: "Queríamos poner una nota de alegría a este momento difícil. Hemos consultado con destacados cocineros que nos han transmitido que, para ellos, las pantallas eran el sistema de protección más amable en el reencuentro con los comensales. He buscado un diseño que, estéticamente, tuviera que ver con su universo y fuese un link entre la cocina y la mesa".

Llegados a este punto, debemos ser más que claros: todo va a seguir siendo extraordinariamente raro. La gente sospechará si tosemos (aunque sea porque nos hayamos atragantado), nos mirarán mal si no respetamos la distancia de seguridad y nos juzgarán si creen que no nos lavamos las manos todo lo que deberíamos (aunque lo hagamos). Volver a los bares y restaurantes españoles con total y absoluta normalidad va a ser un trabajo difícil, largo y desagradecido, pero si recordamos como solían ser, merecerá la pena.

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